Equilibrio

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Julio de 2016
Iván Obolensky

La utilidad se define como la ganancia financiera, o la diferencia entre la cantidad obtenida y la cantidad gastada en la compra, operación o producción de algo. A lo largo de la historia el término ha sido vilipendiado o alabado según la época y el autor. Es un tema polémico; sin embargo, las utilidades y el afán de lucro, cuando se consideran en términos más abstractos, nos pueden brindar una visión profunda del futuro, la economía global, la sostenibilidad, e incluso la vida misma.

Para sobrevivir, un organismo debe gastar menos energía de la que consume y retener la diferencia. Esta idea se resume en la ecuación del equilibrio energético de la bioenergética, que a su vez es parte del área más amplia de la bioquímica:

[Toma de energía (alimentos)] = [Energía gastada (calor y trabajo)] + [Energía almacenada].1

Esta ecuación determina no solo la manera como se desenvuelve la vida en toda su complejidad y diversidad, sino también la razón por la que funciona como lo hace.

Si un organismo gasta más energía de la que consume y de la que sus reservas le pueden suministrar, morirá. Este concepto es tan universal que se aplica en todos los niveles de la vida, desde las bacterias en adelante e incluyendo los individuos y las entidades más organizadas, como manadas, tribus, sociedades, civilizaciones, y economías globales.

Por lo tanto, la economía, el estudio de las finanzas, e incluso la contabilidad son temas mucho más importantes de lo que podrían parecer. También puede decirse que cada uno de estos temas se entiende más fácilmente de lo que supone su aparente complejidad, puesto que todas las entidades económicas y financieras están sujetas a las mismas limitaciones que impone la ecuación, a pesar de cualquier cosa que sugiera lo contrario.

Con esto en mente, vale la pena examinar más de cerca la ecuación del equilibrio energético.

Gran parte de la modelación genérica de sistemas se basa en el concepto de existencias y flujos. La toma y el gasto de energía son flujos. La energía almacenada es una existencia. Las acciones de consumir alimentos y trabajar son ejemplos de flujos, mientras que la grasa almacenada en el cuerpo es ejemplo de una existencia.

La ecuación del equilibrio energético ejemplifica un sistema dinámico. Sus valores cambian constantemente. Cuando nos pesamos, tomamos una medida fija en un momento específico en el tiempo. Esta es una medida de una existencia, nuestro peso, que se asemeja a un reservorio. Los flujos, como la toma y el gasto de energía, se miden en intervalos de tiempo. Son índices de cambio. La dificultad de trabajar con muchas ecuaciones de este tipo es que al asignar valores numéricos específicos para descubrir cómo se comporta la ecuación, es necesario congelar un proceso de cambio para poder calcularlo. Sin darnos cuenta perdemos de vista el hecho de que la vida, al igual que los modelos de existencias y flujos, siempre está en movimiento. Esto puede llevar a percepciones erróneas.

Si decidimos consumir solo 400 calorías en el almuerzo, estamos definiendo un proceso de flujo, la ingesta de energía, en términos de una medida fija, alimentos con un valor de 400 calorías, que es una existencia.

Seguir una dieta puede resultar en ocasiones difícil si no se percibe la acción de comer como el índice de ingesta de energía. Las personas a dieta podrían pensar que comen menos porque consumen cantidades pequeñas con más frecuencia, pero el recuento total de calorías consumidas semanal o mensualmente es el mismo que antes de la dieta. Esto nos lleva a un punto importante. Las mediciones de los flujos deben hacerse en varias escalas de tiempo para obtener una comprensión completa de lo que está sucediendo al interior de un sistema.

No observar los índices de cambio durante varios intervalos de tiempo diferentes, como en el ejemplo de la dieta, es también una razón por la cual podría parecer que los mercados, las organizaciones, e incluso las trayectorias profesionales infringen la ecuación del equilibrio energético. Aparentemente lo hacen muy bien, pero cuando se mira de cerca puede verse que no es cierto. La energía almacenada a partir de una actividad rentable previa puede mantener un sistema a pesar de que se esté gastando y drenando más energía de la que se está acumulando. En escalas de tiempo más prolongadas, esto se aprecia con mayor facilidad, pero los seres humanos instintivamente miramos períodos de tiempo mucho más cortos.

Parte de la razón de esta tendencia es que la mente busca patrones fijos similares al de reconocer una imagen incrustada en un mosaico. El reconocimiento de patrones, como recordar eventos y advertir sus similitudes y diferencias, es una excelente habilidad, bastante útil para predecir el futuro, pero que nos lleva a ver lo estático en lugar de lo dinámico.

No es que nuestra mente no pueda replicar los índices de cambio dinámicos; puede hacerlo, pero analíticamente no somos muy buenos en eso. Si se pregunta a cualquier jugador de golf lo que hace exactamente con la superficie del palo cuando empuja la bola, o a un jugador de tenis cómo conecta la raqueta con la pelota al recibir un saque a más de 160 kilómetros por hora, responderá que el instinto y el entrenamiento se encargan de todo. La acción se realiza de manera inconsciente, debido a que la mente analítica es demasiado lenta para interpretar estas acciones. (Ver Lo incompleto y la imaginación).

Los seres humanos traemos los recuerdos como imágenes o secuencias cortas de estas. ¿Cuántos de nosotros vemos los patrones que nos rodean como hebras de comportamientos tejidas en nuestras vidas a lo largo de los años? No muchos. Estas habilidades son poco comunes, y esto nos lleva a considerar las otras dos partes entre paréntesis de  la ecuación del equilibrio energético: el calor y el trabajo.

Nicolás Carnot (1796-1832), el padre de la termodinámica (el estudio del calor, las transferencias de energía y las relaciones de la energía) fue un ingeniero militar francés. En 1712  se habían inventado las máquinas de vapor, que fueron perfeccionadas alrededor de 1775 por el ingeniero escocés James Watt. Carnot consiguió el límite superior de eficiencia de un motor al convertir el calor en trabajo mecánico. La eficiencia de este proceso dependía de la capacidad del motor de no desprender calor a su entorno.

El calor es una forma de energía asociada a las colisiones de moléculas. Los gases más calientes contienen moléculas que se mueven con mayor rapidez. Si a las moléculas de movimiento rápido se añade una cantidad igual de moléculas de movimiento más lento, las moléculas más rápidas colisionan con las más lentas y pierden velocidad, mientras que las moléculas más lentas se aceleran. Idealmente, cuando el sistema alcanza el equilibrio, la temperatura (la manera de medir el calor) estaría a medio camino entre las temperaturas de los dos tipos de moléculas; sin embargo, mediciones cuidadosas y exactas nos muestran que este no es el caso. La temperatura intermedia estará un poco por debajo de la que debería ser. ¿A dónde fue a parar la energía calórica faltante?

Las moléculas almacenan energía en forma de vibraciones internas. Las moléculas se forman a partir de átomos que se mantienen unidos mediante enlaces químicos. Estos enlaces pueden torcerse, estirarse y doblarse. Cuando mezclamos gases fríos y calientes, parte de la energía se almacena en las vibraciones de las propias moléculas y otra parte en las paredes del recipiente.

Sin importar qué tan eficiente sea un motor, o un organismo vivo, siempre se pierde energía y esta queda encerrada en el propio sistema. Incluso un sistema que parezca estático, o en estado latente, tendrá que añadir energía, u obtenerla de algún tipo de reserva, para mantenerse en el largo plazo.2

¿Cómo toma energía un sistema? Tiene que trabajar.

En el pasado distante los seres humanos formaron sociedades de cazadores-recolectores, y el “trabajo” adoptó la forma de la cacería y la recolección de la abundancia que la naturaleza brindaba. Con la multiplicación de los seres humanos, la agricultura se convirtió en el trabajo preferido, dado que proporcionaba un superávit. La energía, en forma de alimentos, podía almacenarse hasta que se necesitara, lo que permitió a las poblaciones humanas una expansión exponencial.

Las utilidades se producen cuando un organismo o una organización toma más energía de la que gasta. Se podría cometer el error de pensar que las utilidades son energía almacenada, o el dinero en el banco que se ha ganado por hacer un trabajo, pero una vez más, esto sería confundir una existencia con un flujo. La rentabilidad o la falta de ella se evidencian al comparar la cantidad de energía que ingresa con la cantidad  que sale, ya sea en un punto específico en el tiempo o en el transcurso de períodos más largos. Un sistema puede ser rentable a lo largo de una escala de tiempo en particular, pero no serlo a lo largo  de otra. Lo más importante aquí es que la rentabilidad es una comparación de índices de cambio.

Para hacer esto más claro, imaginemos un depósito gigantesco de agua en un desierto. ¿Es una utilidad? No, no lo es. Es una existencia que podría ser rentable, si puede transportarse, o convertirse en algo más útil, como comida. Tener una gran cantidad de agua donde esta es escasa resulta en una alta rentabilidad potencial. En un sentido económico, el agua no es rentable hasta que comience a salir, y el dinero a ingresar. ¿Cómo se transportará el agua? Y en cuanto al dinero, ¿dónde lo pondremos? Es un desierto. No hay nadie allí. ¿A quién le venderemos nuestra agua?

He añadido cierta complejidad, no solo para pasar de lo más abstracto a lo más específico, sino también para enfatizar que las entidades sintéticas, tales como las corporaciones, son simplemente variaciones más grandes de la ecuación del equilibrio energético, pero con más partes.

Lo que falta en la analogía del agua en el desierto es la infraestructura. Es necesario construirla, lo que significa que debe gastarse energía para crearla y utilizar energía adicional para mantenerla y poder obtener una utilidad. En la ecuación del equilibrio energético, la infraestructura podría considerarse como una forma de pérdida de calor.

En el cuerpo, la energía se almacena en forma de infraestructura (los huesos, las estructuras celulares y los tejidos) y por lo general no es accesible como una forma de reservas de las cuales los organismos puedan valerse para sobrevivir, excepto en emergencias graves provocadas por la inanición. Una de las maravillas de las finanzas modernas es que las entidades económicas pueden hacer habitualmente lo que la naturaleza solo hace como un último recurso desesperado antes de la muerte; pero de esto hablaremos más adelante.

En el mundo real de la economía, muchas piezas encajan para conformar un todo más grande. En esencia, cada parte tiene que ser rentable por sí misma. Supongamos que, en nuestra analogía del desierto, la persona que carga el agua en los camiones se toma el día libre en lugar de trabajar. Por supuesto, de hacerlo muchas veces sería despedida, pero ¿por qué razón? Si consideramos la ecuación del equilibrio energético desde el punto de vista de la organización, la toma de energía del empleado (su pago) es mayor que la energía que gasta en la organización. Para la organización, este empleado no es rentable. Y por lo tanto lo expulsan del establecimiento. Pero para que sea más interesante, no olvidemos que estamos en un desierto. Es difícil reclutar gente para trabajar en el desierto. Son pocas las personas que quieren hacerlo. Es posible que resulte más costoso remplazar al empleado que conservarlo. La ecuación del equilibrio energético determinará la respuesta. A veces, un organismo debe tolerar a otras entidades que toman más de lo que dan. Esto se llama parasitismo.

El parasitismo es una forma muy exitosa de comportamiento. En la naturaleza, el número de parásitos supera con creces al de anfitriones. Existen por supuesto límites a la cantidad de parásitos que un anfitrión puede soportar antes de que el desequilibrio entre la toma y el drenado de energía sea tan grande que este perezca. No obstante, hasta tanto no se alcance ese límite, la relación, aunque no óptima para el anfitrión o la organización, será sostenible.

[Como acotación al margen, el deseo del parásito de vivir el mayor tiempo posible es secundario a la necesidad de adquirir la energía necesaria para reproducirse antes de que el anfitrión muera. Para el parásito, una vida corta resulta ventajosa, algo interesante frente al deseo muy humano de vivir para siempre].

Cualquier proceso o relación es sostenible si en última instancia conduce a la rentabilidad en el largo plazo. Las formas de vida no tienen que ser rentables todo el tiempo. Muchos animales hibernan o entran en estado letárgico. Consumen grandes cantidades de energía para acumular las reservas internas necesarias que les ayuden a pasar el invierno o un período de sequía. Cuando despiertan, o sus reservas se agotan, deben generar de nuevo una utilidad o de lo contrario morirán.

La jubilación de los humanos luego de una vida de trabajo es algo similar. Construimos reservas o excedentes para utilizarlos en el futuro. Cuanto mayor sea la reserva, más larga será la vida que pueda mantenerse. La rentabilidad (la proporción del ingreso frente al egreso) en este caso se aborda no externamente sino internamente, ya que la vida se convierte en la simple elaboración de presupuestos y el ajuste de las reservas para extender la supervivencia económica durante el mayor tiempo posible. Al igual que en el caso de la hibernación, si las reservas se agotan, es hora de volver a generar rentabilidad a partir de fuentes externas.

Los excedentes, cuando existen, suelen considerarse como cifras positivas. También pueden ser negativas. Un excedente negativo es aquel que un organismo toma de algún otro lugar, pero que está obligado a devolver en el futuro.

En la naturaleza esto se aprecia en la relación parental. Los padres cuidan de sus crías, les suministran alimentos, conjuntos de habilidades y protección sin la expectativa de que les sean devueltos a ellos, sino a la generación siguiente, cuando los jóvenes crezcan. Esta es la idea que la naturaleza tiene de un préstamo.

Las entidades vivientes desarrollan interna o externamente su propia infraestructura en forma de generaciones futuras. La escasez de recursos en la naturaleza se debe en parte a que la adquisición de energía, cuando es exitosa, es copiada por otras especies, o porque la energía se consume en una explosión de procreación. Donde hay abundancia, esta se agota rápidamente antes de que otros puedan aprovecharla.

La naturaleza puede demostrar generosidad, pero solo en el corto plazo. En escalas de tiempo más largas, es frugal, y este hecho hace que su infraestructura sea costosa.

A pesar de esta limitación, crear infraestructura es vital para el desarrollo de la vida. Los organismos unicelulares se hallaban a merced de su entorno. Cuando los organismos evolucionaron y lograron moverse independientemente del entorno, surgieron fuentes completamente nuevas de energía. Esta era una inversión muy rentable que la vida debía hacer, pero que tardó millones de años en realizar, con muchas pruebas y fracasos. La naturaleza que utilizamos y en la que vivimos es la infraestructura que la vida construyó. Sin ella, no existiríamos.

La economía y las finanzas en el mundo moderno no solo han replicado muchos de los métodos de la naturaleza, sino que los han extendido notablemente.

Para la mayoría de los organismos, excepto bajo circunstancias de vida o muerte, la energía contenida en la infraestructura existente no se encuentra disponible. La ingeniería financiera ha creado préstamos con garantía real que pueden eludir esta restricción al hacer que la energía que alguna vez no estuvo disponible se vuelva de nuevo accesible. Pero el dinero y la energía no son exactamente iguales.

El dinero es una forma sintética de la energía. Lo hace el hombre y no está sujeto a las leyes de conservación de la naturaleza, que dictan de manera absoluta que la energía no se crea ni se destruye. El dinero es más flexible, y es esta cualidad la responsable tanto de la abundancia como de los dolores de cabeza que impone la condición económica moderna.

Cuando el dinero se introduce como energía en la ecuación del equilibrio energético, esta adquiere un formato mucho más flexible. Aquí no necesariamente aplican las equivalencias y relaciones precisas que existen en el mundo real. Imaginemos una estructura hecha de caucho. Puede estirarse y seguir conservando su forma básica. ¿Cuánta deformación puede soportar un sistema como el representado por la ecuación del equilibrio energético?

Simplemente no sabemos la respuesta, ni tampoco sabemos lo que pasará en adelante con este sistema sintético, la economía global. Podría fallar, pero también es posible que no. La naturaleza tampoco supo cuándo desarrollarían los organismos su locomoción, pero tuvo muchos millones de años para descubrirlo. Económicamente, estamos en un lugar similar, solo que sin el tiempo.

¿Cuánta energía se encuentra disponible en la infraestructura global que puede hacerse disponible a través de la monetización de la infraestructura? Una vez más, no sabemos la respuesta. Sabemos que, aunque el dinero es una representación abstracta de una cantidad física, sigue anclado en el mundo real. El dinero puede cambiarse por bienes y servicios reales. Se hace todos los días y en cantidades asombrosas. La relación entre el dinero y la energía, por lo tanto, no es solo hipotética, pero el significado exacto de esa relación solo se entiende por medio de conceptos cualitativos tan vagos como la inflación y la deflación.

Billones de dólares en préstamos se encuentran hoy pendientes de pago, lo que significa que se ha utilizado una gran cantidad de la energía contenida en la infraestructura global. Como una observación personal, gran parte de esta energía recientemente disponible ya ha sido extraída y canalizada de regreso hacia la economía mundial.

Veo a muchas personas y organizaciones que se ven obligadas a reducir los costos y controlar los gastos ante la escasa rentabilidad que impone la competencia global. Esto es indicativo de un sistema cuyas reservas (energía almacenada) se están acercando al agotamiento. La ecuación del equilibrio energético es flexible, pero eso no quiere decir que pueda ser revocada.

¿Qué significa entonces todo esto y adónde nos dirigiremos ahora desde este punto, como parte del sistema económico? A pesar de la complejidad abrumadora, es posible que tengamos que enfrentarnos a un hecho simple y fundamental:

Tendremos que encontrar de nuevo trabajos rentables en lugar de aprovechar existencias de energía que hasta ahora no estaban disponibles (reservas).

Para hallar trabajos rentables3 la naturaleza nos ofrece una pista. Depender exclusivamente de los excedentes no es una opción viable. La respuesta se encuentra en una infraestructura nueva e inteligente, aunque sin embargo cara.

Para el individuo, esto significa repensar la manera de crear un índice más alto de toma energética en comparación con la energía gastada, acorde con la ecuación del equilibrio energético.

Puede resultar difícil, pero no es imposible.

Un gerente me hizo notar alguna vez en términos muy claros la razón por la cual le pagaban tanto, señalando que no era porque nadie fuera capaz de hacer su trabajo, sino porque otros no querían hacerlo.

Un ejemplo claro es que hay miles de ofertas de trabajo en todos los países, pero las personas que pueden hacerlos no existen. No hay nadie capacitado o dispuesto a aceptar estas ofertas. Para muchas empresas es como estar en el desierto. No hay nadie allí.4

 


 

  1. Frayn, K. N. (2010) Metabolic Regulation, A Human Perspective, Third Edition. Chichester, West Sussex, Reino Unido.: Wiley-Blackwell
  2. Young, H. D., Freedman, R.A. (1996) University Physics Ninth Edition, Reading, MA.: Addison Wesley Publishing Co.
  3. Smith, C. H. (2016) Work Won’t Be Scarce—It’s Paid Work That Will Be Scarce. Consultado el 10 de julio de 2016 en http://charleshughsmith.blogspot.com/2016/06/work-wont-be-scarce-its-paid-work-that.html
  4. Gillespie, P. (15 de agosto de 2015) America’s Persistent Problem: Unskilled Workers, CNN Money, Consultado el 10 de julio de 2016 en http://money.cnn.com/2015/08/07/news/economy/us-economy-job-skills-gap/

 


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  1. Georgette Blanchard
    Georgette Blanchard07-28-2016

    Profit has become a dirty word, yet is it essential to survival. We say that children, animals, plants and any other organization “profit”. If they don’t, not only will they not grow, they will not survive over the short or long term. Profit became a dirty word however when profit became the “raison d’être” of many large organizations who were not interested in “fair play” or in treating people, the environment, animals, plants, children… right. Profit for profit-sake became the motto of many of those and who cares what or who gets trampled in the process. It therefore became a dirty word for those trampled.

    • Ivan
      Ivan07-28-2016

      Hi Georgette,

      Yes, profit became associated with robbery and abuse, which it is not. That was one of the reasons I wrote the article in the first place. Work can be profitable or not and that is one of our difficulties. There is a lot of work to be done but not all of it is profitable. Part of the poor choices available in terms of work is the result of the deflationary global forces at work (technology, free trade, malinvestment due to interest rate policies that have created asymmetric asset inflation). Margins are being squeezed so profit for ANY profits sake is becoming the norm. It will change because it must, but not likely soon.

      Thank you for reading and sharing your thoughts.

      All the best,

      Ivan

  1. Letter to RL02-09-17

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