La democracia y los Padres Fundadores

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Marzo de 2012
Iván Obolensky

Una forma de crear un gran revuelo con los Padres Fundadores de Estados Unidos, si estuvieran vivos hoy, sería anunciar que el país que crearon es ahora una democracia.

Una democracia se define como:

“Un sistema gobernado por toda la población, o todos los miembros elegibles de un Estado, por lo general a través de representantes elegidos” y “la práctica o los principios de la igualdad social.” 1

La palabra no se ha definido siempre así.

De acuerdo con los antiguos griegos, la democracia era una combinación de dos palabras: Demos, que significa pueblo, y Kratos, que significa poder. La democracia se inició en Atenas alrededor del 600-500 a. C. y tenía dos características importantes.

En primer lugar, estaba compuesta por ciudadanos de sexo masculino, mayores de veinte años y de padres nacidos en Atenas. Cada ciudadano tenía voz y voto en la asamblea, que establecía las leyes y las decisiones en cuanto a la guerra y la paz. Cada ciudadano tenía un voto y lo aplicaba directamente sobre cada tema sometido a la asamblea. Los votos eran contados y el asunto se aprobaba o se rechazaba.

En segundo lugar, el gobierno se regía bajo el sistema de sorteo. Esta selección por sorteo funcionaba de tal manera que ciudadanos comunes eran nombrados en cargos del gobierno y en los tribunales, por lo general durante un año.2

Los Padres Fundadores pensaban que la democracia era algo peligroso.

James Madison advirtió:

“Las democracias siempre han sido espectáculos de turbulencia y beligerancia, siempre han resultado incompatibles con la seguridad personal o los derechos de propiedad, y han sido, en general, tan cortas en sus vidas como violentas en sus muertes”. 3

La “tiranía de la mayoría”, como lo expresaba John Adams era otro asunto.4 ¿Qué manera mejor y más fácil de maniobrar las masas que a través de un líder carismático que, con una retórica hábil, pueda hacer que voten a favor de lo que él quiere?

Los Padres Fundadores prefirieron forjar a Estados Unidos con el modelo romano, que evitaba la monarquía pero permitía la influencia popular indirecta a través de representantes electos.

El modelo romano de gobierno tenía tres ramas:

El poder legislativo estaba conformado por dos corporaciones. La primera era el Senado, un grupo aristocrático del que hacían parte los antiguos líderes de Roma. La segunda, la Asamblea, estaba compuesta por la plebe que votaba por tribus. Estas corporaciones son similares al Senado y la Cámara de Representantes que tiene actualmente Estados Unidos.

La rama ejecutiva se componía de dos cónsules que compartían el poder y actuaban como jefes de Estado, de una manera similar a la de los presidentes de hoy.

Por último, existía un poder judicial integrado por ocho jueces, que la Corte Suprema de Estados Unidos adoptó como modelo.5

Cuando en Estados Unidos se redactó finalmente la Constitución, en 1787, esta no era democrática de acuerdo con la definición griega y se basaba en el modelo de la República romana. Tenía pesos y contrapesos, una representación popular limitada, y le otorgaba al gobierno varias libertades al tiempo que le restringía otras. Existían, por supuesto, puntos de vista opuestos en cuanto a la dimensión necesaria del gobierno, la magnitud de la representación que debería existir, y la definición de cuáles eran exactamente los poderes que la Corte Suprema de Justicia debería tener. Las opiniones distaban de ser unánimes y las diferencias amenazaron con dividir a la nación, incluso antes de que naciera.

La lucha por la aceptación de la Constitución fue conflictiva. Las diferencias de opinión entre muchos de los Estados los dividieron entre los que abogaban por su ratificación (federalistas) y los que se oponían a esta (antifederalistas).

Los antifederalistas sostenían que el principal objetivo del gobierno era garantizar los derechos y las libertades de sus ciudadanos. Los federalistas, por su parte, respondían que sin un gobierno central fuerte el país no lograría mantener una apropiada seguridad nacional o formular una política exterior coherente y por lo tanto estaría sujeto a la voluntad de las potencias extranjeras.

Cada parte expresaba sus puntos de vista por escrito en folletos y periódicos.

La Constitución fue ratificada en 1789 por nueve de los trece Estados originales, pero por un estrecho margen en cada uno de ellos. Quienes se mostraban escépticos ante el gobierno señalaban que la Constitución no contenía ninguna garantía para los derechos o libertades. Este tema resultaba tan espinoso que varios estados solo accedieron a la ratificación al considerar que muy pronto se contaría con una Declaración de Derechos. Pero no fue sino hasta 1791, unos dos años después de la aceptación de la Constitución, que se estableció finalmente la Declaración de Derechos. El modelo romano se convirtió en ley del Estado.6

Aunque el modelo romano eclipsó a Grecia durante el siglo XVIII, en el siglo siguiente se produjo un retorno del pensamiento y la influencia de la antigua Grecia.

Esto fue en gran medida producto de las guerras napoleónicas y de la guerra de independencia griega que tuvo lugar entre 1800 y 1829. Este período estuvo marcado por líderes intelectuales que, como Lord Byron, abrazaron los ideales griegos y protestaron contra la hegemonía turca u otomana. Fue también una época de un extraordinario redescubrimiento del arte clásico griego.

De particular importancia fueron los mármoles de Elgin, una colección de esculturas y frisos tomados del Partenón y de otras áreas de la Acrópolis de Atenas, que fueron enviados a Gran Bretaña entre 1801 y 1812 bajo la dirección de Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin y embajador británico ante el Imperio otomano. Después de un debate público en el Parlamento y de la exculpación en cuanto a la manera como se adquirieron, fueron comprados por el gobierno en 1816 y exhibidos en el Museo Británico. Este hecho despertó una nueva conciencia y el deseo de emular el arte clásico griego.

Las guerras napoleónicas terminaron en 1815, y vino luego una fase de expansión del nacionalismo británico, así como un llamado a la reforma política. Cuando se decidió el diseño del Downing College, en Cambridge, la preferencia fue por un modelo de estilo griego. Se veía como una emulación de los ideales de la virtud cívica y se convirtió en el lenguaje arquitectónico dominante. Esta temática se extendió rápidamente con la construcción de la National Gallery de Londres y del Museo Británico.7

En Estados Unidos fue Jefferson quien introdujo este renacimiento griego, con el nombramiento de Benjamin Latrobe como inspector de edificios públicos.

A través de él y de sus estudiantes el estilo del renacimiento griego adquirió predominancia en la arquitectura del país.

Una rama que se desprendió de esta renovación fue el movimiento de construcción de cementerios, que comenzó con el de Mount Auburn, en Massachusetts. Cuando se creó en 1831, Mount Auburn se desarrolló como algo más que un cementerio, para asemejarse a un paisaje pastoril. Este diseño, y otros similares, inauguraron el uso generalizado del término “cementerio”, derivado de la palabra griega koimētērion, que significa “lugar para dormir”.

En 1863, luego de la batalla de Gettysburg, se argumentó que el campo de batalla debería ser honrado como un cementerio y el sitio se dedicó a este propósito.

Fue en el Discurso de Gettysburg que una singular idea, planteada por el presidente Lincoln en palabras inspiradas por la oratoria fúnebre griega, cambió para siempre la tradición romana de Estados Unidos a una griega.

En ese momento la Guerra Civil consumía a la nación. ¿Cuál era el papel del gobierno y a quién representaba? Cualquiera que fuese el gobierno federal que existiese, no sería aceptable para la mitad de la nación que se había separado. Si el país iba a curarse cuando todo hubiera terminado, lo que el gobierno central representaba necesitaba ser redefinido y adquirir un nuevo nivel de relevancia. No podría continuar en su concepción original.

Cuando afirmaba en su discurso que “esta nación, bajo Dios, renacerá a la libertad, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparecerá de la faz de la Tierra”, Lincoln hacía referencia a la Declaración de Independencia, el documento fundacional original escrito antes de la Constitución. Lincoln reiteraba las palabras de la Declaración que afirman que todos los hombres son creados iguales, y añadía que el gobierno debería reflejar ese ideal.

El discurso no recibió en su momento elogios generalizados de la prensa o del público. De hecho, Lincoln lo consideró un rotundo fracaso después de haberlo pronunciado. Sin embargo, tocó una fibra sensible que repercutió con el paso del tiempo.8

Charles Sumner, en su elogio tras el asesinato del presidente en 1865, señaló que Lincoln se había equivocado cuando declaró en Gettysburg que “el mundo apenas si lo advertirá, y no recordará por mucho tiempo lo que aquí dijimos”. Por el contrario, Sumner señaló que el mundo percibió inmediatamente lo que Lincoln había dicho y nunca lo olvidaría. La batalla misma no había sido tan importante como el discurso.9

En ese discurso Lincoln redefinió la república y cambió para siempre la concepción de democracia. No lo hizo directamente, sino a través de la alusión a una visión más amplia del gobierno, como un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Fueron las generaciones posteriores las que añadieron este matiz a la definición.

Este cambio fue propiciado por el hecho de que Lincoln, bien sea consciente o inconscientemente, reconoció que el país necesitaba reinventarse si quería avanzar luego de la confusión de la Guerra Civil, y que esto demandaba una idea que pudiera integrar e inspirar a la vez a las futuras generaciones. El gobierno debe ser un reflejo de la gente, a pesar de los peligros señalados por los Padres Fundadores. Se requería un ideal más universal que el vislumbrado por los Padres Fundadores y esto se refleja en la definición moderna de la democracia y en el punto de vista actual sobre el gobierno democrático.


1 New Oxford American Dictionary, Second Edition. (2005). Democracy. Nueva York, NY: Oxford University Press, USA.

2 McPhee, I. M. (2008, febrero 16). Athenian Democracy. Consultado el 12 de marzo de 2012 en: http://suite101.com/article/athenian-democracy-a44870

3 Madison, J. (1787). Democracies vs. Republics, Federalist Papers No. 10. Consultado el 12 de marzo de 2012 en http://www.proconstitution.com/republic/madison_federalist_10.php

4 Adams, J. (1788). A Defence of the Constitutions of the Government of the United States of America. Londres, Reino Unido.

5 Houghton Mifflin Harcourt Education Place . (sin fecha). Lesson 2 The Roman Republic. Consultado el 12 de marzo de 2012 de World History: Ancient Civilizations, The Rise of Rome: http://www.eduplace.com/ss/socsci/ca/books/bkf3/reviews/pdfs/LS_6_13_02.pdf

6 Pangle, Professor T. L. (2007). The Great Debate: Advocates and Opponents of the American Constitution. Chantilly, VA: The Teaching Company.

7 Beard, M., & Henderson, J. (1995). Classics: A Very Short Introduction. Oxford, Reino Unido: Oxford University Press.

8 Wills, G. (1992). Lincoln at Gettysburg: The Words that Remade America. Nueva York, NY: Simon and Schuster.

9 Sumner, C. (1865, junio 1). Promises of the Declaration of Independence, and Abraham Lincoln. Consultado el 12 de marzo de 2012 en: http://teachingamericanhistory.org/library/index.asp?document=1924


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