La polarización y la batalla por nuestras mentes

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Abril de 2016
Iván Obolensky

Muchas personas, incluido un número sorprendente de sus ciudadanos, consideran que Estados Unidos es una democracia. Estrictamente hablando, no lo es. Es una república. Una república se define como la forma de gobierno en la que los ciudadanos eligen representantes que ejercen el gobierno real de acuerdo con un conjunto de leyes, plasmadas en una constitución.1  Los ciudadanos no tienen una injerencia directa sobre la forma en la que son gobernados. Eso sería una democracia. En este momento no existe ninguna democracia.

¿Por qué tantas formas de gobierno se consideran hoy “democráticas” sin serlo? El término se ha ampliado con el tiempo para incluir a las repúblicas, mediante el recurso de redefinir la democracia como un sistema de gobierno en que el poder supremo reside en sus ciudadanos y el poder que estos detentan se ejerce mediante el uso periódico de las elecciones.

Las elecciones no son el acto de gobernar. Son opciones de elegir quién gobernará, y no sería inapropiado citar la observación lapidaria de Stalin respecto de ellas:

“Sería suficiente con que la gente sepa que hubo una elección. Las personas que depositan los votos no deciden nada. Las que los cuentan lo deciden todo”.2

Las palabras, incluida “democracia”, pueden significar muchas cosas. Basta con leer: La “República Popular Democrática de Corea” (Corea del Norte) para saber que pueden utilizarse las palabras popular, democracia y república en una misma frase, y hacer que estas signifiquen dictadura.

¿Cómo es posible?

Es posible debido a la naturaleza del lenguaje, a la manera como lo utilizamos, y a la forma como pensamos.

Korzybski escribió que “el mapa no es el territorio”, con lo cual quería decir que el mundo exterior y el mundo que creemos ver no son lo mismo.3 Tomamos decisiones con apenas una fracción de la información que contiene el mundo exterior. Al hacer énfasis en un elemento, añadir otro, o suprimir alguno, podemos alterar nuestros mapas y, por tanto, cambiar la forma en que percibimos el mundo. Podemos generalizar, formar opiniones y cambiarlas porque somos buenos haciendo abstracciones. Podemos convertir lo específico en algo general y luego transformarlo en cualquier cosa que creamos que se ajusta mejor. En el párrafo anterior, hemos tomado una palabra (democracia) y sin ninguna dificultad hicimos que significara tres cosas diferentes, incluyendo lo opuesto a su sentido original.

Por un lado esto puede ser útil, por el otro, puede resultar perjudicial. Si podemos cambiar la mente internamente, esta también puede ser influenciada por otros, externamente, cuando nos persuaden a cambiarla nosotros mismos. Cuando esto se hace bien, ni siquiera nos damos cuenta. Las palabras pueden significar cualquier cosa si se redefinen, sobre todo durante un período prolongado de tiempo. La historia proporciona un contexto, pero no para todo.

Los libros de Historia contienen numerosos ejemplos de guerras entre pueblos y naciones. Sin embargo, pocas veces se ha mencionado el conflicto tal vez más importante del siglo pasado. No solo es inmaterial sino que todavía está en curso. Es la batalla por nuestras mentes, y por cómo deberíamos pensar.

Se considera que el uso de la propaganda (información sesgada para promover una causa o un punto de vista particular) es relativamente reciente. No por casualidad comenzó a utilizarse de forma general alrededor de 1914, a comienzos de la Primera Guerra Mundial. Todas las partes en conflicto utilizaron la propaganda en forma de carteles, películas, escritos y apariciones públicas. El término se refería por lo general a los medios de comunicación del lado opuesto. Para el equipo local representaba los esfuerzos emprendidos para promover el patriotismo. La propaganda tiene una propiedad inusual, y es que puede cambiar de una cosa a otra, dependiendo de dónde provenga.

La palabra “propaganda” es la abreviatura de la frase: Congregatio de Propaganda Fide, Congregación para la propagación de la fe. Esta fue una comisión de cardenales establecida por el Papa Gregorio XV en 1622. Su objetivo era contrarrestar las ideas de la reforma protestante mediante la capacitación, el envío y la supervisión de los sacerdotes que componían las misiones extranjeras en áreas que habían rechazado el catolicismo.4

Propaganda proviene de la palabra “propagación”, que se deriva del latín: propagare, adelantar, extender, difundir, engendrar, aumentar; y esta, a su vez, de propago, lo que propaga, descendencia, de pro, adelante y pag (pangere) sujetar.5

Aunque la palabra es relativamente reciente, mucho antes del siglo XVII ya se conocían y se empleaban las técnicas de la propaganda.

En la Antigüedad, cuando las poblaciones eran gobernadas por un solo mandatario, la propaganda era innecesaria. Su uso cobró importancia solo cuando empezaron a formarse grupos y facciones, con cierta capacidad de dominio, que luego compitieron entre sí por todo el poder.

La propaganda difiere de las relaciones públicas, que podrían definirse como la gestión de la opinión pública a través de comunicaciones especializadas.

Las antiguas civilizaciones conocían bien su importancia.

Una de las primeras alusiones al uso de las relaciones públicas se encuentra en El arte de la guerra, que escribió Sun Tzu durante la última parte del período de los Reinos Combatientes de China, justo antes de que el estado de Qin estableciera el primer imperio chino en el 221 (AEC).

Sun Tzu escribió: “Cuando se gobierna correctamente, la gente se siente cercana a su líder y no les parece desproporcionado morir por él”.6

¿Cómo se lograba que la gente se sintiera cerca de su líder y muriera por él sin protestar? Era posible porque las personas en el poder manejaban la opinión pública. Establecían líneas de comunicación y un mensaje o una campaña que mostraran que los líderes estaban haciendo su trabajo y merecían el respaldo de la población. Se trataba de relaciones públicas puestas en práctica. La única diferencia con el presente son los medios y los métodos.

La propaganda es una herramienta más orientada de las relaciones públicas, que hace un mayor énfasis en el partidismo, el prejuicio y la parcialidad. Presupone la existencia de enfrentamientos entre facciones. La propaganda es necesaria cuando existen diferentes bloques de poder que compiten por el control, un estado de cosas que solo se ha manifestado en los tiempos modernos, con una excepción: la antigua Atenas.

En ese lugar, alrededor del año 450 AEC, las técnicas de propaganda alcanzaron un nivel sofisticado.

Irónicamente, la propaganda no era posible sin algún tipo de democracia, porque los regímenes autoritarios tenían el poder absoluto. Bajo los regímenes despóticos no había facciones que pudieran expresar libremente sus planes. Si de alguna manera existían, era solo porque el gobernante las toleraba y porque servían a algún propósito alineado con la autoridad.

La necesidad de una propaganda bien concebida y orientada como la que reconoceríamos hoy en día solo se hizo evidente cuando los ciudadanos adquirieron el derecho a votar. Atenas fue la primera democracia. Fue una idea singular que no se ha repetido desde entonces. La antigua Atenas fue una amalgama de intereses creados encarnados en familias influyentes, los que se asentaban en áreas específicas y los miembros de clases económicas y sociales diferenciadas. Alinear estos intereses suponía destreza para las comunicaciones. Los ciudadanos eran personas bien informadas y el voto era obligatorio para quienes tuvieran el derecho a hacerlo. Las diferencias en los puntos de vista políticos y religiosos dieron lugar a la propaganda y a la contrapropaganda. Las herramientas de la propaganda eran la oratoria, los festivales religiosos que incluían actuaciones de poemas épicos. Muchas de las obras representadas, tanto comedias como tragedias, contenían mensajes políticos que influían en la población, incluso cuando Atenas se hallaba envuelta con Esparta en una lucha a vida o muerte por la supremacía del mundo helénico. No es de extrañar que “demagogo” sea un término ateniense para describir a un líder político que busca el apoyo apelando a los deseos, los prejuicios y las predisposiciones populares. Influir en el curso de la vida de la ciudad significaba tener la capacidad de influir en el voto.

Con el colapso del imperio ateniense, no fue hasta la época romana que las campañas de propaganda se hicieron de nuevo necesarias, pero estas se centraban y eran ejecutadas por miembros enfrentados de la clase senatorial. A pesar del genio literario de sus autores —como Julio César y Cicerón, por ejemplo—, muchos de los textos de la República eran propaganda. Con ellos se enviaban mensajes políticos y buscaban influir en la manera como eran percibidas sus acciones.

Uno de los mayores avances de propaganda hasta este siglo fue la imprenta. Demostró ser una de las herramientas más útiles para aquellos que deseaban impulsar sus puntos de vista partidistas. Es probable que ni la Revolución francesa ni la estadounidense hubiesen tenido lugar sin el auge de los panfletos, que en unas pocas páginas ayudaban a formar opiniones sobre las monarquías francesa y británica.7

En tiempos más modernos, la propaganda se ha convertido en una herramienta necesaria para los que buscan tomar o retener el poder. Las rutas de la comunicación, desde Twitter hasta la clasificación de los resultados de búsquedas, las redes sociales y los canales de noticias han ampliado en gran medida las oportunidades de la propaganda. La propaganda es persuasión. En el mundo electrónico globalizado de hoy ha adquirido un refinamiento y una sofisticación que la hacen casi invisible. Un estudio desapasionado encontraría que el 90 % de todos los mensajes, noticias, editoriales, programas de televisión, películas y libros son, de hecho, algún tipo de propaganda.

¿Cómo puede ser así? Cuando recibimos estos mensajes, ¿qué sentimos? ¿Nos vemos persuadidos a respaldar ciertos puntos de vista? ¿Se ajustan a nuestros propios puntos de vista y por tanto los aceptamos? ¿Quién los originó? ¿Qué quieren de nosotros? ¿Cómo tratan de influenciarnos?

¿Y qué hay con este artículo?

¿Quién hubiera pensado que es posible vivir en una democracia que no es una democracia, tener libertades que no son libertades, relaciones electrónicas con cientos de extraños que no son relaciones, trabajos que no lo son, dinero que no es dinero, comida que no es comida, y que, sin embargo, experimentamos con complacencia? ¿Es sorprendente que el mundo se haya polarizado y fracturado tanto? ¿Nos ha convencido la propaganda?

Cada uno decide.


  1. A. (S. F.) Republic vs. Democracy. Consultado el 6 de abril de 2016 en: https://www.1215.org/lawnotes/lawnotes/repvsdem.htm.
  2. Stalin, J. (S. F.) Joseph Stalin Quotes, Brainy Quotes. Consultado el 6 de abril de 2016 en: http://www.brainyquote.com/quotes/quotes/j/josephstal109571.html.
  3. Korzybsky, A. (2010) Selections from Science and Sanity. Fort Worth, Texas: Institute of General Semantics.
  4. A. (S. F.) The Story of Propaganda, American Historical Association. Consultado el 6 de abril de 2016 en: https://www.historians.org/about-aha-and-membership/aha-history-and-archives/gi-roundtable-series/pamphlets/what-is-propaganda/the-story-of-propaganda.
  5. A. (S. F.) Propagation, Online Etymology Dictionary. Consultado el 6 de abril de 2016 en: http://www.etymonline.com/index.php?term=propagation&allowed_in_frame=0.
  6. Sun Tzu (1991) The Art of War, translated by Thomas Cleary. Boston, MA.: Shambhala.
  7. A. (S. F.) The Story of Propaganda, American Historical Association. Consultado el 6 de abril de 2016 en: https://www.historians.org/about-aha-and-membership/aha-history-and-archives/gi-roundtable-series/pamphlets/what-is-propaganda/the-story-of-propaganda.

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  1. Craig Houchin
    Craig Houchin04-22-2016

    Good article. It’s interesting to think about how much of our own personal communication is propaganda. The moment we try to persuade a friend to try a particular restaurant, see a certain movie, or vote for some guy or gal — we use propaganda. And it all starts with a self-created belief that one person, place or thing is better than another. Fascinating.

    • Ivan
      Ivan05-03-2016

      Hi Craig,

      It is fascinating. Another reader mentioned spin which is also like propaganda in the sense that it is pushing an agenda. The difference to me is that propaganda originates from a group, usually small and marginalized, that attempts to overthrow the status quo and grab what power they can. Spin is used by the established power as well as by propagandists through judicious use of framing, omitting certain facts, and emphasizing others.

      Cheers,
      Ivan

  2. Ron
    Ron04-25-2016

    Good article. As you discuss the modern era, though, you leave out a phenomenon perhaps unique to our times… Spin. Obviously “Spin” is pure propaganda, but what may be unique about it is everyone knows it is propaganda and accepts it as objective fact anyway. Candidates say things in speeches and debates, most of it propaganda, and we listen with half an ear. Then they retire to the “Spin Room” where they blatantly deny what they just said or put a “spin” on it that makes it more favorable to their point of view. We not only watch the “spin doctors” we somehow credit them with being communicators of a higher order. My favorite example is The O’Reilly Factor” on Fox News. Bill O’Reilly calls his show “the no spin zone,” then proceeds to spin every subject to a consistently conservative point of view. Viewers know in advance his exact take on every issue, yet they somehow accept that his spin is no spin.” Pure genious.

    • Ivan
      Ivan05-03-2016

      Hi Ron,

      Thank you for your comment. I failed to add several elements, spin being one of them. Thank you for pointing that out.

      Spin is PR at work: how to take a story and frame it in a particular way. A good example might be the Civil War in the US. The issues were fundamentally the result of the constitution. The founding fathers wanted a republic not a democracy. They distrusted the common man and thought little of his ability to make up his mind in a sensible manner (Jefferson being an exception). The way the government was setup led to factionalism very similar to that of the late Roman republic which coincidentally also resulted in a civil war. The growth differential between the northern industrial states and the southern agrarian states led to political polarities. The human issue which galvanized the people to action was of course slavery. It was the spin (in this case slavery) that took the smoldering fundamental economic and socio economic differences and added the gasoline. See http://dynamicdoingness.com/democracy-and-the-founding-fathers/?la=us.

      The outcome of the Civil War was a new paradigm that has been with us for a time: Government for the people by the people. The current election cycle is pointing out the fact that the structure as reflected in government as set up by the founders (a republic) is not in alignment with the “for the people…” paradigm. This could and probably will be the spark that opens the door to a constitutional crisis or at least a rework of it. No one wants that because it is such a third rail issue. We could end up in a dictatorship rather easily and some things are just too contentious to be let loose.

      I also failed to note (in my opinion) that one way to test for propaganda (or spin campaign) being effectively worked is the degree of polarity present in a population. Since the US is so polarized (as is the world) propaganda machines are in high roar.

      Just as an added note one of the main issues with the constitution as reflected in the federalist papers is the whole issue on the Supreme Court. I might do that as an article next.

      I love the spin free zone concept. That is so brilliantly spinful it is sinful.

      Best to you and Joan,
      Ivan

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