El estrés económico y la clase media (segunda parte)

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Junio de 2014
Iván Obolensky

En la primera parte cubrimos los siguientes temas:

  1. Una familia estadounidense debe recibir hoy un ingreso similar al obtenido por el 20 % que constituye el estrato superior de la población, para poder disfrutar de los beneficios de una típica familia de clase media de la década de 1970.
  2. Aunque los ingresos se han multiplicado varias veces desde entonces, los salarios reales alcanzaron en promedio su punto máximo en 1972 y han permanecido iguales desde entonces. Dicho de otra manera: los ingresos pueden haber aumentado, pero el poder adquisitivo del dinero recibido ha disminuido y ha borrado cualquier ganancia.
  3. William Baumol, profesor de Economía de Princeton, predijo que los costos de los bienes caerían con el tiempo, pero que los costos de la atención médica y la educación aumentarían y demandarían una parte cada vez mayor del ingreso, tanto nacional como personal. Este ha demostrado ser el caso.

Dado que los ingresos reales han permanecido estables, en tanto que los gastos han aumentado, la cantidad sobrante se ha reducido y es esta contracción la que ha causado que muchas familias que antes se encontraban sólidamente establecidas en la clase media comenzaran a padecer carencias.

Aunque los mayores aumentos de los gastos pueden haberse centrado en los costos médicos y educativos, estos no representan la totalidad de dicho incremento. Hay otro factor importante que incide, y para poder apreciarlo es necesario conocer varios aspectos acerca de las tasas de interés.

Una tasa de interés es la cantidad de dinero pagado por el prestatario a un prestamista por el uso de una cantidad de dinero. Se expresa como un porcentaje.

A pesar de esta definición inocente, el tema probablemente ha sido el fundamento de mayor controversia, la fuente de más riqueza, y la mayor causa de ruina en la historia humana aparte de la conquista por la fuerza de las armas.

Su historia no se enseña en las escuelas y, sin embargo, las tasas de interés son un elemento fundamental sobre el cual descansa la mayor parte de lo que denominamos Economía.

El tema fue considerado tan pernicioso por la Iglesia cristiana medieval que el cobro de intereses sobre un préstamo se consideraba un delito, y así se mantuvo durante más de mil años.

El cobro de intereses no es una invención moderna. Las civilizaciones antiguas de Grecia, India, China, Japón y América del Sur cobraban todas intereses sobre los préstamos, pero no fue sino hasta Hammurabi, sexto rey de Babilonia (cerca del año 1750 a. C.), que se produjo el primer intento conocido de regular las tasas de interés. Hammurabi impuso un tope del 33,3 % para los préstamos de granos y del 20 % para los de plata.

Bajo su mandato todos los préstamos tenían que hacerse por escrito y en presencia de un funcionario público. El cobro excesivo de intereses hacía que el préstamo se cancelara. El uso de una garantía era estándar, incluso en forma de las esposas, los hijos y los esclavos cuando los bienes tangibles eran pocos. Sin embargo, la ley prohibía la esclavitud por más de tres años como pago de una deuda.

Las normas de Hammurabi para los préstamos se mantuvieron casi inmodificadas durante 1200 años y pueden considerarse progresistas cuando se comparan con algunas prácticas establecidas posteriormente.1

No sabemos cómo se determinaron las tasas de interés en aquellos momentos.

Sabemos que para que las tasas de interés que se regularan y fijaran por debajo de un determinado porcentaje, deben de haber aumentado excesivamente antes de que se establecieran normas para regularlas. Además, estas leyes entraron en vigor para proteger al prestatario y no al prestamista, porque los prestamistas rara vez tenían urgencia de prestar mientras que los prestatarios a menudo se veían apremiados ​​por la abrumadora necesidad de pedir prestado a cualquier precio.

Es probable que el riesgo de pérdida fuese un factor clave en la determinación de las tasas de interés que se cobraban, pero en las economías más grandes la competencia por el uso del capital puede haber impulsado también el alza de estas tasas.

También sabemos (ver el artículo “El comercio de especias”) que el posible retorno de la inversión en el caso del comercio exterior desde el siglo XV hasta el XVII era tan alto, incluso para los estándares de hoy, que hacía que valiera la pena correr el riesgo de las pesadas cargas (encarcelamiento y tortura) que se imponían a quienes no pudiesen hacer los pagos a tiempo.

En el siglo XVI, el cobro de intereses se había extendido de nuevo como resultado del menguante poder de la Iglesia católica y del aumento del comercio entre las naciones. Pero su abuso no desapareció.

Incluso hoy en día ha sido necesario regular el interés máximo que se puede cobrar.

En Estados Unidos, bajo los estatutos de la Ley contra la extorsión criminal y las organizaciones corruptas (RICO, por la sigla en inglés), es ilegal prestar dinero a una tasa que supere en más del doble la tasa de usura del estado local. En Estados Unidos, las leyes contra la usura (leyes que prohíben el interés excesivo) son estatales, y son los estados los que establecen el máximo interés legal.2

Estas tasas van hoy desde el 8 % en Alabama hasta un máximo del 25 % en el estado de Florida para montos superiores a 500 000 dólares.3

Las tasas en los últimos ochenta años han sido establecidas por los mercados, con excepción de los últimos seis años en los que la Reserva Federal y otros bancos centrales las han inclinado significativamente hacia la baja para “estimular el crecimiento económico”.

Antes de esto, la manera espontánea para determinar cuál sería una tasa de interés típica de un préstamo era empezar con la tasa de rentabilidad libre de riesgo.

La tasa libre de riesgo era la tasa de rentabilidad con la que una persona le prestaba a otra, y con la cual existía poca o ninguna posibilidad de incumplimiento del pago. Históricamente el 3 % ha sido el porcentaje aceptado. En tiempos más recientes, esta cifra ha sido reemplazada por la tasa de interés del Tesoro de Estados Unidos a un año, que fluctúa a diario y es un poco más baja.

El interés probable del préstamo se determina sumando a la tasa de inflación la tasa libre de riesgo. A esta cantidad se le añade un porcentaje por el plazo del préstamo, y una cantidad adicional que cubra la probabilidad de un incumplimiento. El resultado es la tasa de interés que debe cobrarse.

La variable más grande en esta fórmula es la tasa de inflación.

La tasa de inflación ha variado ampliamente. Hoy, de acuerdo con algunas mediciones, se encuentra alrededor del 2 %.

En 1980, la inflación en Estados Unidos alcanzó una tasa anual de casi el 15 %.

Utilizando la anterior fórmula de interés para 1980, tendríamos que un préstamo sencillo sin riesgo costaría alrededor del 18 %.

Los certificados de depósito por un año pagaban esta cantidad en ese momento.

Los bancos quieren depósitos.

Un depositante es un prestamista para una entidad bancaria. En el mundo de hoy este concepto a menudo se pasa por alto pero, no obstante, sigue siendo cierto. Uno no es tan solo un cliente o un número de cuenta.

Los bancos hacen dinero prestando más de lo que reciben por depósitos. La proporción actual es de alrededor de 10 a 1. Esto se llama “banca fraccional”. Los bancos tratan de prestar diez veces el monto de los depósitos de los que disponen.

Este elemento es importante para la siguiente parte de la historia.

Hacia la década de 1980 muchos bancos, en particular los de ahorro y préstamo, estaban en problemas. Durante los últimos treinta años habían estado prestando dinero a una tasa del 6 % en forma de hipotecas basadas en una décima parte del monto de los depósitos. Como las tasas de interés se elevaron debido a la inflación, tenían que pagar a los depositantes tres veces más para mantener sus bancos a flote.

Con la banca fraccionaria no hay que esperar que la gente pague sus préstamos. Un banco necesita depósitos para satisfacer a los reguladores que les exigen mantener disponible en efectivo o recursos equivalentes el 10 % de todos los préstamos. Si un banco no es competitivo en el interés que ofrece a los depositantes, estos se verán atraídos por las instituciones que sí lo sean, y los depósitos se alejarán, creando una situación en la que existe una gran cantidad de préstamos y no hay efectivo.

Esta tensión entre el bajo ingreso derivado de los préstamos existentes realizados en el pasado y los altos gastos ​​ presentes generados por la exigencia de intereses por parte de los depositantes fue una de las razones centrales de la Crisis de ahorros y préstamos de la década de 1980.

Los resultados de esta crisis, además de generar un gran desastre bancario, fueron dos cambios que alteraron para siempre el panorama financiero.

El primero fue el inicio de una tendencia que ha continuado sin cesar desde entonces, denominada “financiarización”.

La financiarización describe un sistema económico que otorga un valor a todos los activos, sean estos tangibles o intangibles, para que puedan ser convertidos en un instrumento financiero y negociarse. Un ejemplo es agrupar muchas hipotecas y venderlas mediante certificados de 1000 dólares denominados “Obligaciones hipotecarias garantizadas”. 4

La idea en ese momento era que si las sociedades de ahorro y préstamo hubiesen podido vender sus hipotecas para recaudar dinero en efectivo, se habría podido evitar un desastre. Muchos bancos se encontraban atrapados con préstamos pagados al 6 % en un entorno en el que un préstamo debería ganar el 25 %, y esta situación los estranguló. Los bancos prestaban al 6 % y pagaban al 25 %.

La creación de instrumentos financieros y de mercados en los que se pudiese comerciar con ellos se convirtió en una prioridad para los bancos y las instituciones financieras.

El segundo cambio fue que los bancos lograron poder invertir en cualquier cosa que quisieran.

La noción aquí era que si los bancos en problemas hubieran podido invertir en cualquier instrumento financiero que quisieran, también podrían haber invertido y obtenido las mismas tasas altas de rentabilidad de las cuentas del mercado monetario que obtuvieron las empresas de inversión y las compañías de fondos mutuos.

Un banco que mantenía depósitos no podía invertir en los instrumentos de mayor riesgo en los que sí invertían las sociedades inversionistas y los fondos mutuos. Estas instituciones financieras atrajeron y les arrebataron a los bancos millones de dólares mediante la oferta de tasas de rentabilidad mucho más altas.

Después de la crisis de 1929, las restricciones en cuanto al tipo de inversiones se convirtieron en leyes para evitar que los bancos tomaran demasiados riesgos.5

Después de la Crisis de ahorros y préstamos, los bancos presionaron y lograron la derogación de estas normas.

Los bancos comerciales, de ahorro y de inversión tienen hoy unas reglas de juego que impiden que cualquiera de ellos tenga alguna ventaja sobre los demás.

De hecho, es irónico que las dos soluciones, la financiarización y la reducción de las barreras a la inversión, fueran los factores que en última instancia condujeran a la siguiente crisis bancaria, en 2008.

Pero antes de esta nueva crisis bancaria pudiese desarrollarse, los bancos tenían que haber ganado mucho más dinero, y esto fue lo que hicieron de una manera sutil y eficaz.

Cómo se llevó a cabo esto, y qué significó para la clase media serán los temas que cubriremos en la tercera parte de esta serie.


  1. Armstrong, M., (N.D.) 3000 B.C. – 500 A.D. The Ancient Economy. Consultado el 13 de junio de 2014 en: http://armstrongeconomics.com/research/a-brief-history-of-world-credit-interest-rates/3000-b-c-500-a-d-the-ancient-economy/. Consultado el 13 de junio de 2014 en: http://www.law.cornell.edu/uscode/text/18/part-I/chapter-96.
  2. Leyes estatales sobre la usura: Tasas de interés máximas legales. Consultado el 13 de junio de 2014 en: http://www.lendingkarma.com/content/state-usury-laws-legal-interest-rates/.
  3. Turbeville, W. (2013), Financialization and a New Paradigm for Financial Markets. Consultado el 13 de junio de 2014 en: http://www.demos.org/sites/default/files/publications/Tuberville.pdf.
  4. Mayo, H. B. (2008) Investments: an Introduction, Mason, Ohio, South-Western Cengage Learning.

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  1. Craig Houchin
    Craig Houchin07-01-2014

    Ooooh. Can’t wait for part 3!

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