Nacido bajo un mal signo

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Abril de 2013
Iván Obolensky

Bob se encuentra en un vagón del metro, agarrado de una de las correas, camino a su trabajo en el centro de la ciudad. Trabaja en la industria de seguros.

Le gustan los aviones. En su juventud, quería ser piloto. Pero una cosa llevó a la otra y su carrera pasó de la ingeniería aeronáutica a la contabilidad, y luego a trabajar para una compañía de seguros, sin posibilidad de desarrollar otra vocación.

En su posición actual, su hipoteca, su remuneración, su antigüedad y la rutina conspiran todos para atarlo a la vida que lleva. En su mente, él es dependiente de su trayectoria. Las decisiones que tomó determinarán su futuro.

Harold, por otro lado, se mueve en el campo del salvamento marítimo. Trabaja cuando quiere, que es más o menos cada seis meses, y mientras tanto se divierte gastando los recursos que ha acumulado con su profesión.

Le gusta jugar. Es bueno en eso. Ha leído muchos libros sobre juegos de azar y probabilidades. Algo que sabe es que si en una ruleta ha salido una racha de seis números rojos, no debe simplemente apostarse al negro. La teoría de la probabilidad dice que la posibilidad de que el próximo giro de la rueda termine en rojo es la misma que tenía en todos los casos anteriores. Cada giro de la rueda es independiente del anterior. Nada depende de la trayectoria. La historia no importa en este caso.

Así es también como vive su vida. Harold está seguro de que si una cosa no sucede, otra sucederá más adelante. Si no te gusta la lluvia, espera un poco: mañana será un día soleado.

¿Estamos, como individuos, atrapados por nuestro pasado y obligados a un futuro predeterminado como Bob? ¿O somos libres de elegir un camino, independiente de lo que hayamos hecho, como Harold? Las respuestas que demos a estas preguntas nos brindarán una idea de cómo vemos nuestro mundo. Nos mostrarán lo que consideramos verdadero, y serán las creencias que determinarán lo que vemos y cómo nos sentimos al respecto.

Supongamos que nos sentamos en el suelo de una habitación y nos quedamos mirando una pared lisa y blanca durante una hora. ¿La experiencia es dolorosa? ¿aburrida? ¿relajante? ¿ridícula?

Independientemente de lo que sintamos, ¿es la pared la que induce en nosotros estos sentimientos?

Probablemente no, ¿cómo podría hacerlo? Es tan solo una pared. Entonces, ¿qué es lo que sucede?

Debemos concluir que situamos allí lo que sentimos. Además, que lo que sintamos acerca de algo puede no estar determinado por la cosa en sí misma sino por nosotros. Esta es una idea poderosamente reconfortante que sitúa a la felicidad bajo nuestro propio control.1

Cuando un periodista le preguntó a Albert Einstein “¿Cuál es la pregunta más importante que puedo hacerle?”, él respondió: “Si el Universo es un lugar amigable para vivir”.

Nuestra respuesta determina la manera como vemos la vida. Nuestras actuaciones estarán determinadas por esa creencia.

Si viviéramos en un universo hostil, esperaríamos que sucedieran cosas malas. Podríamos esperar que el peor de los escenarios fuera lo típico. Pasaríamos los días enteros tratando de limitar el daño inevitable que va a suceder. El mundo sería un lugar oscuro, y actuaríamos a la defensiva.

Si pensáramos que vivimos en un universo amistoso y solidario esperaríamos ayuda en todo momento. Podríamos experimentar la sensación de que el universo nos cuida. Si algo malo sucediera, podríamos verlo incluso como una oportunidad más que como una desgracia. Actuaríamos con más certidumbre, seguros de que todo va a salir bien.

En un universo aleatorio, la vida sería indiferente hacia nosotros y podríamos, por lo tanto, considerarnos como seres de poca trascendencia. Lo que nos sucediera estaría más allá de nuestro control. Sería simplemente la suerte en un sorteo. Actuaríamos como si nuestros logros no importaran. Viviríamos solamente el día a día.

Cada una de estas visiones del mundo, independientemente de cómo hayamos llegado a ellas, colorea la visión del futuro y la manera como podríamos vivir nuestra vida entera.2

En el ejemplo anterior, Bob se considera a sí mismo atrapado, y lo está. Harold en cambio cree que con el tiempo algo bueno surgirá. ¿Cuál de ellos tiene una creencia más alentadora, que le sirve de respaldo para ser una persona más fuerte y exitosa?

Lo que creemos determina las vidas no solo de los individuos; las sociedades enteras tienen creencias comunes mediante las cuales interpretan el mundo.

Para un viajero del tiempo que visitara el pasado lejano, quizás la mayor dificultad que experimentaría, incluso conociendo bien el idioma y ataviado adecuadamente, sería mantener una discreción mental y no ofender a los lugareños.

Las creencias que se tenían en la España del siglo XV desquiciarían a un espíritu moderno. Dejando de lado las creencias religiosas y escolásticas, ¿podemos imaginar lo difícil que resultaría ser mujer en esa época? Son tan distintas las creencias del siglo XV sobre la condición y la movilidad social, el trabajo, la higiene personal, la alimentación, la enfermedad, las armas, el transporte, solo para nombrar unas pocas, que hoy se requeriría un cambio enorme, si no imposible, del sistema de creencias para poder armonizarse con ellas.

Sociedades enteras pueden tener sistemas de creencias contradictorias que conduzcan a la discordia interna.

Basta con observar el auge de la meritocracia, la creencia de que el poder debe conferirse de acuerdo al mérito de las personas. Esta noción comenzó con Confucio en China y el nombramiento de funcionarios gubernamentales por medio de exámenes de aptitudes. Más adelante la meritocracia llegó a la India británica y para finales del siglo XIX la idea chocó con la visión del mundo de la Inglaterra victoriana, donde el nacimiento determinaba lo que la gente tenía, y la movilidad social se establecía mediante un sistema de clases que exigía la adherencia al statu quo.3

El descubrimiento de la radiactividad en el año 1896 y de la composición de la materia trajo consigo nuevas formas de mirar el mundo, que también entraron en conflicto con ideas prevalecientes más simples y concluyentes. Durante el siglo XX, la probabilidad y la incertidumbre se mostraron mucho más decisivas y fundamentales en el mundo natural y provocaron un replanteamiento de la idea según la cual la ciencia tenía todas las respuestas a los misterios de la vida.4

En la actualidad, las opiniones sobre la sociedad en el mundo están cambiando de nuevo, esta vez en el ámbito de ciencias sociales como la economía.

El conflicto entre los sistemas independientes de mercado y los bancos tiene lugar todos los días. Las autoridades financieras centralizadas luchan para mantener un control sobre redes de mercado que permean a casi todos los seres humanos y que se están convirtiendo en entidades que viven rápidas transformaciones.

Ejemplos de esto se encuentran en el auge del Bitcoin, una moneda digital descentralizada. Los Bitcoins se transfieren directamente de persona a persona a través de Internet, sin que exista un banco o una cámara de compensación. Esto significa que se pueden utilizar en cualquier lugar. Además, las cuentas no pueden congelarse, y no existen límites arbitrarios para el intercambio o el tamaño de las transacciones. No hay fronteras; el dinero puede pasar de Somalia a Nueva York y de allí a París con rapidez y precisión. Existen incluso tipos de cambio para la conversión de Bitcoins a dólares estadounidenses o a euros. Este es el sueño del hombre común y la pesadilla de los banqueros: ¡que no existan bancos ni banqueros!5

Las compras y ventas cada vez más grandes de acciones se llevan a cabo fuera de las bolsas de valores, en lo que se conoce como piscinas negras. Las transacciones grandes, a pesar de estar divididas en pequeñas fracciones, pueden ser descubiertas por computadoras ultrarrápidas que se especializan en negocios de alta velocidad y alta frecuencia. Estos avanzados dispositivos efectivamente pueden pasar por alto las señales con su velocidad y comprar o vender, antes de que una operación de gran magnitud pueda ejecutarse. Por ejemplo, el negociante de alta frecuencia compra y luego, en un microsegundo, vende al comprador grande a un precio más alto cuando la orden más grande, y de movimiento más lento, se encuentra finalmente lista para llevarse a cabo. Esto eleva hasta un nivel inaceptable los costos de la transacción para la compra y la venta de grandes bloques de acciones, lo que lleva a los grandes inversionistas a alejarse de las bolsas donde las transacciones se ocultan, no solo a la vista de otros comerciantes sino también de los reguladores.6

Este tipo de métodos descentralizadores está creciendo en popularidad y abriendo nuevos horizontes.

Con la creciente interconexión de las economías, su comportamiento se asemeja más al de una colonia de hormigas. La colonia puede tener una reina pero carecer de líder. El resultado de esta lucha será, de acuerdo a la Teoría de la complejidad, un sistema económico global más robusto que puede sobrevivir ante escenarios donde otros sistemas más simples se desplomarían, pero con un inconveniente importante: subidas y caídas más frecuentes y significativas. Gran parte de esta teoría se basa en la observación de modelos matemáticos del comportamiento colectivo de múltiples participantes, que compiten entre sí y se adaptan a condiciones cambiantes.7

Afirmar que los conflictos derivados de diferentes visiones del mundo y de distintos sistemas de creencias son causas posibles de la agitación social puede sonar demasiado simplista, pero vale la pena pensar en esto a medida que nuestra civilización avanza.

Sabemos por el estudio del clima que el límite en el que dos sistemas frontales colisionan y donde los vientos se mueven en direcciones opuestas es el caldo de cultivo para fuertes tormentas y tornados. ¿Por qué no pensar lo mismo de las ideas?

Si el conflicto que generan las ideas puede desatar violencia en la sociedad ¿qué decir de sus efectos sobre el individuo?

Para las personas tales batallas internas de creencias son quizás más fáciles de manejar. Estos conflictos se conocen como disonancia cognitiva.

Cognitivo se refiere al pensamiento, en tanto que disonancia se refiere a los conflictos. Las creencias que entran en conflicto pueden manifestarse fisiológicamente como tensión.8

De manera que si somos consecuentes con esta lógica, tenemos la opción de cambiar nuestras creencias siempre y cuando conozcamos su naturaleza. Un examen de las respuestas que damos a preguntas como las planteadas anteriormente puede servirnos de indicación para saber lo que realmente creemos que pueda estar restringiéndonos o ayudándonos a avanzar en nuestro camino. En muchas ocasiones no logramos expresar nuestras creencias de manera sucinta porque no las hemos examinado. Y sin embargo, siguen operando por debajo de nuestra conciencia.

Descubrir lo que realmente creemos y cambiar de opinión, cuando sea el caso, puede servirnos para abrir nuevas dimensiones, no solo en nuestra mente sino en el mundo que nos rodea.


  1. S. Blackmore, (2009), Ten Zen Questions. Oxford, Reino Unido: Oxford University Press
  2. V. K. Tharp, (2005), How to Control Losing Attitudes to Become a More Successful Investor, Peak Performance Course Vol. III. Cary, NC: International Institute of Trading Mastery
  3. W. Durant, (1963), Our Oriental Heritage. NuevaYork, NY: Simon & Schuster
  4. M. Malley, (2011), Radioactivity, A History of a Mysterious Science. Oxford, Reino Unido: OxfordUniversity Press
  5. N.A. (2013). How does Bitcoin Work? Consultado el 11 de abril de 2013 en: http://bitcoin.org/en/how-it-works
  6. S. Patterson, (2012), Dark Pools, The Rise of the Machine Traders and the Rigging of the U.S. Stock Market. Nueva York, NY: Crown Publishing
  7. S. E. Page, (2009), Understanding Complexity. Chantilly, VA: The Teaching Company
  8. R. Maybury, (2004), Uncle Eric Talks about Personal, Career, and Financial Security, (Segunda edición). Placerville, California: Bluestocking Press.

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  1. Luis G. Olarte
    Luis G. Olarte04-19-2013

    Muy buen articulo, gracias. Un refran caribeño dice: La vida tiene el sabor de la salsa que tu le pongas.
    abrazo

  2. craig
    craig04-21-2013

    Great article. Suz and I were having this very discussion this morning.

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