Lenguaje y pensamiento

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Febrero de 2012
Iván Obolensky

El lenguaje es un tema fascinante. Gran parte de la manera como nos expresamos y nos hacemos entender depende de nuestra habilidad para usar el lenguaje. Mientras mejor podamos comunicarnos con los demás, más valiosos parecemos ser, tanto en nuestro trabajo como en nuestras relaciones. Estas capacidades se conocen como “habilidades sociales” o “don de gentes” y en un mundo donde cada día la interacción con las máquinas es mayor, estas habilidades muchas veces se pierden. Cuando hablamos directamente con alguien que entiende lo que queremos, y se asegura de satisfacer nuestras necesidades oportunamente, quedamos encantados. Elogiamos a la persona y a la empresa para la que trabaja. Le damos negocios más adelante y, a menudo, lo recomendamos. Sin estas habilidades sociales nuestras oportunidades de conseguir empleo serían inciertas, simplemente porque la entrevista de trabajo podría llegar a ser un desastre. Se considera generalmente que quienes hablan bien y de manera convincente son inteligentes y es a ellos a quienes se contrata.

¿Cuál es entonces la relación entre el lenguaje y el pensamiento? ¿Es el lenguaje el que da forma a nuestros pensamientos o los pensamientos al lenguaje? Estas inquietudes han rondado la mente de muchas personas durante siglos.

Empecemos con una pregunta, ¿qué es más incluyente: el pensamiento o el lenguaje?

Si utilizamos imágenes, el pensamiento parece definir un espacio más grande que el lenguaje. Conducir un auto o incluso caminar son acciones que requieren pensar, pero no exigen necesariamente el lenguaje. Imaginemos que chocamos contra un poste de luz. El lenguaje es sin duda necesario para expresar nuestra consternación por la dolorosa realidad que acabamos de experimentar, y se requiere también para explicar a los que nos miran, con expresión preocupada, que simplemente no estábamos prestando atención. Sin embargo, caminar, poner el pie hacia abajo, hacer equilibrio, y avanzar, no requiere del lenguaje, pero tiene que ver con el pensamiento. De hecho, solo hace poco, con el aumento del poder informático, los ingenieros pudieron crear máquinas que caminaran, e incluso corrieran en dos piernas, equilibrándose como un ser humano.

Podríamos concluir que el lenguaje es un subconjunto del pensamiento, ya que pensar contiene una actividad mental que no está basada en el lenguaje, ¿pero define el lenguaje la forma como pensamos?

Esta pregunta también ha sido debatida durante muchos años. En 1940 el MIT Technology Review publicó un artículo de Benjamin Whorf sobre el lenguaje y su capacidad para influir en la forma en que podemos pensar. Esto se conoce como la hipótesis de Sapir-Whorf y afirma que hay distinciones codificadas en un lenguaje que no se encuentran en otro. Whorf citaba algunas lenguas nativas americanas que imponen una realidad concreta en el hablante de modo que, según él, un indígena hopi norteamericano no lograba entender conceptos tales como el flujo del tiempo. Él sostenía que un físico inglés y un hopi no serían capaces de compartir sus pensamientos debido a la diferencia en el lenguaje.1

Eventualmente se encontró que esta teoría tenía algunos defectos. Después de todo, si somos capaces de traducir de hopi a inglés y de inglés a hopi, y crear un entendimiento entre los dos, ¿cómo podría validarse tal teoría? El hecho de que no sea posible expresar un concepto ajeno a un idioma no significa que el concepto no pueda ser traducido alguna vez. Tampoco significa que el concepto no pueda entenderse en el otro idioma.

A modo de ejemplo, el chino no tiene un modo subjuntivo, pero eso no significa que este idioma sea limitado. Recordemos que un verbo en modo subjuntivo expresa una condición que es dudosa o que no se basa en hechos, en lugar de una declaración fáctica (indicativo). Este modo se encuentra con mayor frecuencia en oraciones que comienzan con la palabra: si, y en inglés se utiliza para expresar declaraciones de deseo (si tan solo usted estuviera aquí) y para hacer declaraciones contrafácticas (si yo fuera usted, no iría).2 En chino, los verbos no se declinan en tiempo, persona, voz ni modo. Un verbo tiene la misma forma en todas las circunstancias. El chino se basa en el contexto y en las palabras relacionales (si… entonces) para indicar el tiempo, la voz y el modo.3

Aunque la hipótesis de Sapir-Whorf ha perdido prestigio, todavía existe evidencia de que nuestra lengua materna afecta la forma en que percibimos el mundo. En una pequeña comunidad aborigen en el norte de Australia, los residentes hablan sobre el espacio de una manera diferente. En lugar de usar palabras como izquierda, derecha, adelante y atrás, utilizan los puntos cardinales Norte, Este, Oeste y Sur. Dicen, por ejemplo, mueva la taza al norte en lugar de decir hacia la derecha. Esto implica y demuestra que en realidad tienen un profundo sentido de la dirección, ya que no se puede hablar correctamente sin tal sentido.4

Un cambio sutil en el pensamiento tiene lugar cuando se pasa de un idioma a otro. El lenguaje utilizado puede influir en cómo se ve el mundo y en la manera de pensar. Pero concentrarse en las influencias de la lengua materna sobre nuestra mente deja de lado la influencia mucho más profunda que representa la propia existencia de los idiomas.

Consideremos qué pasaría si no tuviéramos el idioma y nos comunicáramos telepáticamente, solo a través de imágenes y conceptos. ¿Cómo nos influenciaría eso? ¿Nos pararíamos siempre frente al que habla? De hecho, ¿sería necesario que lo viéramos? ¿Habría evolucionado de manera distinta el diseño de nuestro cuerpo por no depender de la visión y la audición que exige la comunicación oral basada en el lenguaje? ¿Influiría eso en nuestro gregarismo humano? ¿Qué pasaría con la privacidad? Tal vez todos haríamos parte de una mente colectiva y, ¿qué significaría eso? ¿Cómo veríamos la vida y la muerte?

Creo que gran parte de nuestro comportamiento está dictado por los ajustes predeterminados que son el resultado de ser expertos en el idioma, en primer lugar, y por el hecho de usar el lenguaje. El lenguaje afecta nuestro pensamiento y este a su vez afecta el lenguaje. Son hilos que se trenzan, pero el hecho de que usemos el lenguaje constituye sin duda alguna la influencia más profunda que tenemos.


1 Deutscher, G. (2010, agosto 26). Does Your Language Shape How You Think? Consultado el 17 de febrero de 2012, en http://www.nytimes.com/2010/08/29/magazine/29language-t.html?_r=1

2 English Plus. (sin fecha). The Subjunctive Mood. Consultado el 17 de febrero de 2012, en http://englishplus.com/grammar/00000031.htm

3 Powrie, S. (2010, febrero 2). Comparisons between the Chinese and English subjunctive. Consultado el 17 de febrero de 2012, en http://n3r0t0x1n.blogspot.com/2010/02/comparisons-between-chinese-and-english.html

4 Boroditsky, L. (2009, junio 12). How Does Our Language Shape the Way We Think? Consultado el 17 de febrero de 2012, en http://edge.org/3rd_culture/boroditsky09/boroditsky09_index.html


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