La motivación del ingenio (segunda parte)

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Febrero de 2017
Iván Obolensky

En el artículo pasado nos preguntábamos cómo participa el comportamiento inducido (el instinto) en la motivación del ingenio; en este veremos el instinto más de cerca.

Existen diferencias entre el comportamiento aprendido y el instintivo.

Los instintos están integrados a nosotros y se programan mediante nuestra composición genética. Las adaptaciones genéticas tardan unos 25.000 años en aparecer como rasgos en la población humana. Fundamentalmente, no somos muy diferentes a los que vivieron hace miles de años. Las sociedades, las lenguas y nuestras preferencias pueden haber cambiado con el tiempo, pero nuestros instintos básicos siguen siendo los mismos.

Ciertos instintos pueden ser dominados.

Tener miedo a la oscuridad es probablemente instintivo pero, con el tiempo y la madurez, podemos llegar a manejarlo.

Algunos instintos en cambio no pueden dominarse. Aislarnos de cualquier contacto humano por un período prolongado es destructivo, porque va en contra de nuestro instinto de relacionarnos con otros seres de nuestra especie.

Los instintos son sesgos que nos ayudan a actuar en una dirección genéticamente probada. Con el tiempo, la experiencia puede modificar nuestros impulsos. Observamos nuestros resultados y continuamos actuando de la misma manera o cambiamos lo que estamos haciendo para que los resultados cumplan con nuestras expectativas. Esta retroalimentación construye una biblioteca de experiencias en nuestras mentes que podemos aprovechar en el futuro. De eso se trata el aprendizaje.1

Las redes neuronales aprenden percibiendo la diferencia entre el valor presentado y el valor que la red calcula. Si es diferente, los pesos internos se ajustan y el proceso se repite hasta que los valores observados y aprendidos se aproximan. El aprendizaje consiste en observar los errores, cambiar e intentar de nuevo.2

La educación y el aprendizaje no son necesariamente lo mismo.

El sistema de educación moderna tiende a desalentar los errores. Los estudiantes reciben una nota baja si se equivocan. Si la educación moderna no es para aprender, ¿qué es entonces? Hoy, la educación busca especialmente adoctrinar.

Al haber sido educados en las reglas de la sociedad, uno pensaría que simplemente las seguiríamos. Pero, curiosamente, no lo hacemos. Algunos días simplemente no nos apetece cumplir las reglas.

La pregunta es: ¿por qué? Es probable que nuestros instintos hayan incidido en esa decisión.

Uno de los secretos oscuros de los inicios de la vida de los pioneros en América del Norte fue el desgaste casi continuo que sufrían los incipientes asentamientos cuando los colonos decidían “volverse nativos”, y lo hicieron en gran número. De no ser por un flujo casi continuo de inmigrantes, es probable que tales puestos de avanzada en el nuevo mundo hubieran desaparecido. La situación se agravó aún más por el hecho de que los que se iban rara vez querían volver a la vida civilizada que habían llevado antes. Era un flujo en una sola dirección, porque ningún americano nativo deseaba convertirse en parte de la cultura moderna que se le ofrecía.

En 1753, Ben Franklin escribió a un amigo:

“Aunque un niño indio haya sido educado por nosotros, se le haya enseñado nuestra lengua y se haya adaptado a nuestras costumbres, una vez que visita a sus parientes y experimenta la vida que estos llevan, no hay manera de persuadirle para que regrese, y que esto no es natural en ellos por ser simplemente indios, sino por ser hombres, se deduce claramente de lo siguiente: cuando un blanco de cualquier sexo ha sido capturado por los indios siendo joven, y ha vivido un tiempo entre ellos, aunque sus amigos paguen su rescate y lo traten con toda la ternura imaginable para que permanezca con los ingleses, en poco tiempo, sin embargo, se disgusta con nuestro modo de vida, y con el sufrimiento y las preocupaciones que conlleva, y a la primera oportunidad escapa otra vez al bosque, de donde no es posible hacerlo volver”.4

La vida tribal no era un paseo. Era dura, violenta y corta, pero seductora en formas con las que la sociedad en ese momento no contaba.

Para entender esta paradoja, es necesario volver a nuestros inicios y al surgimiento de la agricultura. La agricultura es una conducta aprendida, no instintiva. Solo tiene unos 10.000 años de antigüedad. Lo que hizo necesario un cambio tan extraordinario de comportamiento, de nómada a sedentario, probablemente no lo sepamos nunca. Los climas cambiantes son una causa posible.

El hecho de convertirse en cazadores exitosos puede haber llevado a que las poblaciones de presas no fueran sostenibles, lo que hacía necesaria una nueva fuente de alimento.

Se cree que las sociedades humanas comenzaron hace unos dos millones de años, empezando con el Homo Erectus. El Homo Sapiens nació hace unos doscientos mil años. Gran parte de ese tiempo lo pasaron como cazadores-recolectores en grupos de unos cincuenta individuos. La vida era comunal y los recursos se repartían equitativamente entre los individuos. La disparidad de riqueza no existía porque los individuos tenían que cargar sus pertenencias. La tiranía era desalentada por otros miembros del grupo y cuando surgía, era decisión de los otros machos agruparse contra el tirano y deshacerse de él.

Tal comportamiento se observa en otros primates, particularmente en los  chimpancés que, como se describe en un estudio reciente, no solo derrocaron al macho alfa que era su líder asesinándolo, sino que también lo devoraron.

Las leyes eran mínimas en las primeras comunidades humanas y existían pocos tabúes aparte del acaparamiento y la cobardía.

La mayoría de los reparos que la gente hace a la sociedad moderna, tales como la disparidad de riqueza, la falta de voz en la comunidad, la falta de propósito y relevancia, la desconexión con los demás, el estrés, el trabajo pesado constante y la enfermedad, rara vez se daban en las sociedades tempranas de cazadores-recolectores.5

Según la teoría de la autodeterminación, la gente en general tiene tres necesidades psicológicas innatas básicas:

  1. Aptitud: experimentar el dominio del medio ambiente.
  2. Relación o conexión: sentir afecto por los demás.
  3. Autonomía: controlar la vida propia.

Estas necesidades son independientes de la riqueza, la condición social o las consideraciones estéticas.

La aptitud nos enorgullece por los logros y realiza nuestro potencial. La conexión nos permite experimentar a otras personas. Nos llena de un sentido de comunidad y nos brinda la sensación de ser parte de algo más grande que nosotros mismos. La autonomía nos permite ser responsables de nuestras vidas y de las decisiones que tomamos. Nos hacemos cargo de la dirección en la que deseamos avanzar.

A medida que el tamaño de la población supera un determinado umbral, se vuelve más difícil para el individuo satisfacer estas necesidades.

La agricultura abrió el camino al desarrollo urbano y a poblaciones humanas mucho más grandes. No es de extrañar que la mayoría de las religiones importantes del mundo hayan nacido durante este tiempo. Ajustarse a tales cambios fundamentales requería sustituir con lo divino lo que se había perdido en la transición.

Las densidades a las que los humanos estaban acostumbrados, y con las que se hallaban familiarizados, cambiaron para siempre. El resultado fue una nueva estructura emergente basada en la jerarquía, el estatus, la asignación de recursos, la especialización y el hacinamiento. El cambio fue irrevocable, de la misma manera que las estructuras emergentes tienen coherencia: una vez formadas, tienden a persistir con nuevos atributos.

Muchos de los primeros estudios de densidad de población, particularmente los de John Calhoun durante los años sesenta, formaron nuestras percepciones de la densidad poblacional. Un estudio incluía un experimento con ratones que recibieron recursos ilimitados dentro de un espacio restringido. El resultado fue una población que aumentó, se estabilizó y, finalmente, se extinguió cuando empezaron a presentarse desarreglos sociales, y las hembras dejaron de reproducirse. Las conclusiones en ese momento fueron que la densidad poblacional sin control conduciría a la competencia, el estrés, la desintegración y la desaparición de la población. Uno de los resultados singulares fue la aparición de los que se denominaron “los hermosos”. Estos ratones pasaban todo su tiempo comiendo, durmiendo y acicalándose. No se reproducían ni interactuaban socialmente con otros. También eran menos inteligentes.

Cuando se buscó esta tendencia a la autodestrucción frente a la excesiva densidad en las poblaciones humanas, no resultó especialmente válida. Los seres humanos parecemos ser capaces de eludir esta tendencia haciendo frente a las situaciones complejas. Es posible que las destrezas lingüísticas jueguen un papel importante en nuestra habilidad de aglomerarnos y no autodestruirnos completamente, aunque es algo que está todavía por determinarse.

La densidad de población nos importa, pero los seres humanos reaccionamos de manera diferente que otras especies frente a los factores de densidad. La densidad de la población humana tiene al menos dos componentes.

Está el número de individuos por unidad de área, que es la definición estricta de la densidad, y también existe la percepción de la densidad llamada aglomeración. La aglomeración es una percepción que se genera internamente.9

Para alguien que vive en un edificio de gran altura en Hong Kong, mudarse a Chicago podría hacerle creer que allí hay muy poco hacinamiento. Incluso podría maravillarse con la disponibilidad de espacio que siente. Una persona del Medio Oeste que se trasladara a Hong Kong podría encontrar las condiciones intolerables.

El hecho es que los seres humanos pueden acostumbrarse a casi cualquier cosa. ¿Cómo podemos ser felices mientras vivimos en completa pobreza? Sin embargo, existen personas genuinamente felices en casi todas las circunstancias económicas. Parte de esto tiene que ver con nuestra capacidad para reajustar nuestros estándares de referencia. Una persona que gana 50 mil dólares al año puede sentir que si ganara 120 mil sería feliz. Cuando finalmente logra ganar esa cantidad, se sentirá satisfecha por un tiempo hasta darse cuenta de que 250 mil dólares al año es una cifra más acorde con sus necesidades.

Parte de este ajuste es resultado de la orientación al consumo que define la economía moderna, pero también involucra la manera de reaccionar a las condiciones cambiantes. Lo mismo de siempre, aunque sea un ideal utópico, con el tiempo se convierte en algo aburrido. Nuestras consideraciones sobre lo que creemos necesario cambian a medida que nos acostumbramos a ellas, de la misma manera que una rana puesta en agua que se calienta poco a poco se cocinará sin darse cuenta. El sueño puede ser una de las maneras que tenemos para reajustar nuestra ecuanimidad a las condiciones existentes. Para los seres humanos, cada mañana da comienzo a un nuevo día.

Dicho esto, a menos que uno esté en el centro del escenario, no será escuchado en un mar de 20.000 espectadores.

En un grupo de cincuenta, si alguien se pone de pie será notado. Esa persona sabrá lo que sus compañeros están haciendo y estos sabrán igualmente lo que esta hace. Hay responsabilidad. El buen y el mal desempeño se notan por igual. También hay compañerismo y un sentido de pertenencia. El estilo de vida nómada tribal del cazador-recolector satisfacía esas necesidades psicológicas. La sociedad moderna no. Tampoco la agricultura temprana.

La historia de la humanidad es el conflicto y la resolución del estilo de vida tribal nómada frente a la realidad que imponen la sociedad o el Estado. Esta rivalidad se refleja en los campos de la economía, la religión, la guerra, el estatus social, las estructuras del Estado, el gobierno y el trabajo.

La sociedad verdaderamente moderna no tiene más de 1.000 años de antigüedad, y podría decirse que tal vez 400 años se acerque más a la realidad. Porque muchos de nuestros instintos, al igual que los rasgos genéticos, tardan años en cambiar, hay conflicto entre el instinto y la sociedad moderna, y ese tema subyacente puede verse en la vida de hoy.

Las sociedades modernas tienden a erradicar las culturas nómadas tribales, de la misma manera que los enjambres de langostas subsumen al individuo.

Una estructura emergente como nuestro entorno urbano moderno tiene sus propias reglas, al igual que un enjambre de langostas tiene comportamientos propios que impone sobre el individuo. Una langosta debe mantenerse atenta a la trayectoria de vuelo de su vecina y ser capaz de responder a los cambios de dirección, manteniendo una distancia uniforme frente a las demás. Estos comportamientos basados ​​en reglas hacen posibles los enjambres y las bandadas. Bandadas de miles de aves cambian y se mueven en patrones casi hipnóticos que desafían la predicción y tienen una vida propia. El orden se manifiesta en los movimientos aparentemente aleatorios de miles.10

La interacción entre el orden y el caos es uno de nuestros conceptos más antiguos. La mayoría de los primeros mitos de la creación tienen esta dicotomía como un tema común.

Los egipcios, de acuerdo con sus mitos fundamentales, creían que el creador surgió en el nun, el océano primigenio. El niño solar surgió con la primera salida del sol, pero lo amenazaron las fuerzas del caos y fue salvado por deidades protectoras. La vida es una guerra continua entre isfet, el caos, y maat, el orden. El deber del faraón era crear orden en el lugar del caos, lo cual hizo construyendo templos, haciendo ofrendas, impartiendo justicia y defendiendo las fronteras.

El orden que la agricultura temprana requería en forma de manejo del agua, siembra, cosecha y almacenamiento era considerable. En contraste, estaba la vida nómada que se hallaba en los desiertos y pantanos.

El control del faraón era débil, pero el niño solar sobreviviría siempre para triunfar sobre los enemigos del orden.11

Es interesante ver que la teoría de la complejidad señala la solidez del comportamiento y el orden emergentes. Hay varias razones para esto.

Los elementos, cuando se agrupan, tienden a formar compuestos complejos porque las estructuras complejas distribuyen la energía de manera más uniforme entre sus conexiones y contienen menos energía libre que los elementos individuales. La complejidad es la tendencia predominante del universo, y no la simplicidad. Mantener el statu quo requiere mucha menos energía de la necesaria para quebrantarlo. Esto se aplica también en términos humanos.

Vivimos en una sociedad disgregadora que podría ser vista como de una alta inestabilidad, pero la teoría de la complejidad dice que no es así. La coherencia de las estructuras emergentes hace que las estructuras complejas que se forman sean mucho menos volátiles que los elementos individuales que las componen, y tales estructuras tienden a persistir en un grado notable a pesar de ser estiradas y retorcidas. En sociedades y economías como las nuestras se advierten características similares.

Terminaré la segunda parte de esta serie con otra idea. Las estructuras emergentes son autosostenibles, pero para serlo deben alterar el comportamiento de los componentes individuales que las conforman. Las tendencias naturales de los elementos individuales son suprimidas o alteradas para respaldar la estructura emergente.

Ante el hecho de que una de las necesidades psicológicas más básicas de la humanidad es la de relación o conexión, la sociedad ha evolucionado de una manera que trata de satisfacer ese deseo, a la vez que mitiga los requisitos de aptitud y autonomía, con la esperanza de que el foco en la parte de la conexión mantenga a raya a las otras dos necesidades. Esto tiene consecuencias.

Las consecuencias y cómo la tecnología participa en ellas, será el tema que exploraremos en el próximo artículo.


 

  1. Junger, S. (2016). Tribe: On Homecoming and Belonging. Nueva York, NY: Hatchett Book Group.
  2. Hall, J. S. (2007). Beyond AI: Creating the Conscience of the Machine. Amherst, NY: Prometheus Books.
  3. Junger, cit.
  4. Franklin, B. (1753). Letter to Peter Collinson. Consultado el 6 de febrero de 2017 en: http://teachingamericanhistory.org/library/document/letter-to-peter-collinson/.
  5. Junger, cit.
  6. Whyte, C. (2017). Chimps beat up, murder, and then cannibalise their former tyrant. New Scientist. Consultado el 6 de febrero de 2017 en: https://www.newscientist.com/article/2119677-chimps-beat-up-murder-and-then-cannibalise-their-former-tyrant/.
  7. A. (2014). What is Self-Determination Theory? Consultado el 6 de febrero de 2017 en: https://positivepsychologyprogram.com/self-determination-theory/.
  8. Fessenden, M. (2015). How 1960s Mouse Utopias Led to Grim Predictions for Future of Humanity. Smithsonian. Consultado el 6 de febrero de 2017 en: http://www.smithsonianmag.com/smart-news/how-mouse-utopias-1960s-led-grim-predictions-humans-180954423/.  (Nota: Vale la pena ver en YouTube el video sobre el experimento de John Calhoun).
  9. Boots, B. N. (1979). Population density, crowding and human behaviour. SAGE Journals. Consultado el 6 de febrero de 2017 en: http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/030913257900300102
  10. Johnson, N. F. (2007). Simply Complexity, A Clear Guide to Complexity Theory. Oxford, UK: Oneworld.
  11. Pinch, G. (2004). Egyptian Myth, A Very Short Introduction. Oxford, UK: Oxford University Press.

 


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  1. SILVIA LLORENS
    SILVIA LLORENS02-11-2017

    I agree, education and learning are not the same. You can learn to be an engineer or whatever, but you cannot learn to be honest, polite, etc. That is education.

    Another factor that enters in is ‘culture’. What is polite for me as a Latin American, may not be polite for an Asian individual.

    Very interesting observations Ivan, thank you again for sharing this knowledge.

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