Cambios demográficos

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Octubre de 2016
Iván Obolensky

Los cambios demográficos no son un fenómeno exclusivo del mundo de hoy. El Imperio romano enfrentó un problema similar. El cambio demográfico creó el contexto bajo el cual tuvo lugar el exilio de uno de los poetas más escandalosos y ampliamente leídos de Roma.

En el año 8 EC, Publio Ovidio Naso fue desterrado a Tomis, en Rumania, por el emperador Augusto. Tomis, que hoy se conoce como Constanza, se encuentra en el mar Negro, a unos 1.600 kilómetros de Roma.1

En el momento del destierro de Ovidio, la población romana, en particular la de ciudadanos de las clases altas, disminuía a un ritmo alarmante, mientras que el imperio alcanzaba su mayor grado de esplendor. Se hacían necesarios gobernadores, legisladores, juristas y generales, pero eran cada vez menos los candidatos cualificados que ascendían en rango para ocupar las plazas disponibles. Además, la juventud de la época prefería permanecer en Roma disfrutando del estilo de vida hedonista en lugar de someterse a las penurias del servicio militar o a los rigurosos aprendizajes en los puestos administrativos más bajos que era necesario ocupar antes de calificar para un alto cargo público. Esta preferencia se sumó a la escasez de administradores competentes y desencadenó una crisis.

Cuando la falta de candidatos cualificados alcanzó proporciones críticas, el emperador intervino. La tasa de natalidad entre las clases altas se había estado desplomando durante algún tiempo debido a que más romanos optaban por no tener hijos. Las normas matrimoniales se habían vuelto más flexibles. El divorcio, el aborto y la anticoncepción eran de uso común. Para detener este declive y restablecer la superioridad moral, Augusto aprobó entre los años 18 y 17 AEC las Leyes Julias (Leges Juliae) sobre el matrimonio, con las que se exhortaba al casamiento y a tener hijos, y mediante las cuales se confería un estatus especial a quienes tuvieran tres hijos varones. El celibato se fue desalentando mediante la prohibición a los jóvenes solteros y a las viudas casaderas de recibir herencias y asistir a los juegos públicos. La legislación incluía la Lex Juilia de Adulteris Coercendis, que hacía del adulterio un delito tanto público como privado castigado con el destierro, para desestimular las relaciones casuales y, por lo tanto, menos reproductivas.2

Probablemente nunca se conozcan las razones exactas que dieron lugar a la intervención personal del primer emperador de Roma en el exilio de Ovidio. El propio Ovidio ofreció dos razones. La primera fue su Ars amatoria, un poema sobre el arte de la intriga y la seducción, muy popular en su momento, pero visto como subversivo por el emperador dada la atención que este prestaba a la procreación y a la reforma moral. Ovidio señalaba que la segunda razón era una simple indiscreción en lugar de un crimen. Se trataba de su participación no especificada en el adulterio de la nieta de Augusto, Julia la Menor. Ella fue desterrada al mismo tiempo, pero a otro lugar. Debe tenerse en cuenta que Julia la Mayor, hija de Augusto, y a la vez madre de Julia, también había sido desterrada seis años antes por acusaciones de inmoralidad, en el momento en que Ovidio publicaba su Ars amatoria. Dos rayos cayendo tan cerca de su hogar fue todo lo que necesitó el emperador para despachar al poeta a un lugar más remoto y provincial del imperio. La esposa de Ovidio permaneció en Roma para manejar los asuntos del poeta y trató de interceder en su favor, pero Augusto y su sucesor, Tiberio, nunca cedieron y Ovidio permaneció hasta su muerte en Tomis, lejos del centro del glamour y la cultura del imperio.

Merecido o no, el destierro de Ovidio y las medidas impuestas por Augusto resultaron inútiles en el largo plazo, mientras seguía disminuyendo el número de quienes construían el imperio. En su desesperación, Augusto extendió el manto de la ciudadanía para ampliar el número de posibles candidatos a cargos de gestión y hacerlos suficientes en cantidad, aunque carentes de calidad. La capacidad administrativa se redujo y la aptitud general nunca se restauró, excepto durante períodos temporales bajo gobiernos como el de Diocleciano. Con el tiempo, la sede de gobierno del imperio se trasladó hacia el este, a Bizancio, posteriormente llamada Constantinopla, donde permaneció hasta su caída ante los otomanos en 1453 EC.3

La disminución en el número poblacional de adultos que trabajan no fue un fenómeno específico de los tiempos pasados de los romanos. Hoy en día está muy extendida entre los países desarrollados y es causa de gran parte de la polarización que vemos hoy.

El tamaño de cualquier segmento determinado de la población depende en última instancia de dos factores: la tasa de natalidad y la tasa de mortalidad. La muerte limita el tamaño de una población, sobre todo de la parte más longeva, pero no establece el número de quienes se mueven hacia la fuerza de trabajo en el futuro. Es la tasa de natalidad la que determina este factor.

La tasa media de natalidad para un número determinado de mil mujeres se representa sintéticamente por un indicador denominado Tasa Global de Fecundidad (TGF). Para los países desarrollados, un valor de 2,1 se considera la TGF que permite tener una población estable, que no aumenta ni disminuye. La tasa es superior a 2,0 porque nacen aproximadamente 1,07 varones por cada mujer. Cabe señalar que la TGF depende en última instancia del tamaño de la población femenina, por lo que el valor que determina el equilibrio se fija en 2,07 y se redondea a 2,1.4

Otra manera de mirar la TGF es considerarla como el número promedio de hijos por familia. Las naciones con tasas globales de fecundidad menores a 2,1 tendrán poblaciones en declive en el segmento de edad clave de personas que trabajan.

En Estados Unidos, la TGF es de 1,87. Las naciones europeas tienen una TGF incluso menor que la estadounidense. Muchos países subdesarrollados como Níger, Malí, Burundi y Somalia tienen tasas globales de fecundidad superiores a 5,0. Esta es una de las principales diferencias entre los países desarrollados y en desarrollo. La fuerza de trabajo potencial de sus poblaciones se está expandiendo y continuará haciéndolo, y la de mundo desarrollado, no.

Para ilustrar este punto, vemos aquí las TGF (número medio de hijos por familia) para una serie de países:

País TGF
Alemania 1,44
Países Bajos 1,78
Bélgica 1,78
España 1,49
Italia 1,43
Suecia 1,88
Irlanda 1,98
Reino Unido 1,89
China 1,08
India 1,09
Singapur 0,82
Colombia 2,02
Japón 1,41
Australia 1,77

 

El flujo en una población de mano de obra adulta es constante ya que a medida que algunos miembros mueren o se retiran son reemplazados por aquellos que alcanzan la edad de trabajar. La velocidad con que se añaden los nuevos miembros se conoce como la tasa de sustitución.

Todos los países de la lista anterior tienen poblaciones con tasas de sustitución insuficientes (menos de 2,1).5

Para los gobiernos en busca de ingresos, este cambio demográfico representa un problema significativo.

Los ingresos gubernamentales dependen de la base fiscal disponible. A pesar de contar con otras fuentes de ingresos, como impuestos a las empresas, derechos de aduana, aranceles e impuestos transaccionales, como el IVA, es el tamaño de la población activa y las contribuciones tributarias que aportan los ciudadanos a partir de los ingresos que producen lo que determina en última instancia la cantidad de dinero captado.

A largo plazo, una población con una fuerza de trabajo que se contrae significará menos ingresos para el gobierno en el futuro.

Las poblaciones en los países desarrollados, que viven más tiempo, dan lugar al cambio demográfico en el envejecimiento que vemos hoy. Japón es el ejemplo más notable y maduro.

Para ilustrar un cambio demográfico de envejecimiento, podemos imaginar el número de personas entre 20 y 30 años de edad que disminuye año tras año debido a que la tasa de sustitución es cada vez menor, mientras que el número de ciudadanos con edades entre 40 y 50 años de edad permanece igual. Imaginemos ahora que el segmento de más rápido crecimiento de la población tiene 85 años y más, dado que las personas tienen vidas más largas. Esta es sencillamente la situación que enfrentan los gobiernos en el mundo desarrollado, y seguirá así por algún tiempo. La manera como se ha manejado y como se manejará ha sido fuente de mucha fricción.

La revolución industrial del siglo XVIII desplazó a las poblaciones de la agricultura a las fábricas. Las poblaciones urbanas se dispararon y los trabajadores de las fábricas se volvieron dependientes de los salarios. Cuando había despidos, los pagos cesaban y las personas morían de hambre. La difícil situación que afrontaban los afectados fue un tema que afectó a Inglaterra en la época victoriana, pero no fue sino hasta la Gran Depresión de la década de 1930 que la mayoría de los gobiernos federales asumieron un papel financiero activo para apoyar a quienes no podían trabajar y a los jubilados. Hoy se espera que trabajemos hasta una edad avanzada y que los últimos años los cubran los planes de jubilación públicos o privados, corporativos o individuales.6

Al considerar los cambios demográficos actuales, el envejecimiento de la población y las expectativas públicas, los funcionarios de los gobiernos en el mundo desarrollado han anticipado que habrá una mayor demanda de beneficios, y una base tributaria que se viene reduciendo.

Desde una perspectiva de planeación de recursos esto se traduce en menos dinero disponible cuando se necesita más. A la gravedad que esto implica se suman la situación actual de las tasas de interés y el estado de la economía mundial.

Los fondos de pensiones en el pasado se financiaron mediante la compra de obligaciones con intereses conservadores, como los bonos de los gobiernos. Cuando estos bonos maduraban, el capital se pagaba y luego se reinvertía en bonos de igual naturaleza que ganaban cantidades similares de interés. Hoy en día, con las tasas de interés cercanas a cero, y en algunos casos de menos de cero, los administradores de fondos de pensiones también enfrentan un problema. Las proyecciones de crecimiento de los activos de las pensiones se han exagerado porque el dinero prestado, incluso por períodos largos, no gana casi nada. En ese caso tendrán que reducir los pagos futuros, asumir más riesgos para ganar más —algo para lo que, en muchos casos, no están autorizados— o bien retirarse por completo.7 El único remedio es añadir más dinero, pero ¿de dónde saldrá este?

La economía mundial ha experimentado un crecimiento anémico que nos afecta a todos. Desde el punto de vista del gobierno, los ingresos fiscales estarán bajo presión, y eso significa que deberán encontrarse nuevas fuentes de ingresos. En algunos casos, como en el de Estados Unidos, los ingresos fiscales se han ampliado, pero no lo suficiente como para superar el gasto. Como medida provisional, los gobiernos de ambos lados del Atlántico han recurrido a asaltar las grandes corporaciones en procura de impuestos; sin embargo, esto constituye solo un remedio temporal. La solución a largo plazo es aumentar la base tributaria, lo que significa enfrentar el déficit en el número de adultos que trabajan hoy y lo harán en el futuro. La solución a la que muchos gobiernos han acudido es la inmigración. La crisis de los refugiados parecía a primera vista una respuesta a sus oraciones; ahora, no lo es tanto.

Los refugiados pueden ser un subconjunto de los inmigrantes, pero fundamentalmente no son lo mismo porque estos últimos deciden inmigrar por voluntad propia. Los refugiados no tienen esa libertad de elección, por lo que, en el mejor de los casos, la asimilación resulta problemática.

Además, las políticas de inmigración tal vez no den, en definitiva, una nueva forma a la conformación demográfica existente, por la simple razón de que las bajas tasas globales de fecundidad pueden ser un síntoma de un problema más generalizado y no su causa.

Los gobiernos, en particular los de la Unión Europea, han hecho de la inmigración la respuesta. Por desgracia, tales medidas son propensas a fallar por las mismas razones que no tuvieron éxito en el Imperio romano. Los antiguos romanos adoctrinaban a sus hijos con los valores del trabajo duro, el sentido práctico, la veneración por las tradiciones y los valores del pasado y una vida de servicio público, sin prestar mucha atención a la remuneración. Cuando la ciudadanía se amplió para incluir pobladores de otras tierras, los valores que construyeron el imperio se diluyeron por acción de aquellos criados en otros lugares, sobre todo los del este, donde prevalecían estándares menos rigurosos. El resultado fue el desdibujamiento de la identidad cultural y, finalmente, el fracaso.8

Lo mismo sucede en la actualidad. Las poblaciones ven hoy el aumento en el número de inmigrantes como una ruptura de sus culturas y como la competencia por un menor número de puestos de trabajo. Las poblaciones residentes protestan por las políticas de inmigración, lo que ha dado lugar a movimientos populistas que rechazan las medidas, así como a los gobiernos que las proponen. Esto se refleja en las angustiosas elecciones que vemos hoy en todo el mundo.

Una de las razones de las bajas tasas globales de fecundidad del mundo desarrollado puede estar en la densidad de población y en los cambios en el comportamiento individual que ocasionan. Una vez que se aproximan ciertos niveles de densidad, los comportamientos cambian y el crecimiento de la población parece disminuir. Esto ocurre en muchos animales sociales como las abejas, las ardillas, los ratones y otras especies. Para los seres humanos, una alta densidad de la población significa competir por menos oportunidades, trabajar más horas, cansancio, estrés, ambigüedad sexual, menos matrimonios, menos interés en el sexo y menos familias constituidas. Japón ha estado a la vanguardia de esta manfestación.9 Esto puede ser un fenómeno natural que ninguna magnitud de intervención puede controlar, lo que hace ineficaces en el largo plazo las políticas de inmigración.

Los inmigrantes asimilarán o no los valores y comportamientos de la población residente. De no hacerlo, se contradeciría el objetivo de los inmigrantes desde el punto de vista del país que los recibe. En el peor de los casos daría lugar a la constitución de zonas conformadas por personas que no pueden o no quieren participar en la economía circundante, y que, en última instancia, tendrán que ser expulsadas o subvencionadas, creando más problemas que soluciones.

Además, los cambios demográficos no son solo un problema gubernamental, sino también uno corporativo. Frente a un crecimiento lento, las empresas que deseen seguir siendo rentables deben concentrarse en la reducción de costos. Dado que la nómina es la partida más grande de los gastos y que la escasez potencial de mano de obra puede llevar con el tiempo al aumento de los salarios, las empresas con visión de futuro se han visto obligadas a automatizar sus operaciones para conservar su competitividad.

En última instancia, todos somos inmigrantes, independientemente del país de origen, pero la inmigración selectiva es importante para mantener la identidad cultural y los recursos que existen en la actualidad.

Los cambios demográficos no son nuevos. Han tenido lugar antes y continuarán. Si la inmigración no es la respuesta, entonces, ¿cuál es? Tal vez necesitamos examinar nuestro estilo de vida y darnos cuenta de que las altas densidades de población pueden facilitar la economía, pero al final hacen más daño que bien. Mientras se adelanta esa investigación, es en infraestructura donde debe invertirse para hacer viable la inmigración, así sea esta una solución temporal de contención. Se requieren escuelas de idiomas, institutos de comercio y pasantías de aprendizaje. Si no hay infraestructura disponible, es dudoso que pueda haber asimilación, incluso para aquellos que optan por entrar con entusiasmo a un nuevo país.

La obra Metamorfosis, de Ovidio, se completó alrededor del momento de su destierro. Es un largo poema sobre el cambio, del que se desprende gran parte de nuestro conocimiento de la mitología griega clásica, y el cual influyó en el auge del amor galante desarrollado en Francia a finales del medioevo.10

El cambio, de acuerdo con el poema de Ovidio, tiene que ser aceptado. Tal vez no podamos intervenir en la rapidez o la forma en que se presenta, pero es inútil resistirse a él. A veces simplemente tenemos que acompañarlo. Insistir en tratar de resolver el problema del envejecimiento de la población con políticas de inmigración que consideran poco la infraestructura disponible es una solución que en última instancia conducirá a la ruina.

Los bancos centrales están invirtiendo miles de millones de dólares en programas de compra de activos que no muestran resultados tangibles distintos a mantener un precario status quo. Tenemos que hacer algo diferente. Los cambios reales necesitan acciones tangibles en el mundo real. Es hora de poner nuestro dinero donde tiene peso y construir la infraestructura necesaria. Esto puede ser una solución temporal, pero es el comienzo para hallar una mejor.


  1. Ovid (2004). Metamorphoses (C. Martin, trad.). Nueva York, NY: W. W. Norton & Co.
  2. Scullard, H. H. (1959). From the Gracchi to Nero, Quinta edición. Londres, Reino Unido: Routledge, Taylor and Francis Group.
  3. Durant, W. (1944). The Story of Civilization Part III, Caesar and Christ. Nueva York, NY: Simon & Schuster.
  4. A. (S. F.). Total fertility rate. Consultado el 14 de octubre de 2016 en: https://www.measureevaluation.org/prh/rh_indicators/specific/fertility/total-fertility-rate.
  5. A. (S. F.). Comparación entre países: Tasa Total de Fertilidad, The World Factbook. Consultado el 14 de octubre de 2016 en: https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/rankorder/2127rank.html.
  6. Lambert, T. (2012). A Brief History of Unemployment. Consultado el 14 de octubre de 2016: en http://www.localhistories.org/unemployment.html.
  7. Smith, C. H. (mayo de 2016). Here’s Why All Pension Funds Are Doomed, Doomed, Doomed. Consultado el 14 de octubre de 2016 en: http://www.oftwominds.com/blogmay16/pension-doomed5-16.html.
  8. Gibbon, E. (1776). The History of the Decline and Fall of the Roman Empire. Versión en Kindle DX.
  9. Baer, D. (julio de 2015). Japan’s huge sex problem is setting up a ‘demographic time bomb’ for the country, Business Insider. Consultado el 15 de octubre de 2016 en: http://www.businessinsider.com/half-of-japanese-people-arent-having-sex-2015-7.
  10. Ovid, cit.

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