Mérito

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Septiembre de 2016
Iván Obolensky

El mérito se define como la cualidad que tiene algo o alguien de ser particularmente bueno o valioso. El sentido original de la palabra en la lengua inglesa hablada entre los siglos XI y XV era “recompensa o castigo merecido”.1 La meritocracia es un gobierno o un sistema organizacional en el que la elección de las personas que detentan el poder o la autoridad se basa exclusivamente en su aptitud.2

La historia revela que solo han existido apenas unas cuantas meritocracias, pero que donde han tenido lugar se han vivido grandes cosas. Cuando se examina este sistema en el contexto de nuestro mundo moderno, es algo que merece considerarse.

La dificultad con un sistema que se sustenta en el mérito, ya sea gubernamental o corporativo, es que es rígido, implacable e inclemente. En él no existen las concesiones. Los sistemas basados ​​en el mérito solo seleccionan a los mejores.

La historia señala que la implementación de un sistema de este tipo nunca ha sido fácil. Antes de la era moderna, la meritocracia se arraigó mediante una amplia aceptación de un conjunto único de ideas (confucianismo) o por medio de la conquista (los kanatos del Imperio mongol). En tiempos más modernos, los enfoques meritocráticos se han aplicado principalmente en el ámbito corporativo, con algunas excepciones, pero incluso las corporaciones que han decidido crear un sistema de este tipo han enfrentado dificultades. La razón principal es el prejuicio.

Gapjumpers es una empresa emergente de Silicon Valley que ofrece una plataforma tecnológica para la contratación por medio de pruebas a ciegas, en las que se utilizan retos en forma de tareas. Por ejemplo, si se quiere contratar codificadores, se crea entonces una tarea en la que los candidatos utilicen el lenguaje de codificación específico que se requiere, como SQL, Java, C# o Python.

El uso de pruebas a ciegas suprime el riesgo de las evaluaciones sesgadas. En el caso de las tareas de programación, cada una es evaluada y clasificada. No hay ninguna indicación de quiénes son los aspirantes, solamente se conoce su desempeño. Los mejores son entrevistados luego por los directores de recursos humanos.

El empleo de este formato permitió descubrir que el 60 % de los candidatos más talentosos procedía de entornos con baja representación, un resultado bastante sorprendente.

Por ejemplo, era de esperarse que los candidatos de mejor desempeño fuesen graduados recientes de las universidades de mejor nivel, con pasantías en empresas prestigiosas y experiencia previa en tecnología.

Los entornos mal representados serían en este caso aquellos que anteriormente no habían logrado incluir solicitantes cualificados, o sin una participación porcentual proporcional en el conjunto actual de empleados.

En el caso anterior, quienes eran autodidactas, no tenían educación formal o se capacitaron en línea eran rechazados por carecer de cualificación, según los regímenes de contratación usados antes. Otros candidatos excluidos podrían ser quienes fueran viejos, muy jóvenes o tuvieran alguna discapacidad. En otro grupo podrían hallarse solicitantes de un género u origen étnico específico o de un país de origen diferente.

En muchos casos, se esperaba que la educación, la capacitación y la experiencia de élite definirían a los candidatos de mejor desempeño y, por tanto, mejor cualificados. Sin embargo, este no resultó ser el caso.

El sesgo, de una forma u otra, había excluido de la preselección a un porcentaje de los candidatos más cualificados.

Dicho de otra manera, la contratación basada ​​en el currículum, las recomendaciones y otros criterios que no se relacionaban con el desempeño seleccionaba a tan solo el 40 % de los mejores candidatos y dejaba a la mayor parte (el 60 %) en la sombra.3

Durante la Edad de Oro de Atenas, los cargos administrativos se definían por sorteo. Por supuesto, había que ser un ciudadano para poder participar, pero el número de candidatos era bastante grande. Incluso este sistema ofrecía una mejor oportunidad de aprovechar el talento no descubierto, por el simple hecho de que los mejores tendrían el 50 % de probabilidades, lo que representa un 10 % más que en el caso del 40 % que señalamos antes.4

El primer caso de meritocracia se vivió en China. Confucio, alrededor del 600 AEC, concibió la idea de que quienes gobernaran deberían hacerlo por sus méritos más que por una condición hereditaria. Con el tiempo esto dio lugar a la aplicación de los exámenes imperiales. Solo quienes los aprobaban calificaban para los cargos administrativos. A medida que el gobierno se hacía más complejo y sofisticado, se volvió crucial contar con funcionarios que realmente supieran lo que hacían. Los resultados del examen para la función pública y la instrucción necesaria para obtener una puntuación destacada se convirtieron en objetivos fundamentales para quienes buscaban hacer carrera en el gobierno. La idea de que la virtud y la honestidad triunfaban sobre la condición social o el padrinazgo abrió la puerta a períodos de estabilidad y expansión económica, que culminaron en la dinastía Han (206 AEC – 200 EC), considerada durante mucho tiempo como una edad de oro en la historia de China.5

Se desconoce exactamente cómo se arraigó este concepto en la India; solo se sabe que en siglo XVIII la Compañía Británica de las Indias Orientales implementó el concepto de una administración pública basada en exámenes, en vista del éxito del sistema en China. Este sistema cerró deliberadamente las vías anteriores de ascenso y designación regidas por el favoritismo y la corrupción, y más tarde fue utilizado como modelo en Inglaterra y el resto de Europa.6

Tal vez la forma más estricta de la meritocracia fue instituida por uno de los imperios más controvertidos de la historia, el de los grandes Kanes.

Gengis Kan fundó el Imperio Mongol a comienzos del siglo XIII. En su momento de mayor apogeo bajo Kublai, se extendió desde el océano Pacífico hasta el Mediterráneo. En sus campañas de conquista, los mongoles no dejaron a su paso estructuras, solo puentes. No crearon ninguna tecnología, ningún arte ni cultivos, ni dejaron nada que marcara su tránsito, sin embargo, casi todos los territorios que invadieron vivieron una mejora sin precedentes en el comercio y la comunicación entre las culturas, lo que se tradujo en una mejor civilización.

Los europeos de la época vilipendiaron la cultura de los mongoles. Una indicación de esta actitud se encuentra en la palabra utilizada para describir a los niños con síndrome de Down. Hasta hace poco fueron llamados, despectivamente, mongólicos. La visión de que los mongoles eran la mayor plaga de la humanidad fue propagada por muchos escritores europeos de la época. Un clérigo que escribía al arzobispo de Burdeos, los describía como “caníbales del infierno que se comen a los muertos después de la batalla y dejan solo los huesos…”.7 Esos recuentos creaban en el pueblo visiones de masacres y montañas de cráneos coronando ciudades que alguna vez albergaron a miles de habitantes. Esta impresión ha persistido hasta hoy.

Los hechos son distintos. Los mongoles desplegaron en su momento la fuerza militar más formidable del planeta, pero el tamaño del ejército autónomo mongol que avanzaba sobre Asia nunca superó los 100 000 soldados. Si bien se veía complementada por tropas aliadas, la fuerza era a menudo una fracción del tamaño de los distintos ejércitos que enfrentaba, pues a menudo dividía sus fuerzas en grupos más pequeños para atacar varias ciudades a la vez. Eran maestros de la estrategia especializados en el arte de la retirada táctica para hacer desplegar la caballería contraria y emboscarla luego en el momento que quisieran. No es de extrañar que los derrotados exageraran el número de los soldados mongoles, de modo que el ejército pareciera mucho más grande de lo que en realidad era, y que se refirieran a sus adversarios con términos que los describían como seres menos que humanos.

¿Cómo lograron hacer tanto con tan poco? Esta es una pregunta que vale la pena formularnos. La respuesta está en que desperdiciaban poco.

Lo primero que hacían los invasores mongoles, una vez que conquistaban una ciudad o territorio, era deshacerse de la aristocracia. Los Kanes fueron siempre pragmáticos y la experiencia les dictaba que la nobleza representaba más problemas de lo que valía. En Rusia, la lucha constante entre príncipes le ocasionaba a la población dificultades generalizadas y persistentes. La invasión que hicieron los mongoles de Kiev y la destrucción posterior de la ciudad en 1240 EC pusieron fin a estas dificultades. El resultado fue una nueva prosperidad para un territorio que se extendía desde el Mar Negro casi hasta Moscú, al norte.8

Una vez depuesta la nobleza, se examinaba a los que quedaban para determinar su capacidad de leer y escribir, así como la posesión de habilidades necesarias, tales como las de los artesanos, artistas, metalúrgicos, comerciantes, académicos y médicos. Cualquier persona que tuviese una especialidad útil era perdonada con la condición de que realizara un acto de lealtad, como alimentar los caballos del ejército, por ejemplo. Cuando este simple acto era ofrecido (no siempre) a los derrotados, y estos lo realizaban adecuadamente, se convertían en parte del kanato y, por lo tanto, en agentes protegidos que no podían ser eliminados o torturados.

Con cada conquista los mongoles abrían el territorio al comercio y a nuevas ideas. Finalmente, se dio uno de los mayores intercambios entre culturas que jamás haya tenido lugar. Luego llegaron la paz y la prosperidad.

Tan extendido y dinámico fue el intercambio de ideas, que el mundo se transformó para siempre. Europa dejó de usar túnicas y los pantalones y las chaquetas tomaron su lugar. Se introdujeron técnicas de minería alemanas en China, y en Persia se utilizó la medicina del Lejano Oriente. El uso de alfombras se hizo universal. Los cañones se convirtieron en un arma viable cuando la pólvora se combinó con la tecnología de fundición europea. Los mongoles crearon lo último en hibridación, y el resultado fue una mejora universal. Irónicamente, la principal beneficiaria de esta interrelación masiva de los conocimientos del mundo fue Europa, a pesar de las fuertes críticas que esta derramó sobre el imperio que la hizo posible. Europa se benefició con las innovaciones tecnológicas y las ideas llegadas del Oriente Medio, a través de Italia y Europa del Este hasta Francia y más allá. El Renacimiento avanzó con el flujo de conocimientos que corría de este a oeste, a lo largo de la Ruta de la Seda.

Gran parte de Austria y las tierras al oeste de Alemania no fueron conquistadas por dos razones: la primera fue que los ejércitos mongoles actuaban mejor cuando no se hallaban restringidos por los bosques, y, en segundo lugar, porque las partidas de exploración sentían que no había casi nada que mereciera ser conquistado. Una vez que despojaban a los terratenientes del territorio subyugado, lo único que quedaba eran siervos. En comparación con el Lejano y Medio Oriente, Europa se hallaba empobrecida.

Existía la práctica libre de cualquier religión. No había discriminación. El progreso dependía de lo bien que cada persona realizara su trabajo y de lo útil que fuera. El imperio que crearon no se basaba en la cuna, la riqueza o el padrinazgo, sino en el desempeño. Debido a que los hombres iban a la guerra, las mujeres se hacían cargo de gran parte del funcionamiento cotidiano de un imperio que abarcaba la mayor parte de Asia. Hubo varios períodos en los que una mujer ostentó el poder del Gran Kan, en calidad de regente.

El mérito se impuso y siguió la prosperidad, pero había un inconveniente. Los que tenían la desgracia de ser analfabetos y no contar con habilidades útiles eran tratados como personas insignificantes. Eran utilizados a menudo para rellenar los profundos fosos que rodeaban las ciudades amuralladas sitiadas por los ejércitos, sirviendo así de alguna manera a los mongoles.

Los mongoles fueron los máximos globalistas. Dondequiera que iban, creaban un orden de mayor nivel a partir del caos generado por la conquista. Instituyeron el libre comercio, un código legal único que se extendía por todo el imperio, un alfabeto universal que facilitó la comunicación en todos los idiomas, así como la alfabetización universal. Promovieron activamente el comercio y el intercambio. Los orígenes de una persona no importaban. Incluso el gran Gengis Kan había sido esclavo.

Pero no todo era felicidad bajo el imperio de los mongoles. Disputas familiares causadas por rivalidades entre hermanos en los más altos niveles del kanato daban lugar a confusión y malestar con repercusiones internacionales. Aun con todo esto, el imperio funcionaba sin problemas, prosperó y se mantuvo en su mayor parte libre de prejuicios, cuando se compara con los reinos e imperios que siguieron. Era la Ley.9

La conquista fue una manera de hacer florecer la meritocracia, pero esta duró menos de 200 años hasta que el faccionalismo y el ascenso al poder de gobernantes que no eran mongoles la erosionaron y sus lecciones se olvidaron rápidamente.

Durante los años que siguieron, el progreso basado en el desempeño y la asignación de cargos de acuerdo con la cualificación han sido reconocidos como formas válidas para fomentar el crecimiento y prevenir desastres ocasionados por la falta de habilidad, pero su aplicación ha sido incompleta. Los sesgos y prejuicios persisten hoy en día, tal vez no tan acentuados como en épocas anteriores, pero están lejos de haber desaparecido. Muchas empresas y órganos de gobierno, supuestamente basados en el mérito, todavía muestran diferencias en la compensación, selección sesgada para la promoción de las personas y limitaciones veladas al ascenso laboral por motivos de género o de pertenencia a minorías. El ingreso a las universidades de élite no se basa únicamente en el mérito. Nos rodean muchos ejemplos de sesgo. Ahora somos más conscientes de esto, y las organizaciones toman medidas mediante la constitución de comités de compensación y de contratación para crear una red más amplia, buscando asegurar que no se excluya a las personas más talentosas, pero el concepto no se encuentra universalmente implementado con el rigor necesario.

En una escala mucho más amplia, para sobrevivir y prosperar la humanidad debe utilizar sus mejores recursos y estos se encuentran en las capacidades, la voluntad y los esfuerzos de quienes la conforman. ¿Cuántas personas extraordinarias hay que han sido excluidas o que han visto incluso su aceptación o promoción bloqueadas deliberadamente? No sabemos la respuesta, pero lo que sí sabemos es que son muchas, de acuerdo con los resultados de estudios de parcialidad en la contratación corporativa.

Uno de los elementos clave de una meritocracia es la alfabetización y la educación. En Estados Unidos hay 42 millones de estadounidenses graduados de secundaria que son funcionalmente analfabetos y no saben leer. Otros 50 millones leen apenas en el nivel de cuarto o quinto grado, y estas cifras aumentan a un ritmo de dos millones al año. El ochenta por ciento de las familias en Estados Unidos no compró un solo libro el año pasado, ni siquiera electrónico.10

Este hecho por sí solo indica que, funcionalmente, no existe una sociedad basada en el mérito, al menos en Estados Unidos. Si sumamos a esto que las universidades producen graduados con títulos de poca utilidad, estaremos muy cerca de confirmar con certeza esta premisa.

Vivimos en una época de polarización y división tan intensas como pocas veces se ha visto en la historia. ¿Qué podría unificar a una sociedad tan fracturada? En mi opinión, el mérito puede superar la división de nuestra época, puesto que nadie puede controvertir la aptitud. Esto es algo con lo que todos podemos estar de acuerdo. Y es necesario que lo adoptemos.


  1. (1991) Random House Webster’s Collegiate Dictionary. Nueva York, NY: Random House.
  2. (1991) Random House Webster’s Collegiate Dictionary. Nueva York, NY: Random House.
  3. Cooper, M. (1 de diciembre de 2015). The False Promise of Meritocracy, The Atlantic. Consultado el 8 de septiembre de 2016 en: http://www.theatlantic.com/business/archive/2015/12/meritocracy/418074/.
  4. Durant, W., y Durant, A. (1939). The Story of Civilization Part II, The Life of Greece. Nueva York, NY: Simon & Schuster.
  5. Durant, W. (1963) Our Oriental Heritage, The Story of Civilization Part I. Nueva York, NY: Simon & Schuster.
  6. Bodde, D. (2004) Chinese Ideas in the West, Asian Topics in World History, Asia for Educators. Consultado el 8 de septiembre de 2016 en: http://afe.easia.columbia.edu/chinawh/web/s10/ideas.pdf.
  7. Weatherford, J. (2004). Genghis Khan and the Making of the Modern World. Nueva York, NY: Crown Publishing.
  8. Hosking, G. (2012) Russian History, A Very Short Introduction. Nueva York, NY: Oxford University Press.
  9. Weatherford, cit.
  10. Hedges, C. (2016) America the Illiterate, Consultado el 8 de septiembre de 2016 en: http://www.truthdig.com/report/item/20081110_america_the_illiterate.

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  1. Craig Houchin
    Craig Houchin09-14-2016

    Meritocracy in the U.S. would be a grand experiment. We just need to get over the first hurdle — the fact that the people currently in place to implement such a system would probably the first victims of such a system once it got functioning. Ha! Catch-22.

    Fun article, and food for thought. Thanks.

    craig

    • Ivan
      Ivan09-22-2016

      That has probably been the problem all along and the reason that it either has taken conquest or a widespread change in thinking to precipitate the necessary changes. I would posit a major event took place just before, that awoke the population to the need for change, particularly in the segment of the population from which potential leaders rose to power. Meritocratic thinking is rare. It happened in Athens with Solon who was given authority to make the necessary changes when Athens was on the brink. Coincidentally, this occurred in the same time period of Confucius, Siddhartha, Zoroaster, and others. The German philosopher Karl Jaspers coined the term the Axial or Axis Age. He described it as “an interregnum between two ages of great empire, a pause for liberty, a deep breath bringing the most lucid consciousness…” Some believe it was the rise of the urban environment at the time that necessitated a large number of philosophical leaders across diverse and distant cultures.

  2. Silvia
    Silvia09-16-2016

    Makes total sense. Mexico is a perfect example of ‘get a position based on connections alone’ independently of the ability, or lack of, of the new employee.
    The result of many years of ‘do as little as possible with a fat cheque’ has led Mexico into a bureaucracy where governors, presidents, senators and so forth do not care to serve their country, far less have any ability to create positive changes.
    This is a culture that has been going on probably since the Spaniards invaded Mexico.
    Result: poverty, stolen millions by governors or presidents and a society that tries to evade any gubernamental imposed rules as no benefit will be received at the other end.
    Merit, and definitely professionalism, are non-existent in the Mexican culture.

    Great article Ivan, thank you

    • Ivan
      Ivan09-22-2016

      You are welcome. Who you know (cronyism) has always been an obstacle to merit.

  3. Georgette Blanchard
    Georgette Blanchard09-22-2016

    Loved it, loved it! As a woman who has, of course, faced discrimination (not to mention quite small and too young looking which is considered a “handicap” in many selections), I can’t but agree. If we were using merit more often, and more regularly, the world would be a better place. But politics (in organizations and in the world) often takes the place of good choices.

    BTW, years ago (30 or so), the new chief of the Montreal Symphony Orchestra, Charles Dutoit instituted blind choosing of musicians. Everybody was behind a curtain and nobody could see what or who they were… lo and behold, suddenly, the orchestra had a lot more women!! and the orchestra went on to win so many prizes that it had not done before. Coincidence? I think not. Merit should be a big factor in choosing anyone for jobs or promotions or any kind of opening or recognition.

    • Ivan
      Ivan09-22-2016

      I absolutely agree. I have several Montreal Symphony recordings. Merit is so obvious
      yet so hard to implement because it comes up against the fixed ideas, vested interests,
      and patronizing that has been the way to the top for some time. We have improved,
      but I think we have slid backwards in recent years. Change is coming, however.

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