El comercio de especias

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Julio de 2013
Iván Obolensky

Uno de los trabajos más codiciados y deseados para el empresario en ciernes de los siglos XVI y XVII era ser explorador, y la razón no estaba en satisfacer un acentuado deseo por la aventura, sino porque soñaba con riquezas.

¿Cómo era posible obtener una gran riqueza de la exploración?

Aunque la conquista, el robo descarado y la colonización llegaron a ser los métodos preferidos, una vez que se descubrió que gracias a la ventaja militar los pueblos indígenas podían ser fácilmente avasallados, el impulso inicial para la exploración no fue la conquista sino el comercio, y en particular el comercio de especias.

La idea más seductora e intrigante durante las primeras exploraciones era encontrar una ruta comercial alternativa a la India y al Lejano Oriente.

En aquella época, la legendaria Ruta de la Seda de Oriente cruzaba en su recorrido desde el norte de China lo que hoy es Kazajistán, Uzbekistán y Afganistán en el Medio Oriente, y luego llegaba a Europa. La alternativa era a través de la ruta del sur a lo largo de la carretera de Karakoram, cruzando lo que hoy es el norte de Pakistán a través de Afganistán.

Los comerciantes árabes también transportaban mercancías por barco desde el Océano Índico hasta el golfo de Ormuz.

En estas rutas se movían especias, sedas, oro y piedras preciosas de Oriente a Occidente. El comercio avanzaba en ambas direcciones y lo ha hecho desde los inicios de la civilización.

Por ejemplo, se han descubierto imágenes de Alejandro Magno en monedas de plata en Afganistán y el norte de la India, lo mismo que cristalería antigua romana en China. Se afirma que las mujeres romanas usaron seda pura de Serica, el nombre que los antiguos griegos y romanos utilizaban para nombrar a China, la tierra de donde procedía esta preciada tela.1

Europa, incluso desde tiempos tan remotos como los del Imperio romano, ha mostrado un gusto por los artículos lujosos, particularmente por especias como jengibre, clavo, azafrán, pimienta y canela, para nombrar unas cuantas. Quienes controlaban este comercio se enriquecían. El Medio Oriente prosperó durante miles de años gracias a las especias, mucho antes de que se hallara un uso para el petróleo. Como intermediarios, pudieron comprar especias a bajo precio en la India y más allá, y venderlo a aquellos que las distribuían a los consumidores de toda Europa. El comercio se controlaba estrictamente y el aumento en el precio de los bienes recibidos al ser vendidos al consumidor era un secreto celosamente guardado.

Los primeros exploradores europeos se hallaban atónitos ante los márgenes de utilidades, una vez que descubrieron cuáles eran los precios al otro lado del mundo.

Por ejemplo, el precio local de la pimienta en la India durante el siglo XV era de 3 ducados por quintal.

El ducado fue una moneda de oro que pesaba alrededor de una onza. Fue acuñada por varios países, como Hungría por ejemplo, pero se utilizaba sobre todo en Venecia, la capital comercial de Europa en aquellos tiempos.

El quintal era una unidad de peso que fluctuaba en función de la ubicación. En Portugal, equivalía aproximadamente a 125 libras. Usando equivalentes modernos en oro, en ese entonces podrían comprarse 125 libras de pimienta en Goa o Calcuta por una suma entre 3000 y 4000 dólares. Esas mismas 125 libras de pimienta se vendían en Venecia por un precio comprendido entre 100 000 y 120 000 dólares, lo que representa un encarecimiento del 2700 % o 27 veces el valor inicial.

El comercio de la nuez moscada era aún más lucrativo. Un quintal de nuez moscada comprado por los mismos 3000 o 4000 dólares en las Islas Banda, en el Océano Índico, 2000 millas al este de Java, se vendía por la sorprendente cifra de 2,1 millones de dólares en Londres o París; es decir, por 600 veces su costo de producción. La canela de Ceilán, considerando de nuevo un quintal, valía la asombrosa cifra de tres millones de dólares.2

Para situar esto en una perspectiva moderna, si se toma el mismo volumen de cocaína (un quintal, o 125 libras), que podría conseguirse hoy por 125 000 dólares en la fuente y venderse al por mayor en Nueva York, se obtendrían 1,7 millones de dólares. Esto representa un margen de tan solo trece veces. La pimienta humilde en sus días de gloria, vendida al por mayor en Venecia, obtenía tres veces más ganancias que la cocaína de hoy. En comparación con el potencial de ganancias de la nuez moscada en ese entonces, el narcotraficante moderno ni siquiera estaría en la misma categoría. Las especias, al parecer, eran algo así como drogas preferidas en la Edad Media y el Renacimiento, y su precio era incluso más elevado que el de las de hoy.3

Ante esta perspectiva de precios, las distancias que los involucrados en el comercio ilegal de drogas tienen que recorrer hoy son mínimas frente a las que los comerciantes o exploradores europeos recorrían para asegurarse de obtener esas extraordinarias ganancias.

Dicho de otra manera, supongamos que pusiéramos nuestros ahorros de toda la vida en una inversión que redituara no solo diez veces el monto inicial en un período de entre tres y cinco años, sino que potencialmente lo hiciera por un factor de 100 durante ese mismo tiempo. ¿No sucumbiríamos a la tentación? Esto le da un nuevo giro a Cristóbal Colón y a la popular frase “Estoy esperando a que mi navío arribe”, con la cual se sugiere la espera sin esfuerzo de grandes beneficios.

Cuando uno evoca imágenes de Francis Drake, Walter Raleigh, Henry Hudson y Vasco da Gama tal vez puede apreciarse lo que llevó a estos hombres a soportar las penurias, privaciones e incertidumbres que tuvieron que enfrentar. Parte del conjunto de habilidades necesarias era el arte de vender y la influencia que requerían para convencer a un monarca para que hiciera “solo una pequeña inversión en la forma de un barco” para ganar este extraordinario potencial.

Los italianos, en particular el ducado de Venecia, prosperaron gracias al comercio que movieron por tierra desde el Lejano Oriente y la India. Las mercancías pasaban por las manos de los comerciantes venecianos antes de ser distribuidas al resto de Europa. En este entorno comercial florecieron la banca, la contabilidad y las matemáticas. La riqueza de esta ciudad-estado italiana durante el siglo XV fue legendaria.

Muchos sentían envidia. España y Portugal, por mucho que lo intentaran, no lograban tener una oportunidad, ya que los italianos tenían el mercado bloqueado y no toleraban intrusión alguna.

Cristóbal Colón trató de conseguir apoyo financiero de los portugueses, así como de los italianos, en su intención de hallar una ruta alternativa a las legendarias Indias (India). Los portugueses lo rechazaron porque estaban tras algo que con el tiempo cambiaría todo el equilibrio de poder europeo y hundiría las fortunas de más de una casa bancaria italiana.

Enrique, el Navegante, y el rey Juan II de Portugal hicieron fuertes inversiones en el transporte marítimo y en un movimiento gradual por la costa de África. Finalmente, Bartolomeu Dias, un navegante de Portugal, fue arrastrado por una tormenta alrededor del Cabo de Buena Esperanza y el fabuloso Oriente se extendió ante él.4 Dias regresó a Lisboa en 1488 con la portentosa noticia de que Portugal estaba a punto de hacerse con el comercio de las especias en su fuente, y es posible que estas noticias llegaran hasta los salones de Castilla, pues Isabel de Castilla y Fernando de Aragón reconsideraron después de esto la propuesta de Colón.

Consideremos su decisión: en ese momento los italianos y sus banqueros controlaban el flujo de especias a través del Medio Oriente y hasta Europa, en tanto que los portugueses estaban a punto de incursionar en el comercio moviendo barcos alrededor de África, los cuales defenderían por la fuerza. Esta situación dejaba una sola vía potencial para entrar en el comercio de especias: navegar hacia el oeste por el océano Atlántico. Desde un punto de vista estratégico, la decisión de respaldar a Colón tenía sentido. El navegante italiano había moderado su solicitud original y se ofreció a emprender el viaje sobre la base de un honorario de contingencia del 10 %, pagadero a sí mismo y a sus herederos solo tras el éxito de la empresa. Luis de Santángel, encargado de la bolsa privada de Fernando, o escribano de Ración, como se denominaba su cargo en la Corte de Castilla, se ofreció como responsable de la recaudación de los fondos, que eran menores en comparación con las arcas de guerra necesarias para expulsar a los moros de España.5

Una de las actividades más afectadas por este cambio de poder fue la cocina europea.

No pasó mucho tiempo antes de que Portugal capitalizara la ruptura que hizo del monopolio italiano en el comercio de especias. Vasco da Gama, otro navegante portugués, pronto desarrolló concesiones comerciales en Calcuta. Los musulmanes consideraron a los portugueses como rivales comerciales y se defendieron. Ellos también conocían la magnitud de la riqueza que estaba en juego, pero fueron derrotados contundentemente por Francisco de Almeida en 1509. En 1510, Alfonso de Albuquerque aseguró para Portugal el dominio del Océano Índico y tomó posesión de Malaka, en Malasia, lo que le dio el control de la mayor parte de las islas de las especias. Portugal tomó el control de todos los eslabones de la cadena de las especias, desde el cultivo hasta la venta en Lisboa.

Los precios de todas las especias cayeron en picada. El monopolio de la pimienta que alguna tuvieron vez tuvieron los italianos y venecianos se perdió. Los bancos y casas comerciales de Italia colapsaron, mientras el dinero inundaba a Portugal. En 1588, las ganancias generadas solo por este comercio representan la mitad de los ingresos del gobierno portugués. Del mismo modo que los venecianos exprimieron a sus hermanos cristianos al exigirles precios exorbitantes por las especias, los portugueses también lo hicieron.

Esto no le sentó bien a Italia.

Desde los tiempos de la Roma antigua los italianos habían creado la comida condimentada. Las matronas romanas presumían de que nadie podía identificar el tipo de carne que se servía por la cantidad de especias que añadían a sus salsas. La cocina renacentista entre los miembros de la elite se componía no de comida rústica sino de platos inmersos en salsas y adobos, calientes y picantes. Después de todo fueron ellos quienes gobernaron el comercio de las especias.

Después de 1503 los italianos (en un notable cambio de actitud) se embarcaron en un nuevo estilo de cocina, que era a la vez ligera y simple. Decidieron repensar la idea de la preparación de alimentos permitiendo que los sabores naturales de los alimentos surgieran de manera sutil, absteniéndose del uso excesivo de especias que tendían a eclipsar y enmascarar los sabores inherentes de los propios alimentos. Esta idea tuvo éxito y fue ganando terreno poco a poco en toda Europa, y transformó la forma en la que comemos hasta el día de hoy.6

Durante este tiempo, el resto de Europa (especialmente en el norte) se mostraba profundamente celoso del comercio de especias portugués y de los descubrimientos españoles en las Américas. Los demás países querían también una participación en la riqueza generada por lo que solo puede ser considerado como el tráfico de drogas del Renacimiento. Para ello, tenían que comprender el mundo en el que vivían y descubrir qué más había afuera. El resultado fue una renovación extraordinaria de la idea del descubrimiento, que impactó todos los ámbitos de la vida, pero especialmente las ciencias, la ingeniería y el conocimiento general del mundo.

Tal vez valdría la pena mencionar las posibilidades que podrían surgir si un producto básico de una magnitud similar a la de las especias en aquel entonces fuese descubierto hoy en alguna luna remota de Júpiter. Imaginemos el vigor que el mundo empezaría a infundir a la exploración espacial. El que arriesga, gana.


  1. J. A., Millward (2013). The Silk Road, A Very Short Introduction. Oxford, Gran Bretaña: Oxford University Press.
  2. T., Kealey (2008). Sex, Science and Profits, How People Evolved To Make Money, Londres, Reino Unido: Vintage Books.
  3. Vulliamy, E. (2013). “Medellin, Colombia: reinventing the world’s dangerous city”, The Observer, 9 de junio de 2013. Consultado el 24 de julio de 2013 en: http://www.psfk.com/2013/06/medellin-colombia-most-dangerous-city.html
  4. T., Kealey, op. cit.
  5. B., Bueno de Mesquita (2003). Principles of International Politics, People’s Power, Preferences and Perceptions. Segunda edición. Washington, D.C.: CQ Press
  6. T., Kealey, op. cit.

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