Abejas, lenguaje y ópera

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Mayo de 2012
Iván Obolensky

Las abejas, ¿componen óperas? Los elefantes, ¿declaman poemas épicos?

Cualquiera de estas preguntas parecería absurda. Pero, ¿podría ser que secretamente hicieran cosas así y que nosotros simplemente no lo supiésemos? ¿Cómo podemos estar seguros?

Resulta ya bastante difícil entender y experimentar el mundo de otro ser humano, por no hablar de los mundos de otras especies; pero pensar en la respuesta puede ofrecer una perspectiva de las abejas y los elefantes, y también de los seres humanos.

El cerebro de las abejas tiene el tamaño de una semilla de ajonjolí, mientras que el de los elefantes pesa once libras y es el más grande de los animales terrestres. Un cerebro humano pesa tres libras. Sin embargo, los tres nos comunicamos con nuestros congéneres y somos extremadamente sociales, independientemente del tamaño del cerebro.

Existen aproximadamente veinte mil especies de abejas que descienden de las avispas vegetarianas de hace unos cien millones de años. La mayoría de las abejas y las especies de abejas son solitarias, con excepción de la abeja melífera.

Las abejas melíferas han desarrollado un alto grado de convivencia, en panales que albergan entre veinte mil y sesenta mil individuos, dependiendo de la época del año.

Para poder vivir juntas, estas abejas han desarrollado un sofisticado sistema de comunicación. Por medio de una serie de movimientos danzantes, una abeja que busca alimento es capaz de comunicar a sus hermanas en qué dirección y a qué distancia se encuentra una nueva fuente de néctar.

Las abejas se comunican de varias maneras: utilizan olores como el de las feromonas; usan el tacto; se empujan; usan movimientos de danza y acuden al familiar zumbido. La comunicación más extensa de la abeja tiene lugar cuando una nueva reina anuncia su presencia a otras rivales potenciales que todavía se hallan en sus cámaras de nacimiento. El mensaje de la nueva reina contiene varios pulsos que se mantienen durante un período de cuatro segundos. Las otras reinas responden con una serie de tonos de baja vibración que son más largos que el primero de la reina y duran unos siete segundos. No sabemos lo que se comunican, pero la nueva reina sabe que tendrá competencia.1

Los elefantes africanos tienen una capacidad de comunicación muy rica que utiliza sonidos de baja frecuencia para comunicarse a través de la densa selva. Los investigadores han catalogado más de setenta tipos de sonidos vocales y ciento sesenta diferentes señales visuales y táctiles. Las llamadas se utilizan para muchos propósitos, desde la conciliación de diferencias hasta la coordinación de la dirección que seguirá la manada. Hay vocalizaciones para el apareamiento, la defensa y para saludarse. En su comunicación hay profundidad, con muestras incluso de un despliegue de emociones.

Sus vocalizaciones de baja frecuencia se denominan barritos y duran aproximadamente entre dos y diez segundos, con una porción grande en el intervalo 1-20 Hz, que es inferior al nivel de percepción auditiva humana. Se cree que los elefantes usan las patas y las trompas para percibir estas vibraciones.2

Las vocalizaciones humanas duran por lo general más tiempo y pueden extenderse por períodos más prolongados, como en el caso de los discursos, las obras de teatro y las lecturas de poesía épica (la Ilíada se lee de la mañana a la noche durante tres días).

Sin embargo, cuando se le pide a un humano normal que repita una cadena de números aleatorios, no logra recordar secuencias de más de siete a ocho dígitos. Recordar una serie de doce números de dos dígitos excede la capacidad de la mayoría de las personas.3 ¿Cómo podemos los humanos hablar y escuchar sin esfuerzo por períodos que son alrededor de mil a diez mil veces más extensos que los de las abejas o los elefantes? Esta es una diferencia extraordinaria.

Uno podría preguntarse por qué las abejas y los elefantes no se comunican más prolongadamente, aunque una mejor pregunta sería: ¿por qué los seres humanos sí lo hacen?

Si se piensa en la capacidad de recordación a corto plazo de los humanos que mencionamos antes, podría parecer posible que no pudiésemos tener ninguna comunicación que durara más de diez segundos (que coincidentemente es casi la longitud máxima de las comunicaciones de las abejas y los elefantes).

Una explicación posible es que nuestra estructura del lenguaje nos permite escuchar y entender al mismo tiempo lo que se dice.* Los seres humanos no necesitamos recordar exactamente lo que se dijo para procesar los últimos veinte segundos de comunicación. Más bien la comprensión es continua y tiene lugar a medida que escuchamos.

Dado que la comprensión actúa mientras el mensaje se está expresando, no existe en teoría un límite superior para el número de palabras y frases que pueden unirse entre sí.

Un ejemplo es hablar de alguna experiencia. Uno narra una historia sobre una aventura que vivió, comenzando por el primer incidente, relatando lo que sucedió a continuación y terminando con lo que pasó después. La historia es una larga secuencia de incidentes que se puede prolongar de forma indefinida durante el tiempo que el narrador pueda hablar y el oyente escuchar.

Si se conoce el idioma, la atención está siempre en el presente, pues de lo contrario quien escucha se atasca, se pregunta qué se dijo y se pierde en el relato.

El lenguaje es esencialmente un modelo que los seres humanos reconocemos. Al cambiar las palabras y su orden, uno puede cambiar lo que se dice. Mientras mejor se conozca un idioma, menor será la atención que se preste a la forma como se está diciendo y más a lo que se dice: el mensaje y el significado.

Una analogía sería el hecho de mirar a través de unas gafas de sol verdes. Después de un tiempo uno no se da cuenta de la corrección de color, pues la concentración está en lo que se está mirando.

En el caso de las abejas y los elefantes, quizás podamos comprender por qué no hay óperas de abejas y, probablemente, tampoco poemas épicos de elefantes, ya que conocemos cuál es la duración media de sus comunicaciones.

En segundo lugar, en el caso de un enjambre de abejas debatiendo entre varios lugares posibles para situar su colmena, es muy probable que los bailes para lograr el consenso no cambien; serán el mismo mensaje repetido con más o menos vigor y reforzado por otras exploradoras que regresan de los sitios propuestos. Este debate puede extenderse por un período de varios días si la elección es difícil y no se alcanza rápidamente el consenso.

Por último, las abejas y los elefantes viven en el mismo mundo físico que los humanos. Por lo tanto, deben funcionar dentro de limitaciones similares de energía y de flujo de información. La cantidad de datos que las abejas y los elefantes pueden impartir o recibir en un período de diez segundos es más o menos igual en cantidad a la información contenida en diez segundos de la voz humana. Este supuesto se basa en el hecho de que la comunicación requiere un gasto de energía que debe ser eficiente para la supervivencia, independientemente de la especie. La naturaleza es siempre frugal.

Incluso si la cantidad de información impartida se incrementa por un factor de cien, es decir, si las comunicaciones de las abejas y las de los elefantes transmitieran cien veces mayor cantidad de información por unidad de tiempo que el habla humana típica, la longitud máxima del mensaje seguiría siendo de tan solo diez segundos. El equivalente humano sería de casi diecisiete minutos, un tiempo insuficiente para una ópera o una epopeya.

Lo que distingue el lenguaje humano es que se compone de pequeños fragmentos de sonido que forman sílabas y que pueden convertirse en palabras unidas en una secuencia ilimitada, con una magnitud muchísimo mayor que la observada bien sea en las abejas o en los elefantes.

Es parte de la maravilla del lenguaje.

En la Tierra se hablan más de cinco mil lenguas conocidas. Cada una es prácticamente ininteligible para una persona que no la conozca, a menos que se traduzca, y, sin embargo, cada una, a pesar de sus diferencias, es capaz de expresar un número ilimitado de ideas y experiencias. Cada una tiene su propio vocabulario y una sintaxis y una estructura únicas. Ninguna podría considerarse obsoleta, vieja o anticuada por su incapacidad de expresar un concepto. El lenguaje humano puede comunicar el mismo pensamiento en más de cinco mil formas diferentes.4

Es un don.


* Ver: Los ritmos de los fonemas.

1 Seeley, T. D. (2010). Honeybee Democracy. Princeton, NJ: Princeton University Press.

2 PBS.org. (2007). Crack the Code of the Elephant Communication. Consultado el 15 de mayo de 2012, en http://www.pbs.org/wnet/nature/unforgettable/communication.html

3 Tharp, Dr. V. (2005). How to Control Stress. Peak Performance Course, Vol. 2. Cary, NC: Van Tharp Institute.

4 Vajda, E. (sin fecha). Animal Systems of Communication. Consultado el 15 de mayo de 2012 en http://pandora.cii.wwu.edu/vajda/ling201/test1materials/animal_communication.htm


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