Soluciones que ofrece la historia

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Octubre de 2014
Iván Obolensky

Las enfermedades infecciosas no son nuevas, ni son un subproducto de los avances tecnológicos de nuestras sociedades. Con la expansión de las economías y las culturas hacia zonas remotas, se han dado a conocer nuevos agentes patógenos. A veces, el contacto ha sido relativamente benigno, pero en otras ocasiones ha sucedido todo lo contrario.

Entre 1951 y 1955 cerca de 2.500 soldados estadounidenses sufrieron de una enfermedad hemorrágica viral conocida como Seoul Hantaan; 121 de ellos murieron. Esta fue la primera experiencia occidental con una nueva clase de enfermedades denominadas fiebres hemorrágicas virales (FHV). En ese momento no se identificó la causa y fue recién en 1970 que pudo aislarse el agente causante, el virus Hanta.

Los médicos del ejército que trataron la enfermedad encontraron que las posibilidades de recuperación aumentaban siempre y cuando se hiciera un seguimiento y control cuidadosos de los líquidos y los niveles de electrolitos. El virus hacía que los capilares de los pacientes —los vasos sanguíneos más pequeños del cuerpo— filtraran líquido y proteínas, tanto externa como internamente, lo que afectaba el equilibrio químico en órganos vitales como los riñones, el hígado y el corazón. Los órganos dejaban de funcionar antes de que el sistema inmunitario lograra responder, lo que daba lugar a convulsiones, shock, y luego la muerte. Otro síntoma preocupante era el sangrado de los ojos, oídos y otros orificios, aunque esto representaba un aspecto del virus que no amenazaba la vida.

En la década de 1960 se produjo otro brote de FHV en una zona remota de Bolivia. En este caso el virus lo portaba una especie de ratones que propagaban la enfermedad a través de su orina. Todas las mañanas, antes del desayuno, cuando se barrían las chozas de los pueblos indígenas, el polvo impregnado con esta orina de los ratones (que contenía el virus) se esparcía por el aire y transmitía la enfermedad a los miembros de la familia que aún dormían.

Como en todas las FHV, los humanos no eran el anfitrión natural. Las FHV dependen para su propagación y persistencia de la población local de roedores, tales como ratones, ratas, murciélagos u otros pequeños mamíferos similares.1

En el pasado, los brotes eran remotos y a los agentes virales se les daba el nombre de los lugares específicos donde se producían. El virus del Ébola, por ejemplo, debe su nombre al río Ébola, en la zona norte de la República Democrática del Congo, donde se produjo el primer brote declarado de una fiebre hemorrágica producida por este virus.

Las garrapatas, los mosquitos y otros artrópodos también pueden ser portadores de la enfermedad después de haber entrado en contacto con el reservorio natural del virus.

Las FHV y los virus que las causan han existido durante siglos, pero debido a las ubicaciones a menudo distantes de las especies portadoras, así como a las barreras del idioma, el conocimiento de este tipo de enfermedad no se ha generalizado en Occidente.

Desde la década de 1960, han surgido varios tipos de FHV, pero la del ébola es la más conocida por el público en general.

Las FHV son causadas por los virus de cuatro familias virales diferentes: arenavirus, bunyavirus, filovirus y flavivirus, y debido a su tamaño extremadamente pequeño solo han podido aislarse, y eso con dificultad, en el último medio siglo.

Las familias de FHV tienen varias características en común.2

Todas son causadas por virus ARN.

Estos tipos de virus utilizan el ARN (ácido ribonucleico) como su material genético en lugar del ADN (ácido desoxirribonucleico).

La composición del ARN es similar a la de la molécula de ADN de doble cadena que lleva la información genética en los seres humanos, pero por lo general se encuentra como una molécula de cadena sencilla.

El ARN también es más inestable que el ADN y más propenso a las mutaciones, porque carece de los elementos de corrección del ADN que reducen las copias defectuosas. Esto puede ser útil para el virus, ya que le permite cambiar de manera significativa y dificulta su eliminación por parte del sistema inmunitario, lo mismo que su clasificación.

En las células humanas, el ARN mensajero transmite información que copia desde el ADN a los sitios que fabrican los aminoácidos, a partir de los cuales se producen las proteínas y las enzimas. Estos son los catalizadores que ayudan a mantener los procesos metabólicos que contribuyen a la regulación celular.

Los virus causantes de las FHV dependen de especies específicas para la supervivencia. Cuando los seres humanos entran en contacto con estos anfitriones, pueden infectarse y, en algunos casos, como en el del ébola, el virus puede sobrevivir en sus cuerpos.

Los brotes de FHV han sido esporádicos y aislados en regiones específicas. En la mayoría de los casos no existe cura o tratamiento con medicamentos distintos al régimen creado por el ejército de los Estados Unidos que se mencionó antes (hidratación y manejo de los electrolitos).3

El virus del Ébola es un filovirus. Hay cinco cepas conocidas, dependiendo de dónde fueron descubiertas. El reservorio natural específico es desconocido, pero siguiendo el modelo de otras FHV, es probable que sea un pequeño mamífero. El virus incuba por un periodo de 2 a 21 días. El inicio de los síntomas es rápido e incluye fiebre, dolor en las articulaciones y músculos, dolor de cabeza, dolor de garganta y debilidad, seguidos de vómitos y diarrea. No se sabe en este momento por qué algunas personas se recuperan y otras no, y aunque el manejo de los líquidos y los electrolitos mejora las posibilidades de supervivencia, no es infalible. El ebolavirus Zaire tuvo una tasa de mortalidad del 73,61 % cuando surgió por primera vez en 1976.4

La transmisión de una persona a otra se da a través del contacto con fluidos corporales infectados. Aunque no es un virus que se propaga por el aire como la gripe o el síndrome respiratorio agudo y grave (SAR en inglés), los estornudos y la tos pueden convertir los fluidos corporales que contienen el virus en un aerosol y propagar la enfermedad. El virus del Ébola puede sobrevivir en superficies al aire libre, pero no por mucho tiempo: varias horas en la oscuridad y tiempos más prolongados a temperaturas frías. A una temperatura de 4 °C (39,2 °F) puede durar cincuenta días.

El virus es susceptible a la erradicación fuera del cuerpo usando soluciones de lejía doméstica, pero también deben realizarse controles estrictos de la infección para prevenir el contagio en los trabajadores de la salud.5

Los epidemiólogos utilizan el modelo matemático Susceptibles-Infectados-Recuperados (SIR en inglés) para calcular la velocidad a la que las enfermedades se propagan en una población. Un número que surge de este análisis es el número reproductivo o número R (R0). Si el número de las personas que se recuperan, pero que son infecciosas, es mayor que el número de personas con nuevas infecciones, el brote se extingue. En este caso el R0 es menor que uno. Con un R0 superior a uno, el número de personas que se están infectando supera al de personas que se están recuperando, lo que significa que el brote va en aumento.6

Las estimaciones del R0 para el ébola van desde 1,83 (1995) en el Congo hasta 1,34 en Uganda (2000). La cadena televisiva KCBS en Los Ángeles informó recientemente que el R0 para el actual brote de ébola se encuentra en 2, lo que significa que 2 personas se infectan por cada persona que tiene la enfermedad.7 Sobre la base de brotes pasados, ​​después de la intervención médica, el R0 se redujo a 0,3 o 0,4, lo que indica que cuando se cumplen los procedimientos médicos que incluyen cuarentenas y protocolos adecuados se puede controlar su propagación.8

Esta no es la primera vez que una enfermedad a gran escala ha amenazado a poblaciones humanas.

Durante la segunda pandemia (1350), mejor conocida como la Peste Negra, el manejo de la crisis en Venecia y Florencia se encargó a un grupo selecto de ciudadanos destacados reunidos en comisiones especiales de salud.

Sus deberes comprendían el cumplimiento de las leyes sanitarias existentes, tales como el entierro de los fallecidos, la reclusión de las personas infectadas en lugares establecidos, la interdicción de los viajeros procedentes de ciudades infectadas, y el aislamiento de las mercancías que traían consigo.

Las comisiones establecían y decretaban los procedimientos que debían seguirse, incluido el uso de la cuarentena. El cumplimiento era obligatorio y se acudía a la fuerza cuando era necesario.

La cuarentena, en el sentido estricto de la palabra, comenzó en la colonia veneciana de Ragusa (Dubrovnik) en 1377. Todos los viajeros y sus bienes que ingresaban a la colonia se aislaban durante treinta días. La práctica se extendió y comenzó a enfocarse específicamente en las mercancías y los viajeros de zonas y puertos que se sabía que estaban infectados. En 1383 la ciudad de Marsella insistió en un periodo de cuarenta días, del cual se derivó literalmente la palabra cuarentena. Venecia construyó su propia estación de cuarentena en 1423 en una isla de la laguna y luego otra, que se convirtieron en modelos para hospitales de tratamiento de pestes.9

Por primera vez, los procedimientos organizativos, los protocolos y el control de las autoridades, a diferencia de las acciones individuales, aseguraron la supervivencia de las ciudades afectadas.

La peste continuó visitando a Europa hasta el siglo XVIII, cada vez con menos virulencia. Se pusieron de nuevo en práctica los procedimientos anteriores que habían sido eficaces y la propagación de la enfermedad cedió.

Poco a poco, estos procedimientos se hicieron menos necesarios, posiblemente debido al debilitamiento de cada ola sucesiva de infección.

En el siglo XX, los viajes entre países se hicieron muy frecuentes y con el surgimiento de los antibióticos algunas enfermedades que antes fueron mortales parecieron ser derrotadas, lo que redujo la necesidad de controles estrictamente por razones de salud.

De lo anterior se desprenden varios puntos clave que pueden aplicarse al brote actual.

El control del ébola, así como de otras FHV, requiere la cuarentena rápida y protocolos médicos estrictos con el fin de llevar el número reproductivo a un valor bajo. Si no se realizase ningún procedimiento, la tasa de mortalidad en una población densa posiblemente podría llegar al 79 %, tomando como base simulaciones con una población de 22 000 personas.10

Parte de la dificultad de controlar la propagación del virus es que los síntomas del ébola son inicialmente similares a los de otras enfermedades, por lo que resulta difícil para el personal médico que no se encuentre familiarizado con el virus diagnosticar con precisión la enfermedad. Además, es probable que surjan muchos falsos positivos más al inicio antes de que pueda administrarse un régimen de pruebas precisas.

Las noticias sobre el ébola y los informes de infecciones pueden crear una atmósfera de miedo que induzca a quienes tengan una infección potencial a no someterse a una cuarentena.

El virus no ha podido ser contenido a sus áreas locales y se ha extendido a algunas ciudades en África, lo que ha creado un gran número de infecciones potenciales.

Como se mencionó anteriormente, la cuarentena ha sido el único método probado para el manejo de todos y cada uno de los brotes de enfermedades infecciosas mortales, aunque han surgido algunas dudas sobre esto, que señalan que las mutaciones naturales que ocurren con las enfermedades virales también pueden haber contribuido a los resultados exitosos de las cuarentenas.11

El transporte aéreo moderno y las fronteras porosas pueden facilitar la propagación de la infección. Los protocolos internacionales son en este momento insuficientes para garantizar la contención del virus.

La buena noticia, si pudiese considerarse como tal, es que el R0 del ébola (2) es significativamente menor que, por decir algo, el sarampión (12-18) o la viruela (5-7), aunque es casi tan virulento como la influenza (2-3).12

Es un hecho que con la cuarentena y una intervención médica adecuadas, la propagación de la enfermedad podría contenerse.

Es de esperar que para combatir ahora una FHV como la del ébola no sean necesarias medidas tan draconianas como las adoptadas en el pasado para combatir la peste. Pero también debe reafirmarse y enfatizarse el hecho de que en el pasado fue necesario contar con procedimientos organizativos, protocolos estrictos y un control administrativo coordinado, y que estos mecanismos pueden ser necesarios nuevamente.


  1. Garrett, L. (1994). The Coming Plague: Newly Emerging Diseases in a World Out of Balance. Nueva York, NY: Farmer, Strauss, y Giroux.
  2. N.A. (2014). Viral Hemorrhagic Fevers Fact Sheet, CDC. Consultado el 12 de octubre de 2014 en: http://www.cdc.gov/ncidod/dvrd/spb/mnpages/dispages/Fact_Sheets/Viral_Hemorrhagic_Fevers_Fact_Sheet.pdf
  3. Crawford, D. (2011) Viruses, A Very Short Introduction. Nueva York, NY: Oxford University Press.
  4. Yarus, Z. (2012). A Mathematical Look at the Ebola Virus. Consultado el 12 de octubre de 2014 en: http://home2.fvcc.edu/~dhicketh/DiffEqns/Spring2012Projects/Zach%20Yarus%20-Final%20Project/Final%20Diffy%20Q%20project.pdf
  5. (N.A.) (2014). Ebolavirus Pathogen Safety Data Sheet – Infectious Substances. Consultado el 12 de octubre de 2014 en: http://www.phac-aspc.gc.ca/lab-bio/res/psds-ftss/ebola-eng.php
  6. N.A. (2014) Will the Ebola Outbreak Become an Epidemic: A Look into Epidemiological Models. Consultado el 12 de octubre de 2014 en: https://foodforscientificthought.wordpress.com/2014/07/29/will-the-ebola-outbreak-become-an-epidemic-a-look-into-epidemiological-models/
  7. Chowell, G., Hengartner NW, Castillo-Chávez, C., Fenimore, PW, Hyman, JM, The basic reproductive number of Ebola and the effects of public health measures: the cases of Congo and Uganda. Consultado el 12 de octubre de 2014 en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15178190
  8. Legrand, J., Grais, R., Boelle, P., Valleron, A. Flahault, A. Understanding the Dynamics of Ebola epidemics. Consultado el 12 de octubre de 2014 en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2870608/
  9. Slack, P. (2012). Plague, A Very Short Introduction. Gosport, GB: Oxford University Press.
  10. Yarus, op. cit.
  11. Slack, op. cit.
  12. N.A. (2014). Basic Reproductive Rate (R0). Consultado el 12 de octubre de 2014 en: http://practice.sph.umich.edu/micphp/epicentral/basic_reproduc_rate.php

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