Cognición (primera parte)

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Junio de 2017
Iván Obolensky

El pensamiento crítico es la capacidad de distinguir entre métodos eficaces e ineficaces de inferencia en la formulación de un argumento lógico.1 Por inferencia se entiende llegar a una conclusión sustentada en la evidencia, el razonamiento y la lógica más que en la especulación, la opinión o alguna preferencia emocional.2

Por crítico se entiende la capacidad de juzgar.3

¿Por qué esto es importante?

Imaginemos que trabajamos como consultores de relaciones públicas y ventas para una compañía de aviones que fabrica pequeñas aeronaves corporativas. Estamos a punto de conseguir un pedido de tres de esos aviones para una gran corporación internacional, pero justo antes de cerrarse el acuerdo ocurre un accidente que amenaza con echar por tierra la venta. ¿Qué podemos hacer? Obviamente, la corporación que va a comprar los aviones tiene preguntas, y probablemente nosotros también. ¿Es posible que la aeronave tenga un defecto de diseño a pesar de las rigurosas pruebas y del proceso de certificación que se hicieron antes de ofrecerla comercialmente? Para empezar, ¿deberíamos estar vendiendo estos aviones? Necesitamos saber si ese es el caso. ¿Cómo averiguamos, y sobre la base de lo que descubramos, cómo decidimos si los aviones son seguros? ¿Siguen siendo idóneos para nuestro cliente? ¿Volaríamos en uno de esos aviones ahora mismo? Para complicar las cosas, el comprador potencial ha convocado una reunión para discutir la transacción pendiente. Es muy probable que la forma en que respondamos a sus preocupaciones determine si la empresa llevará a cabo la compra. ¿Cómo convencerlos, conservando nuestra integridad?

Otro caso podría ser tan simple como el de la compra de un televisor nuevo. ¿Las funciones justifican el costo? Supongamos que descubrimos que la imagen es la mejor disponible, pero la calidad de la electrónica no es tan confiable como la de otros modelos o que continuamente reporta al fabricante cada tantos minutos lo que estamos viendo en el televisor. ¿Seguimos adelante y lo compramos de todos modos o buscamos otra cosa?

Una decisión que serviría también de ejemplo podría involucrar al prometido o la prometida de alguien. Es posible que alguien desee casarse, pero ¿debería hacerlo? ¿Cómo se decide eso exactamente? Quien va a casarse se siente enamorado, pero su novio o novia tiene problemas. ¿Los ignora? ¿Los maneja? ¿Cómo cancela el compromiso? ¿Debería hacerlo? ¿Simplemente continúa en la relación, pero sin casarse? ¿Y si se ha casado ya? ¿Qué hace entonces?

Estos son aspectos que requieren el pensamiento crítico porque se están haciendo juicios y, por tanto, comprometiendo tiempo, recursos y, posiblemente, fondos para respaldar lo que se decide. Se tiene un interés personal en un resultado que dictará su futuro. ¿Qué tipo de futuro se quiere? Las elecciones que se tomen determinarán ese futuro. Por lo tanto, lo que se piense, las razones de esa forma de pensar y cuál es la mejor manera de hacer las cosas son aspectos importantes.

Hay puntos que debemos aclarar desde un comienzo: incluso ser hábil en el pensamiento crítico no garantiza que todo saldrá bien. En primer lugar, no todos los problemas que vivimos se resuelven con la lógica. Es posible que falte información. En el ejemplo de la venta del avión, completar el informe del accidente puede tomar muchos meses. Será necesario decidir qué hacer y responder al evento sin contar con el reporte. El problema con el accidente también puede ser de naturaleza probabilística. Por ejemplo, una pieza crítica podría haber fallado. Parecería ser que esta pieza particular de equipo ha sido una causa del accidente. Debería haber durado diez mil horas, pero dejó de funcionar después de quinientas. ¿Cómo se valora este punto como un factor en la presentación?

Por último, está el tema de la suerte. Una decisión que inicialmente parecía deficiente puede resultar absolutamente brillante, mientras que la decisión opuesta, cuidadosamente ponderada, fracasa. Esto sucede. También existen factores externos. Un terremoto justo antes de la reunión arroja por la borda todas las decisiones que se tomaron.

Sobre la base de lo anterior, este puede ser un buen momento para desechar la idea.

Podemos ser genios y, sin embargo, dar un paso en falso, pero cuando sumamos el número de decisiones que tomamos en un día dado y el número de las que son importantes, ¿preferiríamos adivinar, o evaluar las cosas cuidadosamente? Más importante aún, no es necesariamente el “qué” o el “cómo” decidamos lo que puede resultar decisivo, sino el número de opciones disponibles para elegir.

¿Qué pasa si basamos la decisión en nuestra sensación sobre el tema? Esa es una opción. Supongamos que aprendimos también a pensar críticamente. Tenemos otra opción. Lo que elijamos depende de nosotros mismos, pero cuando contamos con una sola opción, esa es la que tomaremos, porque eso será todo lo que tendremos. Cuantas más opciones, más caminos se abrirán y más probable es que descubramos una con la que podamos estar de acuerdo y nos decida a avanzar hacia donde queremos dirigirnos. Por supuesto, podemos no hacer nada, y esa es una elección también. Eventualmente, esta decisión se solidificará en una ruta que se tomará por defecto. Determinar la sabiduría de esa elección significa que tendremos que evaluar sus méritos. En otras palabras, tendremos que juzgarla, y eso requiere pensar críticamente.

Tal vez seamos ya bastante buenos pensando. Lo hacemos todo el tiempo. Pero por otra parte, es posible que no lo seamos.

Para determinar cuál es el caso se requiere que conozcamos la manera en que pensamos, y luego es necesario saber si ese pensamiento es correcto. Por correcto se entiende que sea objetivo y lo más razonado posible.

Una vez más, no todas nuestras decisiones basadas en el pensamiento crítico llevarán a resultados fantásticos, pero un factor puede ser significativo: si resultan ser bastante buenos, sabremos cómo decidimos, y habiendo hecho esto, podremos repetir el proceso.

Entonces, ¿cómo pensamos?

Cognición es el término utilizado para pensar, experimentar, aprender y comprender.4 La neurociencia cognitiva estudia los procesos biológicos y otros que determinan la cognición, con énfasis en las conexiones neuronales que enlazan nuestros cerebros con el cuerpo.

Vamos a explorar esta área, pero la respuesta corta es que pensamos porque tenemos un cerebro.

En realidad, tenemos muchos cerebros y no todos están en nuestras cabezas. Hay un cerebro del corazón, un cerebro del intestino, un cerebro del ojo. Existen igualmente numerosos puntos nodales en el cuerpo que procesan la información. También tenemos cerebros dentro de nuestro cerebro. Todas estas partes se encuentran conectadas y determinan cómo percibimos el mundo, y cada uno juega un papel en lo que decidimos, cómo lo decidimos y cuándo.

No todo esto se comprende bien. En un nivel teórico, la inteligencia artificial ha progresado, pero todavía se encuentra en su infancia debido al grado de complejidad que implica observar, concluir, actuar y luego aprender de los resultados. Para sobrevivir, un organismo debe contar con una flexibilidad innata y eso no es fácil de desarrollar.

Una solución es construir un árbol de decisiones formado por muchos pasos de A, luego B. Esto es bastante viable hasta que el organismo encuentra algo diferente de A. O, tal vez similar a A, pero no realmente.

Supongamos que un robot policial encuentra a alguien robando comida del puesto de un vendedor. Si robar es un crimen, entonces debería arrestar al ladrón, solo que el ladrón es un caballo o un mono. ¿Qué decide entonces hacer el robot?

Los árboles de decisiones tienen límites porque la acción que se debe emprender, el resultado, se halla predeterminada por el tipo de información encontrado. Esta es la programación. Es útil, pero restrictiva, incluso cuando es muy compleja. La ventaja es que podemos determinar qué salió mal porque los pasos que tomó la computadora para determinar el resultado están disponibles en la programación. La desventaja es que uno debe conocer todos los datos posibles de antemano y tener resultados predeterminados asignados a estos.

En una época, las ciencias cognitivas consideraban la cognición como estructuras representativas que recibían información, la procesaban usando pasos lógicos, como las del ejemplo anterior, y luego generaban resultados. Se pensaba en el cerebro como un procesador grande similar a la CPU (Central Processing Unit) en una computadora o iPad. Esta concepción se concentró en cómo se adquiría y procesaba el conocimiento del mundo. Los resultados derivados de este modelo han sido imprecisos. Se encontró que cierta información daba lugar a ciertos resultados, pero no de manera consistente.

Muchos de los experimentos de respuesta a estímulos de los años 60 y 70 se basaron en este modelo.

Con la disponibilidad de las técnicas de resonancia magnética funcional y las tomografías axiales computarizadas (fMRI y CAT en inglés) se hizo posible ver lo que estaba sucediendo en el cerebro basado en la actividad eléctrica observada. Usando la tecnología de imágenes, se puede representar el cerebro según la función y los resultados parecen respaldar una imagen multimodular. Esta idea no ha sido plenamente aceptada porque el pensamiento general ocurre en muchos lugares del cerebro y los límites que definen la ubicación de cada módulo postulado son difíciles de determinar con precisión.6 En todo caso, los módulos todavía se consideran como unidades de procesamiento.

Una de las formulaciones más recientes es el modelo de cerebros dentro de un cerebro; algo interesante que explica más acerca de nuestro pensamiento que el modelo de proceso. El modelo de cerebros dentro de un cerebro se centra más en el comportamiento adaptativo.

Desde una perspectiva evolutiva, podría pensarse en nuestros cerebros como un tronco cerebral o cerebro reptiliano, dentro de un cerebro de mamífero, dentro de un cerebro de primate, dentro de un cerebro humano, que forman juntos una jerarquía interconectada.7

El cerebro reptiliano, o tronco cerebral, podría ser considerado un cerebro administrativo. Desde una perspectiva evolutiva, si miramos el sistema nervioso de las lombrices de tierra, este cuenta con una médula espinal que tiene en cada segmento grupos de neuronas llamadas ganglios. Estos se encargan de las funciones básicas como el peristaltismo que permite al gusano avanzar a través del suelo utilizando contracciones rítmicas. Los gusanos de nivel superior tienen ganglios más grandes en sus cabezas.

El cerebro reptiliano es similar, pero más grande, y contiene muchas más neuronas. Este ganglio mucho más grande, o cerebro, monitorea y controla funciones tales como la de luchar o escapar, quedarse estático, encontrar alimento y determinar si es comestible, venenoso o está maduro. Aquí tienen lugar la reproducción, funciones básicas de supervivencia y el metabolismo. Al igual que otras criaturas menos sofisticadas, los seres humanos tenemos otros cerebros en forma de ganglios, conectados a la mayoría de nuestros órganos.8 El corazón tiene su propio cerebro, que puede percibir, aprender, sentir y recordar.9 No se sabe todavía qué hacen exactamente estos cerebros, ni cómo funcionan en relación con todo el conjunto. Cada uno de estos ganglios, de los cuales hay muchos, funciona por separado y conjuntamente de una manera compleja.

Alrededor del cerebro reptiliano está el cerebro del mamífero. Las aves y los mamíferos tienen cerebros que son diez veces superiores en tamaño a los cerebros de los reptiles. Lo que causó este aumento, según los registros fósiles, fue una capacidad de detectar olores y aromas con un alto grado de resolución y precisión.10 También se conoce como cerebro límbico. Puede registrar recuerdos, así como distinguir experiencias agradables y desagradables. Genera sentimientos. La diferencia entre emociones y sentimientos es una cuestión de grados. Si pensamos que los animales no tienen emociones, tratemos simplemente de hablar con un perro enojado, o mejor aún, con un león irritado. Se infiere de esto que los mamíferos calculan su comportamiento usando emociones. Podemos observar esta conducta en perros, caballos, gatos y otros mamíferos al interactuar con ellos diariamente. Los caballos de guerra durante la época medieval fueron criados para la agresión y tendían a enfurecerse. Los mamíferos sienten y utilizan las emociones para tomar decisiones. En los seres humanos, los juicios de valor parecen residir en esta área del cerebro. Se ha pensado que los animales no son sensibles. Esto parece un error. Los mamíferos sienten. Lo hacen porque es lo que les ha permitido sobrevivir bien en el largo plazo.

Las decisiones que usan las emociones son rápidas, y eso puede ser definitivo en cuanto a la supervivencia de un animal, ya sea depredador o presa.

Las emociones pueden ser consideradas un atajo para las conclusiones que eluden la necesidad de razonar, que es un proceso más lento. Estar dispuesto a renunciar a una recompensa a corto plazo en favor de una ganancia a largo plazo más sustancial es una conclusión razonada. Una conclusión emocional sería: “Me gusta. Lo quiero ahora. ¿Dónde firmo?”.

El cerebro de los primates enfatiza el comportamiento social y tiene una habilidad superior para manejar la diversidad. Es preadaptable en el sentido de que el primate puede abstraer y generalizar una instancia o cosa particular frente a muchas cosas en circunstancias diferentes.

Este fue un gran avance en la cognición.

Imaginemos un cerebro programado como el robot de la Policía. El punto en el que el desempeño no funciona para programas orientados al proceso es cuando se enfrenta a nuevas situaciones. Imaginemos que el robot tiene una instancia adicional de cálculo que es preadaptable o plástica, en el sentido de que las entradas de información pueden ser no específicas. En computación, en las redes neuronales, esto se denomina red de reserva. Sin llegar a ser demasiado técnicos, una configuración de reserva es más interconectada, lo cual permite que los insumos creen respuestas más variadas y no lineales que las redes neuronales tradicionales. Esto posibilita una reacción general de la red ante situaciones más matizadas.12 En el ejemplo del robot policial, este podría diferenciar entre un ladrón humano y un animal ladrón. Siempre y cuando se someta a un ciclo de aprendizaje, podría reaccionar de manera diferente ante las acciones de cada uno. Ahora sería capaz de evaluar las diferencias. La reacción exacta ante la acción de un mono en contraposición a la de un ser humano requeriría otra red entera para determinar su respuesta. El hecho clave es que utilizando este tipo de red, el robot podría ser más flexible y hacer más ajustes que antes frente a las diferencias en su entorno.

Con esto en mente, podemos decir que los cerebros de los primates están más abiertos a nuevas situaciones, incluidos el lenguaje rudimentario y la comunicación. Los primates son también más sofisticados socialmente y cooperan más entre sí que los mamíferos de orden inferior porque el cerebro del primate es más plástico y adaptable.

Por encima del cerebro de los primates está el cerebro humano. Este es capaz de responder a situaciones sociales aún más matizadas, desarrollar y usar el lenguaje tal como lo conocemos, y tiene una función “ejecutiva” que enfatiza la planificación a largo plazo y la inhibición. En general, nuestros cerebros humanos desean control y significado.

Con tantos cerebros, una función ejecutiva parecería tener sentido, pero su capacidad para asumir plenamente el cargo requiere educación y experiencia.

La función ejecutiva puede controlar los cerebros inferiores, pero se encuentra muy atareada. La cantidad de información que recibimos en cualquier segundo es demasiada para que esta parte la maneje. Según los escaneos cerebrales, la mayor parte de nuestra cognición tiene lugar en niveles inferiores y no en las partes ejecutivas como se pensaba anteriormente. Además, cada capa cerebral piensa de forma independiente. El resultado es una estructura de comando no centralizada, marcada por conflictos y tensiones de diferentes partes que realizan funciones separadas y operan en diferentes niveles jerárquicos. Este cuadro está lejos del ideal que hemos concebido de nosotros como individuos conscientes de sí mismos, que controlamos la noción de quiénes somos y qué pensamos, mientras que conscientemente ejercemos la libre voluntad y el autodeterminismo. Ese concepto es ilusorio.

Esto se hace más obvio cuando nos hacemos una pregunta simple: ¿qué pensamientos son realmente de nuestro cerebro humano más alto? ¿Podemos señalar la diferencia?

Teniendo en cuenta lo que se ha esbozado anteriormente, la respuesta es: muy pocos. Son nuestros pensamientos, por supuesto, pero lo que creemos que pensamos y decidimos hacer puede no ser lo que haríamos en nuestro mejor momento. ¿Nos hemos hallado alguna vez haciendo cosas que normalmente no haríamos? ¿De dónde vienen esos pensamientos y acciones que nos hacen sentir que “no somos realmente nosotros”?

Vienen de nuestros muchos cerebros diferentes que claman por atención y quieren ser escuchados. Esta es la razón por la que el pensamiento crítico es mucho más difícil de ejercitar de lo que podríamos suponer inicialmente. Es también por eso que nos resulta tan difícil calmar la mente. El hecho es que no estamos solos en nuestras cabezas y nunca lo hemos estado. Cómo lidiar con este dilema es de lo que se trata crecer y vivir nuestras vidas acorde con nuestras más altas capacidades, y es un propósito que vale la pena explorar.

Otra observación basada en lo anterior es que la disonancia cognitiva es mucho más la norma que la excepción.

Cuando nuestras diferentes capas y cerebros entran en conflicto, el resultado es disonancia cognitiva. No nos gustan los conflictos internos y tratamos de resolverlos.

Supongamos que nos gusta realmente el chocolate. La parte reptil podría estar de acuerdo con eso y probablemente fue la que pensó primero en ello. La parte emocional dice que lo queremos. La parte del primate dice que quizá. La parte ejecutiva dice que llegaremos tarde al trabajo. Puede anular las otras partes y ejercer un control jerárquico y resolver el conflicto restringiendo las solicitudes. El conflicto queda resuelto y obtenemos la recompensa de una pequeña cantidad de dopamina liberada. Nos sentimos bien.

Otra solución es la compartimentación, que evita el conflicto. Podemos confinar los pensamientos conflictivos en sus propios espacios y retenerlos. Aunque esto no resuelve el conflicto, lo hace hasta cierto punto. También podemos alinear nuestros deseos conflictivos creando excepciones. “Sé que no debería, pero…”. O, “No soy como todos los demás y, por lo tanto, está bien que haga lo que estoy haciendo”. La parte ejecutiva tiene una función inhibitoria, pero también tiene una capacidad de alto nivel para racionalizar y justificar.13 Es una de nuestras mayores habilidades, pero puede sobreponerse a nuestro juicio superior, que es donde hacemos nuestro pensamiento crítico.

Con todo lo anterior en mente, ¿es de extrañar que pensar críticamente resulte difícil y que el hecho simple de vivir sea tan complejo? La buena noticia es que el pensamiento crítico puede aprenderse, pero es una habilidad como cualquier otra. Demanda conciencia, trabajo, persistencia y requiere práctica. Hacerlo bien toma tiempo y exige que soportemos algún dolor para remodelar la manera como elegimos pensar, y esto supone esfuerzo.

Habiendo resumido cómo pensamos, el próximo artículo tratará lo que se considera correcto pensar y por qué.

 


 

  1. Colchester, J. (2016), Critical Thinking Framework, en Complexity Labs. Consultado el 8 junio de 2017 en http://complexitylabs.io/category/reference-critical-thinking/.
  2. Inference (S.D.). Consultado el 8 junio de 2017 en https://www.google.com/#q=inference+definition&spf=1496943814163.
  3. Critical (S.F.), Collins English Dictionary Online. Consultado el 8 junio de 2017 en https://www.collinsdictionary.com/dictionary/english/critical.
  4. Colchester, J. (2016), Critical Thinking: An Introduction, Critical Thinking eBook. Consultado el 8 junio de 2017 en http://complexitylabs.io/.
  5. Cognitive Neuroscience (S.F.). Consultado el 8 junio de 2017 en https://www.alleydog.com/glossary/definition.php?term=Cognitive%20Neuroscience.
  6. Okasha, S. (2002), Philosophy of Science: A Very Short Introduction. Oxford, Reino Unido: Oxford University Press.
  7. Colchester, cit.
  8. Phelps, J. R. (2014), “3-Brains-in-One” Brain, org. Consultado el 8 junio de 2017 en http://psycheducation.org/brain-tours/3-brains-in-one-brain/.
  9. Rozman, D. (2013), Let Your Heart Talk to Your Brain. Huffpost. Consultado el 8 junio de 2017 en http://psycheducation.org/brain-tours/3-brains-in-one-brain/.
  10. Xie, Y. (2011), Sense of Smell Drove Mammal Brain’s Growth. Wired. Consultado el 8 junio de 2017 en https://www.wired.com/2011/05/mammal-brain-smel/.
  11. A. (2016), The Primate Brain is “Pre-adapted” to Face Potentially Any Situation. ScienceDaily. Consultado el 8 junio de 2017 en https://www.wired.com/2011/05/mammal-brain-smel/.
  12. Gibbons, T. E. (S. F.), Reservoir Computing: A Rich Area for Undergraduate Research. Consultado el 8 junio de 2017 en http://micsymposium.org/mics_2010_proceedings/mics2010_submission_42.pdf.
  13. Colchester, cit.

 


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  1. SILVIA
    SILVIA06-17-2017

    Thank you Ivan.

    I liked the definitions of critical and inference, made it simple to understand the concept.

    Re the neurons I had an uncle, who was an old school doctor, that advised elderly people to engage in puzzles, crosswords or any other activity that would require the mind to keep active; in other words, keep the neurons active so your mental activity would not decay.

    Another experience I had years ago was when the system crashed and in the office I needed to do additions and subtractions by hand. I noticed I was very slow as I had been doing so in the computer. Since then I keep doing mentally, computer or no computer and indeed the mind keeps active.

    Thus, there is a valid factor in using the neurons.

    • Ivan
      Ivan09-08-2017

      They are like muscles. You either use them or lose them.

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