El juego de la cooperación

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Febrero de 2018
Iván Obolensky

La historia de la evolución se cuenta a menudo como una competencia feroz por recursos limitados, que da lugar a una selección natural en la que se favorecen aquellos individuos con mayor capacidad de aprovechar los entornos que los rodean. Solo los más aptos sobreviven.

Aunque esta es una forma de ver la evolución, en realidad se trata de una historia relacionada más con la cooperación que con la competencia. En este artículo se desarrollará este punto de vista.

La razón por la que la “supervivencia del más apto” se convirtió en el lema de la evolución puede hallarse en el pensamiento predominante a lo largo del siglo XIX y principios del XX. Durante ese período, el individuo era la principal fuente de poder económico. El paradigma predominante era que “el hombre, el individuo, era la medida de todas las cosas”.

Se pensaba que las decisiones individuales eran el resultado de un interés propio informado y racional. Esta noción también sirvió de base a muchas teorías de la economía y las ciencias sociales.

Por ejemplo, la hipótesis del mercado eficiente tiene sus raíces en la Francia de 1900. En ella se afirma que los precios de los activos reflejan plenamente toda la información disponible, que quienes comercian e invierten son racionales en sus elecciones y que las personas actúan exclusivamente para su mejor interés.

Las pruebas realizadas con un gran número de individuos deberían haber reflejado el predominio del interés propio en la toma de decisiones, solo que los resultados contaron una historia diferente.

El interés propio se hallaba presente en muchas de las decisiones que la gente tomaba, pero con mucha frecuencia también consideraban otros factores, como el sentido de la justicia o el impacto de sus decisiones en los demás.

Dada la noción que prevalecía, este fue un resultado sorprendente, aunque no del todo inesperado si  consideramos cómo la mayoría de nosotros decidimos en nuestras mentes. En muchas de nuestras decisiones tomamos en cuenta a los demás.

La evolución apunta también en dirección a la actividad cooperativa. Los organismos multicelulares no podrían haber evolucionado si la mejor estrategia de supervivencia hubiera sido cuidarse a sí mismos.1

En la mayoría de los grupos de animales, incluidos los primates, la competencia es la norma. Los seres humanos diferimos en este aspecto.

Un estudio comparativo entre niños de dos años, chimpancés y orangutanes hizo que cada grupo realizara dieciséis tareas en dos categorías. La primera midió la comprensión del mundo físico y la segunda, la comprensión del mundo social. Las pruebas sociales se referían a la imitación, la comunicación y la capacidad de leer las intenciones de los demás. Los niños no fueron, en general, los más inteligentes, pero se destacaron específicamente en la inteligencia social, una habilidad que les permitía cooperar. Debido a que el estudio se realizó con niños de dos años y no mayores, parecería que la cooperación no es simplemente un comportamiento aprendido, sino el resultado de una predisposición genética. Los seres humanos tenemos una tendencia incorporada a colaborar entre nosotros.2

A medida que nuestra comprensión del mundo cambia, varía también aquello en lo que enfatizamos y nos enfocamos.

La teoría de juegos se convirtió en un campo específico gracias al trabajo de John von Neumann y otros, particularmente durante la década de 1950. Rápidamente pasó de los juegos competitivos no cooperativos a los juegos cooperativos, evolutivos y de red. Esta teoría utiliza modelos matemáticos de conflicto y cooperación para entender la toma de decisiones lógicas en humanos, animales y computadoras.

Aunque muchos de los problemas que aborda son teóricos, algunos reflejan desafíos del mundo real. El dilema social, por ejemplo, no solo describe y encapsula los frenéticos virajes de la sociedad actual, sino que sus soluciones determinarán e influirán en el futuro de nuestra civilización.

Un dilema social es una situación en la que el individuo se beneficia de ser egoísta, pero si ese egoísmo impregna a cada miembro de un grupo, entonces el grupo en general, así como los individuos que lo integran, también sufren.

Este asunto se puede expresar usando la teoría de juegos en dos conceptos.

  1. La recompensa social para el individuo es más alta ante un comportamiento no cooperativo que frente a uno cooperativo, independientemente de lo que otro haga.
  2. El beneficio general para el individuo es menor si todos no cooperan, que si todos lo hacen.

Ejemplo:

  1. Joe roba. Joe sobrevive bien con su botín.
  2. Todos roban. La calidad de vida para todos es mucho menor en términos generales, incluida la de Joe, a quien también le están robando todo el tiempo.3

Los dilemas sociales tienen gran relevancia porque reflejan el tema central del individuo versus el grupo, y lo que sucede cuando el interés propio entra en conflicto con los intereses del grupo.

Aunque el dilema pueda parecer fácil de resolver, el problema va más allá de la simple determinación de que las necesidades de la mayoría deben suplantar y primar sobre las necesidades del individuo.

¿Qué sucede con el individuo cuando se pasan por alto sus necesidades? Con el poder menguante del individuo y el consiguiente aumento del poder de la red, ¿hasta dónde se borrarán los derechos, libertades y aspiraciones individuales?

Llevado a un extremo, todo lo que el individuo hará es trabajar, o en el caso de que las computadoras sofisticadas lo hagan todo, los seres humanos simplemente esperaríamos hasta que un análisis de costo-beneficio determinara que tenernos resulta demasiado caro. ¿Qué hacemos entonces? Más específicamente, ¿qué hará usted?

Otro elemento es que a los humanos no nos va bien en las prisiones. Aparte del castigo, ¿por qué encarcelamos a los criminales si no es para castigarlos? Y, sin embargo, a medida que nuestras libertades se erosionan y que a nuestro alrededor se levantan muros que limitan lo que debemos y no debemos hacer en cada categoría de acción, ¿no estamos creando nuestra propia prisión? Mental, psicológica y físicamente, está demostrada su nocividad (ver la sección sobre el oscuro secreto de la vida de los pioneros en el Nuevo Mundo en “La motivación del ingenio (segunda parte)”). ¿Qué nos pasa a todos cuando no hay dónde correr, dónde escondernos? El interés propio no es simplemente egoísta. Sin sentido de autonomía y sin interés personal por un resultado no habría libertad para elegir y nos veríamos afectados, indecisos y deprimidos. Moriríamos.

La erradicación del poder de elección del individuo y la aceptación de cualquier cosa que dicte la sociedad se encuentra en el centro de las visiones distópicas del futuro.

¿Y qué tal si lo vemos al revés? En la teoría de juegos, los que deciden ser egoístas se llaman disidentes.

Uno de los conceptos que ha impregnado la literatura y la filosofía es que la vida es una jungla. Si se dejara a la humanidad a su propio arbitrio, delegaría el poder en los individuos más fuertes y estos reunirían todos los recursos para sí mismos. Esta idea ha sido utilizada como justificación para un gobierno fuerte, porque solo a través de un gobierno así, una monarquía, o al menos un tercero que pueda ejercer la fuerza suficiente, se pueden controlar los instintos más bajos del individuo y hacer prosperar la civilización.

Tomemos el peor de los casos: una ciudad del Oeste es invadida por bandidos, los disidentes extremos. La historia usual es que una pandilla de pistoleros dispara a los lugareños y toma el control del lugar. Hay dos maneras en las que esta historia se desarrolla. O un alguacil solitario los somete a todos, y se restaura el orden, o todos en el pueblo son masacrados. Pero ¿es así como funciona la vida real?

No necesariamente. Los bandoleros necesitan comida. Necesitan balas, armas y licor en la taberna. ¿De dónde proviene todo eso y de dónde vendrá en el futuro? Una vez agotados todos los recursos, ¿qué pasará con la pandilla? Se morirán de hambre o se irán. Lo que falta en muchas de estas historias es que la vida continúa, y que debe existir la infraestructura para sostener sus vidas en el futuro. Es lo que podríamos llamar el contexto del juego.

En tales escenarios, utilizando repetidas veces simulaciones por computadora, la dinámica del disidente-cooperador es cíclica.

Por ejemplo, los habitantes de un poblado costero cooperan en la pesca y la captura se comparte con todo el pueblo. Supongamos que un aldeano (un disidente) decide no pescar. Sigue comiendo, pero sin tener que hacer ningún trabajo. Supongamos que un amigo suyo decide que esta es una estrategia viable, y hace lo mismo. A medida que más individuos disienten, en lugar de cooperar, se alcanza un punto de inflexión en el que no hay peces suficientes para alimentarlos a todos, y la aldea pasa hambre. Se convoca una reunión. Los disidentes son expulsados u obligados a cooperar. La estrategia de cooperación se reafirma como el modo de conducta predominante.

El cambio climático, la inmigración y las personas sin hogar son ejemplos de dilemas sociales actuales. Para alcanzar las soluciones que a menudo se proponen, se requiere una mayor regulación por parte de los gobiernos. Aunque esta es una posible solución, sigue basándose en la idea de que la humanidad, si se deja a su propio arbitrio, formaría un escenario en el que todos se despedazan entre sí, similar al de los bandidos que se ha mencionado anteriormente. Puede que ese no sea el caso.

La teoría de juegos usa varios ejemplos para demostrar el poder de las decisiones. Uno semejante al dilema social se conoce como el dilema del prisionero. Un par de criminales son puestos en celdas separadas y a cada uno se le dice que si entrega a su compañero será puesto en libertad, mientras que el compañero denunciado recibirá diez años de condena. Si, como resultado, ambos se entregan entre sí, entonces cada uno recibirá cinco años, pero si ninguno de los dos entrega al otro, cada uno tendrá apenas seis meses de confinamiento.

El dilema aquí es que les resulta mejor a ambos denunciar para evitar los diez años, solo que el resultado será que estarán peor que si ambos hubiesen cooperado entre sí y guardado silencio. Esto es similar al resultado de los dilemas sociales.

En un solo caso, podría ser mejor disentir, pero ¿qué pasaría si este tipo de elección tiene que hacerse muchas veces?

En la década de 1980 se utilizaron simulaciones por computadora para enfrentar varias estrategias entre sí. Se consideró que una estrategia tenía más éxito si producía menos tiempo de prisión, en general, en comparación con otras. Por ejemplo, uno podría tener una estrategia de disenso continuo, u otra de cooperación permanente. La estrategia más exitosa fue la de “ojo por ojo”. El primer encuentro tiene la configuración predeterminada de la cooperación, seguida de hacer lo que el oponente hiciera la vez siguiente. Por ejemplo, si la estrategia opuesta disintiera, entonces también lo haría el “ojo por ojo”, pero si cooperara, el “ojo por ojo” haría lo mismo.

Las simulaciones sometidas a muchas iteraciones mostraron que si todos tuvieran una estrategia de disentimiento, que representa lo definitivo en autointerés y competencia, y se introdujera una estrategia de “ojo por ojo” (retaliación), esta última derrotaría a todas los demás una y otra vez. Las simulaciones también mostraron que los pequeños grupos de cooperadores que se formaron, lograron mejores resultados en términos de supervivencia que aquellos cuya estrategia fue el disenso, y que los grupos generaron más cooperadores, quienes también prosperaron.

Además, usando la estrategia de la retaliación como base, se desarrolló una táctica de mutación llamada “ojo por ojo generoso”. Esta estrategia incorporaba un algoritmo de probabilidad que determinaba si la entidad tomaría represalias o continuaría cooperando, a pesar de que se disentía en su contra. Debido a que la decisión era aleatoria, los jugadores opuestos no sabían lo que pasaría y tendían a cooperar.

Esta estrategia resultó ser óptima y es, en cierta medida, un reflejo del mundo real. Nunca sabemos con quién nos encontraremos, y cooperar suele ser en un principio la mejor jugada. Perdonar algunas disensiones, como, por ejemplo, tomar represalias nueve de cada diez veces, condujo al mejor resultado en el largo plazo.4

Otro concepto clave que ha surgido de esta investigación es el de la reputación y la interconectividad.

A los seres humanos nos gusta conectarnos, y la conexión introduce alguna medida de confianza, particularmente si muchas transacciones se ejecutan con éxito durante un período de tiempo. Esto establece una reputación, y cuando las personas deciden si confían o no, la reputación puede ser decisiva en términos de cooperación.

La conectividad a través de redes sociales y otras plataformas basadas en Internet crea un sentido de proximidad a los dilemas sociales actuales. La conexión interioriza los problemas y la gente los toma personalmente como un resultado. Este sentimiento de cercanía a los temas es la fuente del extraordinario volumen de conmoción que vemos en el mundo actual. La interconectividad promueve la opinión y posteriormente genera una acción sobre ella.

A pesar de muchos indicios de lo contrario, esto puede resultar positivo. Las estrategias de cooperación ganan sobre las estrategias de disenso y al establecer una conexión con los problemas, se logra que estos sean asuntos que debemos resolver.

La pregunta es: “¿qué valoramos como individuos y como miembros de la sociedad?”, y también: “¿dónde está el equilibrio entre el individuo y los problemas que enfrenta la sociedad?”.

Además, los dilemas sociales no se refieren simplemente a males sociales.

Las criptomonedas son un ejemplo del dilema social con respecto a hacer negocios sin temor a ser estafados y sin la necesidad de que un tercero intervenga o verifique una transacción.

Las criptomonedas utilizan la tecnología Blockchain. Una Blockchain (cadena de bloques) es esencialmente una base de datos segura y gigante que se puede compartir, y que permite a los usuarios registrar información sin temor a que esta sea alterada o corrompida.

Un concepto interesante, y que tiene potencial, es saber cómo la tecnología Blockchain ayudará a resolver dilemas sociales, obviando la necesidad de la regulación. Es una nueva forma de establecer confianza, no como resultado de verificaciones institucionales centralizadas y propensas a la corrupción o a la deshonestidad, sino a través de protocolos incorruptibles, criptografía y códigos informáticos. Es una forma particularmente eficaz cuando se requieren colaboraciones masivas.5

Tal vez el potencial más importante para esta tecnología, en mi opinión, se encuentre en la preservación de datos. Con esta tecnología puede demostrarse que algo que se ha escrito, grabado o registrado en video es válido. La manipulación de información preservada digitalmente es un peligro que crece a medida que el mundo la almacena  por este medio, sin poder saber si esta ha sido alterada, destruida o parcialmente retenida. ¿Podemos estar seguros de que la copia de 1984 que tenemos es igual a la edición original impresa o que el video presentado como evidencia en la corte no fue alterado por un interés personal para cambiar el resultado? Si el 99 % de todo el dinero es electrónico, así como el 66 % de la economía, ¿qué impide que nuestro dinero simplemente desaparezca o sea transferido a la cuenta de otra persona?6 Para empezar, ¿cómo podemos demostrar que lo teníamos? La tecnología Blockchain puede probarlo, sin que un banco, un gobierno o cualquier otra persona lo verifique o contradiga. Esta tecnología permitirá la cooperación en un nivel totalmente nuevo.

En resumen, la cooperación no es solo una estrategia exitosa. Las personas también obtienen ayuda cuando la adoptan. Los cooperadores crean mejores oportunidades para ellos mismos que los no cooperantes. Son preferidos como socios y líderes. Pero ¿cuándo se exceden los límites de la cooperación?

Los beneficios de la cooperación frente al interés propio son, en sí mismos, un análisis de costo-beneficio. En algún momento se logra un equilibrio en el que los beneficios de la cooperación ya no compensan el costo para el individuo en términos de bienestar. No se sabe con certeza dónde se halla exactamente este punto, y dada la tendencia humana a excederse en una u otra dirección, será necesario hacer ajustes en el futuro.

La disparidad en la riqueza y muchos de los problemas actuales son dilemas sociales de distintos tipos. ¿Cómo vamos a resolverlos? La tecnología Blockchain puede ser una respuesta inesperada.

En última instancia, los seres humanos tenemos una capacidad innata de cooperar. Lo que nos permite vivir juntos en números tan elevados es nuestra inteligencia social. Por mi parte, confío en que esta capacidad demostrará ser decisiva en el futuro.

Todo saldrá bien con el tiempo, sin duda, porque eso es lo que hacemos como humanos. Resolvemos cosas. Nacimos para ello.

 


  1. S. A. (2017), Game Theory: An Overview, A Complexity Labs Publication. Consultado el 19 de enero de 2018 en http://complexitylabs.io/product/game-theory-introduction/.
  2. Haun, D., Rekers, Y., Tomasello, M. (2014), “Children Conform to the Behavior of Peers; Other Great Apes Stick With What They Know”, Sage Journals. Consultado el 19 de enero de 2018 en http://journals.sagepub.com/doi/pdf/10.1177/0956797614553235.
  3. Game Theory, op. cit.
  4. Kay, R. (2011), Generous Tit For Tat: A Winning Strategy, Forbes. Consultado el 19 de enero de 2018 en https://www.forbes.com/sites/rogerkay/2011/12/19/generous-tit-for-tat-a-winning-strategy/#5a30e40b66eb.
  5. Colchester, J. (2018), Blockchain: an Overview, A Complexity Labs Publication. Consultado el 19 de enero de 2018 en http://complexitylabs.io/blockchain-book/.
  6. Armstrong, M. (2018), “66% of the Economy is Already Electronic & 99% of Money is Electronic”. Armstrong Economics. Consultado el 19 de enero de 2018 en https://www.armstrongeconomics.com/world-news/cryptocurrency/66-of-the-economy-is-already-electronic-99-of-money-is-electronic/.

 


 

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