Tasas de interés negativas y banca de deflación

4

Mayo de 2016
Iván Obolensky

Muchos lectores han oído hablar de las tasas de interés negativas, pero pocos están familiarizados con ellas, entienden lo que significan o saben las ramificaciones que se desprenden de ellas a futuro. ¿Cómo es posible tener tasas de interés negativas en una hipoteca o incluso en una tarjeta de crédito? ¿El banco me daría dinero? ¿Cómo es eso posible? La respuesta corta es sí, es bastante posible. Y estas son las razones de cómo y por qué.

Pero antes de ver esto, es necesario explicar algunas cosas sobre el dinero y por qué las tasas de interés negativas se han convertido en una opción de las políticas bancarias.

El dinero es un depósito portátil de valor. Al poner un paso intermedio en el sistema de trueque, los primeros comerciantes contaron con un medio para almacenar poder de compra para el futuro. ¿Cómo sabían los comerciantes que el poder de compra futuro que almacenaban conservaría su valor? El dinero en sí, la acuñación, se hizo con metales preciosos y tenía un valor intrínseco. Los bancos fueron originalmente depositarios. Un comerciante obtenía un recibo por su oro depositado y este recibo podía intercambiarse por bienes y servicios. El portador podía cambiarlo en cualquier momento.

Algunas casas bancarias tenían más poder financiero que otras. Poseían más oro y una mejor reputación. Esta última era importante porque una vez que una casa consolidaba la confianza, podía crear más recibos que la cantidad de oro que albergaba y emitirlos en forma de préstamos. Esto se conocía como banca de reserva fraccional.1 Esta práctica suponía el potencial de cometer abusos. Un depositante podría solicitar la devolución de su depósito y descubrir que no estaba disponible. Esta es una historia vieja, por no decir antigua.2

La Orazione Trapezitica, escrita en el año 393 AEC, registra un discurso legal de Isócrates (436-338 AEC), uno de los oradores griegos más destacados de su tiempo. En él, argumenta a favor de la indemnización de su cliente que busca la devolución de los depósitos hechos a Passio, un banquero ateniense que se negaba, por cualquier razón, a devolverle el dinero.3

A pesar del riesgo de abuso, la banca de reserva fraccional tiene sus ventajas. Permite hacer préstamos a personas que necesitan fondos para iniciar empresas, que crean a su vez valor económico adicional en forma de empleo y producen a futuro bienes y servicios. Sin la financiación inicial, el beneficio económico potencial nunca se concretaría.

El dinero, por lo tanto, representa muchas cosas: bienes físicos, mano de obra, así como la cantidad de trabajo necesario para hacer algo. También es un sitio de almacenamiento de valor, ya que tiene el potencial de crear y comprar bienes en el futuro. Tiene poder de compra.

Más allá de lo que representa, el dinero es también una mercancía que puede comprarse y venderse como cualquier otra. Cuando se obtiene un préstamo, se está comprando dinero. Un prestamista vende dinero. Cuando se va a comprar harina, se paga una cantidad determinada por libra. Al comprar dinero, el precio que se paga es un interés dado por mil, expresado en forma de una tasa de porcentaje anual.

El dinero es barato cuando las tasas de interés son bajas y costoso cuando estas suben. Por lo general, el dinero barato ha dado lugar en el pasado al crecimiento económico y la inflación.

La inflación se define como un exceso de dinero que representa muy pocos bienes, y la deflación como muy poco dinero que representa demasiados bienes. Con inflación, los precios de las cosas suben, con deflación, caen.

Que los precios suban o bajen depende de las fuerzas económicas dominantes.

Si el dinero abunda y la inflación está muy extendida, los participantes del mercado, incluidos los consumidores y las empresas, se desbordan en sus compras. Se vuelve entonces conveniente en términos económicos mover lo más rápido posible el dinero a cosas físicas, tales como automóviles, oro y bienes raíces. Cuanto más tiempo se retenga el dinero, menos cosas podrán adquirirse con él. Mientras más cosas físicas se posean, más valor ganarán estas. En un sistema así, el dinero se mueve rápidamente de los consumidores al comerciante y al mayorista, y de vuelta una y otra vez. Las deudas son beneficiosas no solo porque es posible comprar cosas que están subiendo de precio, y que conservan su valor, sino también porque el dinero adquirido en forma de préstamos se paga con fondos que valen menos en términos de su poder adquisitivo. Este es un poderoso incentivo para gastar.

El control de esta tendencia cae dentro de la competencia de los bancos centrales, como la Reserva Federal de Estados Unidos.

Los bancos centrales tienen el mandato de mantener la estabilidad económica. Una de las herramientas para tal fin consiste en establecer el nivel de las tasas de interés a corto plazo. Al elevar las tasas, el dinero se encarece, se hace más lenta la actividad económica y la inflación se contiene. Si la economía se desacelera demasiado, las tasas de interés se bajan para facilitar la disponibilidad de dinero y la economía se activa de nuevo.

Las últimas décadas se pueden caracterizar como un largo periodo de inflación. La inflación promueve el gasto y por lo tanto el consumo.

El consumismo ha sido uno de los paradigmas más prevalentes en Occidente y en las economías en desarrollo durante bastante más de treinta años. La situación floreció en el entorno inflacionario de largo plazo iniciado en la década de 1960. Durante los tiempos de inflación, la austeridad, el ahorro y la responsabilidad fiscal actúan de hecho en contra de las personas, mientras que el consumo suntuario y el endeudamiento excesivo se ven recompensados.

Las economías, al contrario de lo que pregona la academia, son cíclicas. El crecimiento no es ni constante ni está garantizado. Se produce en ciclos. Las deflaciones han seguido a períodos de inflación una y otra vez hasta el siglo pasado. La década de 1930 marcó la última vez que el mundo presenció una deflación prolongada. Se ha considerado que muchas de las virtudes de este largo período inflacionario que vivimos son mérito de las políticas y acciones de los bancos centrales, que trazaron un camino medio entre economías demasiado activas o demasiado lentas, hasta ahora.

Hoy en día, la deflación está mucho más extendida, y las deflaciones son entornos económicos muy diferentes de los inflacionarios.

Actuar en medio de una deflación requiere que se posponga una compra durante el mayor tiempo posible, ya que cualquier cosa que se compre será más barata en el futuro. La gratificación inmediata se convierte en algo que no solo es imprudente, sino que se convierte también en una clara desventaja. El dinero en efectivo gana intereses guardado en la cartera porque con el tiempo comprará muchas más cosas.

Y aquí vemos que este modo de pensar se opone al consumismo.

La deflación no es nueva. Se ha dado muchas veces a lo largo de la historia. ¿Por qué es diferente esta vez?

En el pasado, las economías llegaron rutinariamente a burbujas de crédito inflacionarias que dieron lugar a un gasto excesivo, inversiones poco prudentes y prestatarios excedidos en sus deudas (Estados Unidos durante los años 1860 y 1930). Cuando estas economías alcanzaban su punto máximo y empezaban a contraerse, los deudores no lograban responder por sus obligaciones y se extendían los incumplimientos. Los préstamos son activos potenciales para un banco ya que generan ingresos en forma de pago de intereses. Cuando se incumplen los pagos, el valor de los activos del préstamo se reduce, a menudo a cero. Los bancos cierran (entran en quiebra) al igual que las instituciones de depósito y las casas bancarias de hace mucho tiempo. Los banqueros dejan de prestar. El dinero escasea, los precios bajan (deflación) y la economía llega a un punto casi muerto hasta que los préstamos incobrables se dan por perdidos y se aplica una nueva inyección de efectivo. Después de un tiempo, cuando comienza de nuevo la oferta de crédito fácil, el ciclo se repite.4

En el pasado, los ciclos de deflación eran algo común. No había bancos centrales. Desde que empezaron a existir a comienzos del siglo XX, solo ha habido un período de deflación importante: la Gran Depresión, y los bancos centrales no la manejaron bien. Nada funcionaba en el largo plazo. Se afirma que la Segunda Guerra Mundial incidió más en la salida de Estados Unidos de la depresión que cualquier política o acción tomada individualmente o en conjunto.

Conscientes de este hecho, los bancos centrales tienen hoy como política evitar por cualquier medio posible una desaceleración económica deflacionaria, a fin de recrear un entorno inflacionario y evitar así las cesaciones de pagos de los ciclos anteriores.

En la década de 1930 no se tomaron medidas como las de inyectar dinero en el sistema financiero para proporcionar liquidez, ofrecer tanto dinero fácil como fuese posible mediante la reducción de las tasas de interés a niveles mínimos o prevenir los incumplimientos de los pagos de las deudas. Un número nunca antes visto de bancos cerró durante ese tiempo y los incumplimientos de los pagos fueron comunes, incluidos los de las deudas soberanas emitidas por los gobiernos de todo el mundo.

La estructura financiera y bancaria de hoy es muy distinta de la de hace un siglo. Existen salvaguardias tales como el seguro de depósitos, y las instituciones financieras globales están hoy mucho más interconectadas. En los años treinta los bancos eran negocios aislados, pero hoy no lo son. El incumplimiento de un préstamo grande en un banco podría dar lugar a una cascada de incumplimientos de la contraparte en otros, precipitando una crisis bancaria mundial. Aunque resulta imposible determinar con certeza los efectos de un colapso así, la crisis financiera mundial de 2008 fue una indicación de la facilidad con que podría suceder. Estados Unidos estuvo a unos pocos días, en el otoño de 2008, de no contar con dinero en efectivo disponible para el pago de las nóminas. Lo que habría ocurrido si un gran segmento de la población estadounidense no hubiese podido recibir sus salarios es un escenario de pesadilla que nadie que ostente una responsabilidad económica se atrevería a afrontar. De modo que, aportar liquidez a través de cualquier medio y evitar incumplimientos de pagos importantes se han convertido en las dos políticas predominantes de los bancos centrales ya que, en esencia, no existen otras alternativas.

Para sumar otras dificultades a las que ya enfrentan los bancos centrales, gran parte de sus mecanismos de acción, como los límites para bajar las tasas de interés (que ya están cerca de cero), el canje de deuda mala por deuda buena y las inyecciones de efectivo ya se han utilizado con un éxito limitado. La crisis, a pesar de que han transcurrido ya ocho años, todavía se encuentra en parte entre nosotros.

Después de varias rondas de lo anterior, no ha logrado surgir una inflación generalizada. Por el contrario, los resultados han sido una disparidad de riqueza y una economía estadounidense asimétrica que muestra presiones inflacionarias solo en ciertos segmentos, como los de vivienda, salud, educación, y las valoraciones del mercado accionario, mientras que la presión deflacionaria se mantiene en otros, como los de las materias primas y los salarios.

Hay razones para este fenómeno. Además de la deflación cíclica que tiene lugar durante un ciclo típico de crédito, existen hoy varias fuerzas deflacionarias a largo plazo con las que los bancos centrales deben lidiar y que están dificultando mucho su trabajo.

La tecnología: la tecnología creará siempre deflación, ya que por su propia naturaleza hace que los dispositivos, la fabricación y la distribución sean más eficientes y menos costosos.

El envejecimiento de la población en los países desarrollados: las poblaciones de los países desarrollados se están haciendo en promedio mayores y tienden a gastar más en cuidado de la salud y en servicios que en productos, lo que reduce la demanda de bienes.5

La globalización: la interconectividad y el libre comercio han creado presiones deflacionarias en forma de menores costos de fabricación, así como una competencia en términos de compensación en todos los segmentos de la sociedad. Los acuerdos de libre comercio han suprimido barreras que antes les permitían a los países desarrollados aislarse de la competencia. Japón es un ejemplo notable. Una vez que las restricciones comerciales se vinieron abajo, los precios de los servicios de mano de obra y los bienes cayeron y lo siguen haciendo después de más de veinticinco años.

Internet: las mayores rupturas de las barreras económicas y arancelarias han surgido de la Internet. Al situar a millones de trabajadores, empresas, productos y servicios potenciales en igualdad de condiciones, los costos han caído, mientras que la capacidad de los proveedores y fabricantes de aumentar los precios se ha visto limitada por la competencia.

Productividad: la productividad ha ido disminuyendo en los países desarrollados, particularmente en Estados Unidos. Sobre una base individual, una de las razones mencionadas ha sido la creciente cantidad de tiempo de producción que se desperdicia utilizando los medios de comunicación social, dado que disminuye la necesidad de una mayor intensidad en el trabajo.6 Al mismo tiempo, la inteligencia artificial, las operaciones controladas por computadora, los algoritmos y la robótica demandan menos acción humana y supervisión directa. El dinero puede comprar más productos por la misma cantidad de trabajo humano caro, que está siendo reemplazado muy rápidamente por la automatización. Este es un factor deflacionario y una tendencia que probablemente continuará.

Teniendo en cuenta estos temas globales de la deflación, los responsables políticos deben crear, a su pesar, inflación.

Japón fue el primer país desarrollado que debió enfrentar una deflación a largo plazo. Esta todavía persiste y no se vislumbra su final. Ensayaron lo que se conoce como dinero helicóptero, que simplemente consiste en verter dinero en efectivo a los bolsillos de los ciudadanos, en cantidades que alcanzan los miles de millones de dólares. El dinero desapareció. ¿A dónde fue a parar? La mayor parte se metió en congeladores. En la década de 1990, las oficinas comerciales se referían a Japón como la economía del congelador. Recordemos que la mentalidad de la deflación es significativamente distinta de la de la inflación. Los japoneses ya habían experimentado varios años de deflación y simplemente tomaron el dinero y literalmente lo almacenaron en sus congeladores, a menudo en bloques de hielo. Congelado allí ganaba intereses fantasma porque con cada mes transcurrido, el dinero podría comprar más cosas.

Japón también fue el primer país en aplicar las tasas de interés negativas y lo ha hecho por algún tiempo. Los bonos del Estado a corto plazo se vendieron con una prima incorporada que garantizaba que el titular perdería dinero; sin embargo, hacer esto fue mucho más inteligente de lo que uno podría pensar. Los bancos japoneses no eran de confianza y dado que la tasa de deflación de, por decir algo, el 3 % superaba la pérdida garantizada sostenida que implicaba mantener los bonos del Estado hasta su madurez (el 1,5 %), el titular en realidad ganaba dinero en términos de poder adquisitivo.

Desde entonces, el Gobierno japonés ha contraído fuertes deudas (el 237 % del Producto Interno Bruto).7 También compró la mayor parte de los bonos corporativos existentes, y es uno de los mayores tenedores de acciones japonesas, en un esfuerzo por mantener sus mercados. Es probable que otros bancos centrales hayan observado la trayectoria que los japoneses han tomado y, a regañadientes, seguirán su ejemplo.

En un momento en el que mayoría de las tasas de interés en el mundo se acercan a cero, las tasas negativas son el siguiente paso lógico que los responsables de las políticas pueden dar para estimular las economías.

Las tasas de interés negativas significan que los poseedores de las reservas, en lugar de ganar intereses, los paguen. La lógica detrás de esta política es que los ahorradores, incluidas las empresas, gastarán en la economía real en lugar de guardar el dinero. Pero quienes definen las políticas también han aprendido de la incursión japonesa en dinero helicóptero. El dinero que se inyecta directamente en los bolsillos de los ciudadanos desaparecerá en los congeladores y debajo de los colchones.

¿Resulta entonces raro que la guerra contra el dinero en efectivo haya comenzado bajo el pretexto de negar a los criminales y terroristas acceso a la financiación?

Tomar dinero del banco y esconderlo ha sido el recurso de los ciudadanos frente a una crisis financiera desde el año 400 AEC, si no antes. El Seguro de Depósitos Federales se creó después de los pánicos bancarios de la Gran Depresión para mitigar la tendencia de los depositantes a hacer justo eso. Recientemente, el Banco de la Comunidad Europea anunció que a partir de 2018 dejará de imprimir los billetes de 500 euros.8 Además, varios economistas destacados han anunciado que debería suprimirse el dinero, pues es innecesario en una época digital.9 No se trata de una coincidencia.

Pero ¿cómo puede implementarse una política de este tipo?

Las tasas de interés negativas significan que allí donde se paga interés, el flujo se invierte. En una cuenta de ahorros, al titular se le cobrará una cuota mensual o interés negativo. Siempre que el deudor deba pagar un interés (deuda de tarjeta de crédito, deuda de la hipoteca), el prestamista le paga al deudor.

Pensemos en esto. Si parece confuso, consideremos el caso de los japoneses y sus congeladores. No se trata de dinero. Se trata de lo que el dinero puede comprar.

Veamos un ejemplo: supongamos que un comerciante de manzanas quiere venderlas por una cifra superior a la que pagó por ellas.

Si hay pocas manzanas, estas se compran a precios altos y luego se les agrega un margen de ganancia. Los clientes simplemente tienen que pagar más.

¿Qué pasa si las manzanas se compran cuando están muy baratas, el comerciante las conserva de alguna manera, y luego las vende más adelante cuando el precio está alto? Podría ganar mucho más dinero.

Si las manzanas se compran cuando el precio está alto, se conservan y luego hay que venderlas en un mercado donde los precios están bajos, se perdería una gran cantidad de dinero.

Hasta acá, es sencillo. Recordemos que el dinero es una mercancía al igual que las manzanas.

Supongamos que el comerciante decide prestar sus manzanas en lugar de venderlas. Los precios en el mercado están baratos. Le presta diez manzanas a un cliente durante un año, pero el comerciante es considerado y le dice: “Mira, es posible que el precio de las manzanas pueda subir, así que déjame decirte, como eres una buena persona, solo me pagarás seis manzanas el año próximo”. ¿Qué sucede en este caso?

El cliente se muestra de acuerdo. ¡Qué buen negocio! Un año más tarde, el precio de las manzanas se ha triplicado y el cliente regresa y le entrega seis manzanas. El comerciante pagó un dólar por cada manzana, pero las manzanas valen ahora tres dólares cada una. El cliente le paga seis manzanas, que ahora valen 18 dólares.

Las manzanas que el comerciante recibió eran mucho más caras que las que el cliente pidió prestadas el año anterior.

Aquí puede apreciarse el concepto de cómo los bancos podrían ganar dinero con las tasas de interés negativas.

Supongamos que un cliente toma en préstamo 1.000 dólares y el banco dice: “Gracias por tomar este préstamo, y como una bonificación especial le pagaremos 120 dólares, o diez dólares al mes, que acreditaremos a su cuenta corriente”.

Totalmente de acuerdo. ¡Qué buen negocio! Un año más tarde el cliente paga los 1.000 dólares, y advierte que el monto que está pagando ahora puede comprar dos veces la cantidad que compraba antes. El cliente acaba de pagar al banco 1.000 dólares que ahora tienen un valor de 2.000 dólares en términos de poder adquisitivo. En total, el cliente recibió un préstamo de 880 dólares, si deduce el interés que el banco le ha pagado. El banco, por otra parte, pagó 1.120 dólares y recibió de vuelta 1.000 dólares que, debido a la deflación, valen ahora 2.000 dólares en términos de poder de compra. En términos reales, el banco se benefició con 880 dólares.

Esto funciona con la misma facilidad en cualquier hipoteca, solo que los números son más grandes.

Tales políticas aparentemente extrañas no lo son tanto después de todo, pero siguen siendo una acción de contención. La verdadera cuestión que enfrentan los bancos centrales es: ¿cómo evitar en última instancia las consecuencias de las cesaciones de pagos que normalmente se producen durante un ciclo de crédito, protegiendo a la vez al sistema bancario de una vaporización?

Hay soluciones y algunas ya se han ensayado.

El rescate (intervención del gobierno con dinero de los contribuyentes) fue un método al que se le dio rienda suelta en los meses y años siguientes a 2008, con un éxito limitado.

La otra solución es la recapitalización interna, o bail-in en inglés.10 Esta se hizo en Chipre y Grecia hace relativamente poco tiempo. Los depositantes que superan cierta cantidad, simplemente perderán una parte (30 %) de sus ahorros.11 Esto también funcionó hasta cierto punto; sin embargo, muchos depositantes tuvieron la previsión de sacar en efectivo sus depósitos a través de los cajeros automáticos antes de que se produjese el bail-in. Otros transfirieron sus fondos a cuentas en otros países.

Para que una recapitalización interna funcione es necesario que los depositantes mantengan su dinero en el sistema, lo que significa una economía totalmente digital. Mientras más fondos se tengan en la mano, menor será la pérdida de derechos sobre el dinero que los depositantes tendrán que soportar.

No sabemos si esto ocurrirá, pero ante la falta de otra alternativa fácilmente disponible, podría hacerse realidad.

En algún momento, ya sea en un futuro lejano o incluso más pronto, será necesario abordar la pregunta de cómo mantener el sistema financiero y habrá que adoptar medidas.

Bienvenidos al mundo de la banca de deflación. Puede que no suceda, pero por otra parte, podría ocurrir.

 


1. Tamny, J. (2012) Ron Paul, Fractional Reserve Banking, and the Money Multiplier Myth, Forbes. Consultado el 5 de mayo de 2016 en: http://www.forbes.com/sites/johntamny/2012/07/29/ron-paul-fractional-reserve-banking-and-the-money-multiplier-myth/#76aaba0b6704.
2. Gascoigne, B. (2001) History of Banking, History of the World. Consultado el 5 de mayo de 2016 en: http://www.historyworld.net/wrldhis/PlainTextHistories.asp?groupid=2450&HistoryID=ac19&gtrack=pthc.
3. Huerta de Soto, J. (2006) Money, Bank Credit, and Economic Cycles. Consultado el 5 de mayo de 2016 en: https://mises.org/sites/default/files/Money_Bank_Credit_and_Economic_Cycles_De%20Soto.pdf.
4. Garrison, R. (2002) Business Cycles: Austrian Approach. Consultado el 5 de mayo de 2016 en: http://www.auburn.edu/~garriro/c6abc.htm
5. Mauldin, J. (2016) 6 Charts that show the Global Demographic Crisis is Unfolding, Forbes. Consultado el 5 de mayo de 2016 en:http://www.forbes.com/sites/johnmauldin/2016/05/02/6-charts-that-show-the-global-demographic-crisis-is-unfolding/#4225bc475e26.
6. Sin autor (2016) America’s Plunging Worker Productivity Explained (in 1 Depressing Chart) Zero Hedge. Consultado el 5 de mayo de 2016 en: http://www.zerohedge.com/news/2016-05-02/americas-plunging-worker-productivity-explained-1-depressing-chart.
7. Ewing, J. (2016) Europe to remove the 500-Euro Bill, the ‘Bin Laden’ Bank Note Criminals Love, The New York Times. Consultado el 5 de mayo de 2016 en: http://www.nytimes.com/2016/05/05/business/international/ecb-to-remove-500-bill-the-bin-laden-bank-note-criminals.html?_r=0.
8. Elmore, Kirkwood; Chehabi, Evans (2013) The Spiraling Cost of Debt, A Study on the Impact of Debt on GDP Growth and Long Term Interest Rates. Consultado el 5 de mayo de 2016 en: http://glendontodd.com/wp-content/uploads/2014/10/2013-Marco-Project-Debt-to-GDP.pdf.
9. Sin autor (2016) Larry Summers Launches the War on Paper Money: “It’s Time To Kill the $100 Bill”, Zero Hedge. Consultado el 5 de mayo de 2016 en: http://www.zerohedge.com/news/2016-02-16/larry-summers-launches-war-us-paper-money-its-time-kill-100-bill.
10. Zhou, Rutledge; Bossu, Dobler; Jassuad, Moore (2012) From Bail-out to Bail-in: Mandatory Debt Restructuring of Systemic Financial Institutions, International Monetary Fund. Consultado el 5 de mayo de 2016 en: https://www.imf.org/external/pubs/ft/sdn/2012/sdn1203.pdf
11. Osbourne, H., Moulds, J. (2013) Cyprus Bailout deal: at a glance, The Guardian. Consultado el 5 de mayo de 2016 en: https://www.theguardian.com/business/2013/mar/25/cyprus-bailout-deal-at-a-glance.


Si desea inscribirse en nuestro artículo mensual, por favor haga clic aquí.

¿Interesado en reproducir uno de nuestros artículos? Consulte nuestros requisitos de reproducción.

© 2016 Dynamic Doingness, Inc. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida sin el permiso escrito del autor.

  1. Lucia
    Lucia05-13-2016

    In reading the article, it says about Japan “Short-term government bonds were sold with a built-in premium that guaranteed that the holder would lose money”. I realize it later says “guaranteed loss”, and this is so astonishing that I wonder if you can explain further. I think I would be put off from buying these bonds, how did they get people to buy them?

    • Ivan
      Ivan05-13-2016

      Thanks Lucia for the question. Let me know if this makes it clearer:

      Short-term bonds are sold at a discount determined by the market (say $900) and always mature at a set amount ($1,000). The interest earned is expressed in the difference between the issued price ($900) and the maturity price ($1,000). There is no interest payment.

      If you have a large amount of money, you cannot put it in a bank because if the bank fails, you lose it. There is only cash and short term government bonds as alternatives. If you purchase the bond at $1,010 and it pays $1,000, you lose 1%. If the $1,000 you receive can now buy goods worth $1,020 when it matures, you have made $10 in terms of what the money can buy. It is a good deal.

      Even if the buying power is not $1,020 and stays the same ($1,000), you have essentially spent $10 or 1% to ensure you get 99% of your money back. It is like buying insurance which is the way it is thought of in Japan. Banks are not trusted.

  2. Craig Houchin
    Craig Houchin05-22-2016

    Hey Ivan,

    Great explanation of a complex subject. As you are more of a market and economy watcher and historian than I, do you have any sense of what the market makers and shakers are doing with their money and investments to prepare or to hedge their bets in this current environment?

  1. A Power Story06-10-16

Leave a Reply