La parábola del bus

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Noviembre de 2016
Iván Obolensky

Imagine que viaja como pasajero en un bus, recorriendo una cadena de montañas. Su asiento al lado de la ventana se encuentra algunas filas detrás del conductor. El bus está lleno de pasajeros. Lo maravilla el cambiante paisaje que ve por la ventana. A medida que el bus asciende zigzagueando, los campos dan paso a las colinas y estas a bosques de pinos. Por último, llegan a la cima de un paso de la alta montaña, nevada y sin árboles. El bus se detiene en este lugar y los pasajeros pueden salir a estirar las piernas y tomar fotografías. La vista es impactante. Después de quince minutos se reemprende el viaje y el bus comienza a descender siguiendo otra serie de curvas cerradas. Lo primero que llama su atención es que el bus va un poco más rápido de lo que a usted le gustaría. Alguien detrás del conductor comenta también que avanzan demasiado rápido. Esto se hace evidente para todos cuando los neumáticos chirrían en señal de protesta, al perder tracción en un giro amplio. El bus se balancea de un lado a otro. Una bolsa cae del compartimiento de equipaje y rápidamente es puesta de nuevo en su lugar. El nivel de ruido en el bus se eleva. Los pasajeros están nerviosos. Murmuran. Ese malestar se duplica cuando escuchan la risa del conductor. ¿De qué se ríe? Esto no es gracioso.

El camino se suaviza y todo vuelve a la calma. El bus comienza a ascender de nuevo antes de llegar a una cumbre menor. Desciende del otro lado a través de una serie de curvas aún más pronunciadas y estrechas que las anteriores. Una vez más, el bus gana velocidad. El conductor está fascinado. Sonríe y gira el volante como un loco. El miedo que usted siente crece, pero lo que lo intensifica aún más es que el conductor no parece saber lo que hace. Presiona los botones del panel de control de una manera aparentemente aleatoria. Las luces del techo se encienden y luego se apagan, suena una bocina y se calla, el aire de las rejillas de ventilación sale con fuerza y después débilmente. Usted se pregunta: ¿Por qué juega el conductor con eso en este momento? Su manejo de los cambios no es tampoco el mejor. La caja rechina a cada momento en señal de protesta. Por último, el bus se detiene porque la curva a la que llega es tan estrecha y pronunciada que tiene que poner reversa para superarla. La atención de todos se centra en el conductor, pues este parece no encontrar la marcha atrás. Con cada intento el bus avanza unas pulgadas hacia adelante y se acerca al borde, en lugar de alejarse. Por fin encuentra la reversa y el autobús se tambalea hacia atrás. La parte trasera golpea la barandilla, pero el conductor no se da cuenta, o decide no percatarse. Pone primera con otro bandazo y acelera rápidamente. Unos pequeños gritos escapan de los labios de sus compañeros de viaje cuando el bus cobra velocidad. Todos están asustados y el conductor es consciente de ese temor.

Entonces dice en una voz aguda y nerviosa, “¡No se preocupen amigos, ya le estoy pillando el truco!”

Bastan esas pocas palabras para que se esfume cualquier asomo de calma. El miedo ha sido sustituido por el terror, al borde casi del pánico. Lo que asoma en la mente de todos son imágenes del bus rebasando el borde de la carretera, aumentando la velocidad en su descenso y estallando en llamas. La muerte está a la vuelta de la esquina.

Inevitablemente, el bus se ladea sobre un borde y cae por una pendiente. Todo lo que pueden hacer los pasajeros es aferrarse, pero la muerte no los está esperando. El autobús cruje antes de detenerse en el fondo de un barranco, junto a un arroyo. Los pasajeros batallan por salir.

El conductor pide calma, pero nadie lo escucha. Todos están ocupados en salir tan rápido como les sea posible.

Lo primero que notan es el silencio. Ningún sonido sale del bus distinto al que ocasionalmente produce el motor mientras se enfría. Usted saca su teléfono celular. No hay señal. ¿Ahora qué? Empieza entonces a hablar con sus compañeros de viaje. Descubre que la persona que estaba sentada a su lado se llama Juan. Detrás estaban María y Jorge. Son jubilados. Están tan felices como usted de estar vivos, y así sucesivamente.

Esta historia ha sido escrita y filmada mil veces en diversas formas y con diferentes resultados. Se llama supervivencia.

Universalmente, una de las primeras cosas que los supervivientes perciben es que nada está sucediendo a su alrededor. Todo parece quieto. Sus rutinas y planes de viaje quedan devastados y no tienen ningún medio de comunicación con el mundo exterior. No hay ningún lugar adónde ir, ni gente que ver. Tienen tiempo para pensar. Hacen preguntas. ¿Cómo pasó esto? ¿Por qué ellos? ¿Qué significa esto? ¿Cómo cambiará este hecho sus vidas? ¿Cómo encajan en esta nueva realidad? Las personas comunes y corrientes se transforman en filósofos. Los extraños se convierten en compañeros. El mundo comienza de nuevo. Las realidades se ajustan. La incertidumbre se convierte en certeza: están donde están. El aburrimiento finalmente reemplaza al miedo. Las noches son frías, pero el día es cálido. ¿Qué hacemos ahora?

Podría terminar aquí el relato, y tendría lo necesario para ser una historia, pero los lectores lo verán como un resultado sombrío en un mundo lleno de resultados similares; un rotundo fracaso más. Sin embargo, la vida real no termina como una historia con un punto final, o con un “FIN” en letras mayúsculas. La historia de la vida siempre sigue, porque eso es lo que hace. Continúa, y es aquí, al fondo del barranco, que la vida y la historia brillan con mayor intensidad. Un filósofo y comediante dijo una vez que lo realmente positivo que se desprende de yacer de espaldas en el fondo de un pozo es que desde allí todo se ve hacia arriba. Y es cierto. En ningún otro momento el futuro luce más positivo, el mundo más agradable, o el riesgo vale más la pena. Nada que perder realmente significa todo que ganar. Es la verdad más grande; la más ardua de entender; la más difícil de creer.


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  1. Craig Houchin
    Craig Houchin11-02-2016

    Ivan,

    What a fun article! And just the right philosophy for those of us in the U.S. who are beginning to feel “the bus” pick up speed on the downhill swing of this election! Ha!

  2. Vanessa
    Vanessa11-03-2016

    This is fantastic!!! Yes, I agree with Craig’s comment too. Your article is a wonderful reminder, when we get so ingrained in the day to day, nervous about the future, is that, really, all we have to fear is fear itself. Refreshing article as always! Thanks!

  3. Gilles
    Gilles11-03-2016

    I will add that we also need to cultivate our resilience, we will take the bus again… As the Japanese say : “Nana korobi ya oki” (Fall seven times, stand up eight)

    Thanks for the article

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