El estrés económico y la clase media (tercera parte)

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Julio de 2014
Iván Obolensky

En las entregas anteriores de este artículo (en la primera parte y la segunda parte) se determinó que una familia debe percibir un ingreso anual similar al obtenido por el 20 % que constituye el estrato superior de la población, más de 105.000 dólares como mínimo, para ser parte de la clase media.1

Una de las razones mencionadas para este escenario era el hecho de que los salarios reales (el poder de compra del dinero después de haber considerado la inflación) se han mantenido prácticamente inalterados desde 1972. Esto significa que a pesar de los aumentos en los salarios, la cantidad de bienes que pueden adquirirse con estos ha permanecido igual mientras que los gastos, en general, y los de la educación y la medicina, en particular, disminuyen la calidad de vida de la clase media.2

A pesar de su importancia, estos factores no constituyen toda la historia. Un gasto clave que no estaba presente en los hogares de la década de 1970, pero que se encuentra muy extendido en la actualidad, es el costo del crédito por hogar. Los niveles de deuda de una familia son mucho más altos que en cualquier momento anterior. El problema de endeudarse es que hay un costo por pedir prestado y este ha sido un factor decisivo para la familia de clase media de hoy.

Hagamos los cálculos:

Con los salarios reales prácticamente sin cambios durante unos cuarenta años y todos los gastos en aumento, no es de extrañar que:

Se requiera un ingreso más alto hoy para pagar lo que se cubría fácilmente hace veinte o treinta años.

Los hogares que no logran aumentar sus ingresos se ven obligados a recurrir a una de las dos soluciones siguientes:

  1. Reducir los gastos y cambiar su estilo de vida.
  2. Endeudarse para mantener un estilo de vida que ya no se pueden permitir.

Muchos eligieron 2.

Los dos mayores gastos por intereses de una familia típica son los intereses hipotecarios y los intereses de las tarjetas de crédito.

Los intereses de las tarjetas de crédito han sido particularmente atroces y para entender la razón de esto es necesario ahondar un poco más en la historia bancaria.

Uno de los subproductos de las acciones adoptadas para luchar contra la inflación de los años ochenta (la inflación en Estados Unidos se acercó al 15 % en 1980) fue la Crisis de ahorros y préstamos. Los bancos habían prestado a largo plazo con intereses del 5 y el 6 %, pero tenían que pagar un 18 % para retener los depósitos. Los resultados fueron bancos presionados y numerosas quiebras bancarias.

Después de la debacle, muchos bancos reorganizaron sus procesos, respaldando la formación y la creación de nuevos mercados para las hipotecas y otros productos generadores de intereses. Mediante el uso de estos mecanismos, los bancos lograron gestionar sus riesgos y sus balances financieros. La venta de sus hipotecas significaba que podían mitigar el riesgo de poseer activos que perdían valor al momento en que las tasas de interés subían, como sucedió a finales de la década de 1970 (riesgo de la tasa de interés).

En segundo lugar, vendiendo las hipotecas por dinero en efectivo repusieron sus balances financieros, lo que les permitió hacer más préstamos.

Además, la “financiarización”, la colocación de un valor en activos tangibles e intangibles, creó muchos espacios nuevos para establecer fondos y canales adicionales y alejar los riesgos. (Un intercambio de cobertura de incumplimientos crediticios, o Credit Default Swap como se conoce en inglés, es uno de esos dispositivos. Consulte el artículo La historia de las finanzas modernas).3

Además, los bancos presionaron y lograron reformas en las leyes bancarias que les permitieron invertir en cualquier instrumento financiero que quisieran, lo que significaba que podían obtener mejores rendimientos de sus depósitos.

El resultado final de este proceso fue un sistema bancario en mejor forma y capaz de asumir más que nunca un mayor grado de apalancamiento.

En resumen: los bancos lograron reducir un tipo de riesgo (el de la tasa de interés) mediante la venta de créditos, lo que les permitió asumir e incrementar otro tipo de riesgo (el del incumplimiento de los pagos) al invertir sus depósitos en activos de mayor riesgo. En última instancia, esto condujo a la crisis de 2008; pero antes de eso, mientras los bancos ganaban más y más, la cuestión de qué hacer con todo ese dinero se convirtió en el principal y el más difícil de sus problemas.

Las tasas de interés se elevan cuando hay escasez de dinero. Dado que los bancos se hallaban inundados de fondos, las tasas de interés continuaron cayendo. (Pensemos en el dinero como una mercancía. Si hay una gran cantidad disponible, cuesta menos en la tienda, lo mismo que los tomates en temporada). La consecuencia fue que los bancos tuvieron que gastar más y enfrentar más riesgos con el fin de obtener los mismos rendimientos que tenían el año anterior. Una cosa es prestar mil millones de dólares al 10 % y otra muy distinta es tener que prestar 3.300 millones al 3 % para obtener la misma cantidad de ingresos.

Además de esto, los bancos contaban con un medio nuevo y extremadamente lucrativo para ganar dinero: la tarjeta de crédito, que representaba para los bancos, que ya estaban en buena forma financiera, un hallazgo equivalente a una bonanza minera.

En 1980, con una inflación del 15 %, las tasas del 20 y 25% para los préstamos no eran algo raro y se justificaban por el componente de alta inflación que determinaba el nivel de la tasa de interés.

Los préstamos por lo general vienen en dos formas: a término, con un tiempo fijo para pagarse, y renovable. Los créditos renovables, o rotativos, permiten al usuario tomar prestado hasta un monto establecido. No hay límites de tiempo particulares para pagar este tipo de préstamo. El usuario simplemente paga intereses sobre el capital por el privilegio de pedir prestado. El crédito renovable, dado que es abierto, tiene una estructura de tipo de interés flexible y fue la base de la tarjeta de crédito.4

El primer sistema moderno de la tarjeta de crédito fue desarrollado por Bank of America en 1958. En 1977 pasó de llamarse BankAmericard a Visa. MasterCard fue creada en 1966 por un grupo de bancos que decidió competir con BofA y recibió un impulso cuando Citibank fusionó su tarjeta de crédito con ellos.5

Tomó varios años establecer la infraestructura de la tarjeta de crédito, pero una vez consolidada casi todos los bancos descubrieron que era posible crear sus propias tarjetas utilizando el sistema de Visa o de MasterCard. El resultado fue una explosión nuclear del crédito.

Por la década de 1980 los intereses de tarjetas de crédito estaban en la parte superior de la franja del 20 %. En la década de 1990, la inflación había alcanzado su punto máximo y se dirigía a la baja hacia un 5 %, y para el año 2000 la inflación fue inferior al 3 %.

Por diversas razones, como el hecho de que se trataba un crédito renovable sin límite de plazo fijo y tal vez porque las tarjetas de crédito se comercializaban como un privilegio, las tasas de interés de esta deuda no se ajustaron a la baja para reflejar la caída de la inflación. Se mantuvieron constantes al nivel de la alta inflación.

Además del interés que se cobra a los clientes, en todas partes los comerciantes pagaban entre el 1 y el 4 %.

Ante cada retraso en el ajuste, y con un número creciente de tarjetas expedidas, la deuda de la tarjeta de crédito se convirtió en el instrumento más rentable posible, dada la cantidad de riesgo asumido.

Para poner esto en perspectiva, en la década de 1990 muchos clientes AAA estaban pagando tasas que tradicionalmente pagaban solo los peores clientes de alto riesgo (más del 20 %). En cualquier otro momento esto se habría considerado como un “desplume”.

Era fácil obtener un crédito. Considero que cuando los historiadores económicos revisen el auge de las tarjetas de crédito de los años 1980 y 1990 y los cambios en la regulación de la industria financiera, van a concluir que el exceso de liquidez generado por estas acciones alimentó las burbujas de Internet y de la vivienda, así como el “milagro” de China. Esto podría parecer una exageración, pero ¿de qué otra manera podría haberse satisfecho la demanda de bienes que se desató por causa de toda la liquidez sin que se diese un aumento astronómico de los precios? Recordemos que el auge de las tarjetas de crédito no se limitaba a Estados Unidos sino que abarcaba el mundo entero.

Además, la Reserva Federal aseguraba que el diferencial entre las tasas de largo plazo y las de corto plazo era amplio, por lo que los bancos que hacían préstamos podían prestar a tasas altas y pagar tarifas bajas a los depositantes.

La cantidad de dinero que ingresaba era demasiado grande para gastarla.

Como acotación al margen, cabe preguntarse de dónde salía todo este dinero.

Puede sonar extraño, pero este dinero provenía del futuro de la clase media.

Se tomó dinero de las casas y se gastó en el presente. Al asumir deudas renovables en forma de segundas hipotecas y tarjetas de crédito, se aprovechó y se gastó en el presente el valor futuro de los activos, tales como las casas y el ingreso futuro de los asalariados. ¿Puede uno extrañarse de que la clase media se esté reduciendo? Ha desaparecido en el pasado despojándose de su futuro.

Para el año 2000 se habían consolidado los mercados de hipotecas de modo que era posible endosar estas con la misma velocidad con que se creaban. Todo lo que se necesitaba era una manera de asegurar que existiese una forma simple de determinar la calidad del crédito y simplificar aún más el proceso.

Las dos piezas del rompecabezas fueron el aumento de la calificación del crédito, que fue respaldada enormemente por el uso de Internet, así como un dispositivo financiero denominado Tranche, una palabra francesa equivalente a tramo y que es ahora un pilar de lo que se conoce como la financiación estructurada.

Un tramo es uno de una serie de valores que se ofrecen como parte del mismo préstamo. Los tramos conforman la estructura de capital de una transacción.

Supongamos que yo decido pedir prestado a mi banco 10.000 dólares (las transacciones suelen ser bastante más complejas y por cantidades mucho más grandes). El banco me entrega el dinero, pero decide que quiere reducir su riesgo. Puede hacer esto vendiéndole a otra persona el préstamo que me hizo.

Una alternativa es dividir los 10.000 dólares en cuatro partes llamadas tramos y clasificarlas como A, B, C y D.

Cada mes tengo que pagar 100 dólares por el préstamo. El propietario de cada tramo debe recibir por lo tanto 25 dólares; sin embargo, la nueva garantía creada por el banco prevé que el tramo A tiene prioridad sobre cualquier pago, seguido por los tramos B, C y D, respectivamente. Es como una cascada y la sección del contrato de préstamo que describe esta parte es conocida como la sección de la cascada.

Si hago un pago parcial de apenas 50 dólares, entonces solo recibirán el pago los tramos A y B. Los tramos C y D no están de suerte. Si pasa un segundo mes y pago tan solo la mitad, nuevemente se les paga a los tramos A y B, pero no al C o al D.

Esto significa que los tramos A y B son de mayor calidad que los C y D, y debido a que estos tramos se consideran de menor riesgo el banco puede estipular que los compradores de los tramos A o B recibirán cada mes 15 y 20 dólares. De igual manera, los tramos C y D son más riesgosos porque son los últimos en la fila y los compradores de este bono tienen que ser compensados más, recibiendo un pago mayor de 30 y 35 dólares, respectivamente. Al final de cuentas, la misma cantidad de dinero que pago es la que se paga a los cuatro tramos, aunque no en la misma proporción.

El banco ha tomado mi préstamo y ha creado cuatro más pequeños que venderá a clientes que pagan cada uno diferentes cantidades de interés en función de si se trata del tramo A o del tramo D. El banco se encargará de la distribución de mi pago a los nuevos propietarios de mi préstamo, y aunque yo no veo esto, existe la probabilidad de que en la letra menuda que firmé para obtener el préstamo haya una cláusula que permita al banco vender mi préstamo a otra parte.

La estructura de los tramos ha creado un instrumento crediticio de más alta calidad, así como un préstamo de menor calidad. Con esta nueva estructura de préstamos, mi banco puede vender los tramos A y B a quienes necesitan inversiones de mayor calidad (como otro banco o un fondo de pensiones). También pueden vender el tramo C como un préstamo de mayor riesgo, pero hacerlo atractivo consiguiendo que pague más y mantener el tramo D, el más riesgoso de todos, en su propia cartera y hacer que pague la mayor cantidad.6

Si el banco realizó una revisión adecuada del préstamo, la porción de interés alta que retuvieron no será un problema; sin embargo, se hizo evidente que este tipo de estructura de capital era una excelente manera de aprovechar los préstamos subestándar o de alto riesgo en masa. El raciocinio fue, ¿qué probabilidades hay de que los 1.000 préstamos de un lote de 1.000 incumplan el pago al mismo tiempo?

Recuerde que los bancos simplemente no pueden mantener efectivo. Tienen que usarlo y en un entorno de tasas de interés bajas es necesario asumir riesgos con el fin de ganar lo que sea posible.

Por supuesto, si esto se hace muchas veces, habrá un gran número de tramos D escondidos en algún lugar, y es fácil entonces entender un poco más acerca de la crisis de 2008 y por qué la Reserva Federal tuvo que tomar grandes cantidades de papel moneda y retornar en su lugar bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Tal vez sea más fácil ver al final de esta serie que lo que atrapó a la clase media y la llevó a comprometer su futuro gastando en el presente fue una campaña interminable para hacer que adquiriera líneas de crédito y las utilizara.

También podemos entender un poco más claramente por qué se necesitan más ingresos que nunca para vivir cómodamente.

Este fenómeno no se limita solo a Estados Unidos, pero es probable que se presente allí donde la clase media se encuentra contrayéndose y bajo presión.

¿Y qué puede hacerse al respecto?

1. Comprender el crédito y cómo utilizarlo de manera eficiente. Hay momentos para utilizarlo y momentos para no hacerlo. Mantener una forma de vida que cada vez soporta más presión no es uno de esos momentos.

2. Comprender el ingreso real y lo que significa. Si es posible, trabajar para aumentarlo.

3. Entender que finalmente los costos fijos en ascenso pueden echar por tierra incluso la situación más equilibrada y próspera.

4. Reducir los costos fijos significa más renta disponible y una vida más fácil.

5. Ser más eficiente puede reducir los costos fijos.

Espero que encuentren útil esta información.


1. Table HINC-06. Income Distribution to $250,000 or More for Households: 2011. Consultado el 12 de mayo de 2014 en: http://www.census.gov/hhes/www/cpstables/032012/hhinc/toc.htm.

2. Thomas, K. (2012, March 12), Basics: Real Wages Remain Below Their Peak for 39th Straight Year. Middle Class Political Economist. Consultado el 12 de mayo de 2014 en: http://www.middleclasspoliticaleconomist.com/2012/03/basics-real-wages-remain-below-their.html.

3. Turbeville, W. (2013), Financialization and a New Paradigm for Financial Markets. Consultado el 13 de junio de 2014 en: http://www.demos.org/sites/default/files/publications/Tuberville.pdf.

4. Mayo, H. B. (2008), Investments: an Introduction, Mason, Ohio, South-Western Cengage Learning.

5. Simon, J. M. (2007), Visa: A short History. Consultado el 13 de julio de 2014 en: http://www.creditcards.com/credit-card-news/history-of-visa-1273.php.

6. Coval, J., Jurek, J. and Stafford, E., (2008), The Economics of Structured Finance. Consultado el 13 de julio de 2014 en: http://www.hbs.edu/faculty/Publication%20Files/09-060.pdf.


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  1. Craig Houchin
    Craig Houchin07-18-2014

    Thanks, Ivan. I enjoyed the series.

    craig

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